Porque la vida no debe consistir en hacer check-in. Está claro que tachar cosas de una lista de cosas pendientes te ayuda a sentirte realizado y hacerla puede sonar incluso como una forma de proactividad, sin embargo, la vida debe ser algo más. Ese “algo más” pasa por arriesgarse y hacer cosas de forma espontánea, experimentar nuevas sensaciones y no planear cada minuto de tu día a día. Deja de hacer listas y deja el check-in para las listas de regalos de Navidad.

Porque si estás ocupado pensando en el futuro, no disfrutas el presente. La planificación no es negativa, pero tomásela demasiado en serio puede hacer que libertad y la alegría de vivir se desvanezcan en cierto modo. “Cada día es un regalo”, rezan algunos cuadros positivistas y llevan razón, házles caso y disfruta cada día sin preocuparte tanto por el futuro. Planifica, pero deja también que la vida fluya y te sorprenda.

Porque puedes perder oportunidades
. Al estar muy enfocado en una carrera específica, por ejemplo, puedes perder la oportunidad de probar empleos que quizá te fueran aún mejor. Hay personas que toman un referente, por ejemplo uno de sus progenitores, y quieren ser lo mismo que esa persona sin olvidarse de que pueden no ser buenos en las mismas cosas y ser mejores en otras. Explorar otras posibilidades de carrera, por ejemplo a través de trabajos parciales o becas, siempre es positivo.

Porque hay situaciones ajenas a tu vida que pueden influir en ella. Durante la Gran Recesión, casi uno de cada cinco estadounidenses perdió su puesto de trabajo (aproximadamente 30 millones de personas). No importa cuánto planifques si aparecen este tipo de situaciones que no están bajo tu control. Vive tu vida con intenciones, pero en vez de planear sólo una cosa, trata de tener un plan B y de considerar todos los detalles y factores posibles. Abre tu abanico de posibilidades y tu mente, nunca sabes cuál puede ser el camino más adecuado si vienen mal dadas.