Cada mesa es un mundo, y los gustos de las personas en ella son otro mundo distinto. No sabemos cuándo se puso de moda, pero lo hizo, y eso es un hecho universal. El caso, es que el tipo de comida que compartimos en nuestras redes puede decir mucho sobre nuestra orientación política, nuestra salud, y nuestras aspiraciones.

El camino hacia el corazón de una persona es a través de su estómago. Pero el camino hacia una buena comida es la buena comunicación entre ingredientes y buenas recetas, ideas, imágenes e inspiración. Las fotografías sobre comida y los blogs culinarios, se han convertido en algo muy popular en las redes sociales. Puede ser que lo ames o que lo odies, parece ser que no existe un término medio, y esto es realmente una pena.

Las personas suelen decir: “Yo no tengo Facebook porque me da igual lo que mis supuestos amigos han comido hoy.” Pero la verdad, es que en lo que a términos de redes se refiere, la comida de tu sobrina es igual de importante que el partido de fútbol de tu hijo. Es simplemente saber un poco más de lo que las personas aman.

Todos adoramos la comida, aunque no nos guste que la gente la fotografíe y la comparta. Pero si nos quedamos con el pequeño detalle, con el hecho de que las personas están compartiendo un poco de ellas mismas, deberíamos cuanto menos tolerarlo.

La comida nos une, es el momento en el que nos reunimos con amigos o familiares. La comida nos lleva a tener nuevos debates: “Que si es bueno ser vegetariano, que si por el contrario es malísimo. Que si la dieta vegana no debe imponerse a los niños, que si yo soy su madre y hago lo que me da la gana.”

Por eso, lo que las personas comparten en redes, tiene mucho sentido. Cuenta su historia, sus gustos y su forma de vida. Si tú no estás en la mesa, entonces es que te lo estás perdiendo amigo.