En la universidad no acaban nuestros años de aprendizaje. Todo lo contrario. El día en el que nos graduamos y pasamos de ser estudiantes a profesionales, se abre ante nosotros un mundo lleno de lecciones que aprender. El aprendizaje no es algo que sucede de forma única en la universidad. Lo que hacemos en nuestro tiempo libre puede proporcionarnos enseñanzas para nuestra vida laboral. Por eso, tenemos que convertirnos en máquinas de continuo aprendizaje.

Un título universitario no es más que el ticket para comenzar un largo viaje. Nuestro éxito se basa en saber cultivar nuestra mente día tras día y en considerar las habilidades como algo que se puede desarrollar con el tiempo. Debemos ser ágiles a la hora de aprender. Permanecer abiertos a nuevas formas de pensar, crecer de una forma innovadora para reflexionar y entrar en territorios desconocidos y, así, dejar atrás nuestro letargo. Piensa que alguien, en algún lugar, está aprendiendo más rápido que tú. Para convertirnos en máquinas de aprendizaje no debemos olvidar tres reglas importantes:

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