Un reciente estudio del Foro de Movilidad promovido por la empresa de renting Alphabet y dado a conocer a mediados de enero, puso de manifiesto que el 77% de los españoles no lleva cadenas en su vehículo y que el 47% de los encuestados cree que conducir con marchas cortas es lo más apropiado cuando se circula por carreteras nevadas, cuando lo más recomendable es todo lo contrario: usar las marchas más largas del vehículo, para evitar que las ruedas deslicen y pierdan tracción… La principal conclusión del estudio es que 7 de cada 10 españoles no sabe conducir por carreteras nevadas.

España no es Laponia, pero los últimos temporales de frío ártico que han congelado España a principios de enero y febrero nos han devuelto imágenes de carreteras cubiertas por la nieve, vehículo empanzados en la nieve en los arcenes y accidentes de tráfico provocados, fundamentalmente, por hábitos de conducción inadecuados… porque nunca nos enseñaron lo correcto. Efectivamente, España no es Laponia, donde las carreteras permanecen cubiertas por una fina capa de nieve y hielo durante semanas, si no meses, pero también es cierto que aprender a desenvolverse en esas condiciones no está de más. No se trata de aprender a conducir en hielo y nieve por la hipotética necesidad de que un día concreto haga falta. En realidad, este aprendizaje tiene aplicaciones prácticas en otro tipo de condiciones: aquaplaning, manchas de aceite inesperadas, gravilla en caminos forestales…, que pueden provocar, inevitablemente, pérdida de tracción y convertirse, si no se sabe reaccionar a tiempo, en un peligroso accidente causado por la pérdida de control de la dirección.

Desde hace años, Audi organiza (tanto para sus clientes como para los que todavía no lo son) cursos de conducción en condiciones extremas de nieve y hielo sobre el lago Sarkilompolo de la Laponia finlandesa, doscientos kilómetros más al norte del Círculo Polar Ártico. No hay peligro: no hace falta recordar que ese lago permanece helado durante meses, con temperaturas que no superan en ningún momento de ese espacio temporal los 0°, con mínimas que pueden ser inferiores a los -25°C. En Canadá, de hecho, hay caminos invernales por los que circulan camiones con tráiler doble de 42 toneladas que discurren en cerca del 90% de su recorrido atravesando lagos helados.

El curso, de cuatro días de duración, consiste en conducir y conducir y conducir sobre diversos recorridos sinuosos trazados sobre el hielo del lago por un tractor –que va apartando hacia los laterales la nieve que cae o desplaza el viento sobre la superficie helada–, en los que se encadenan constantemente curvas a derechas y a izquierdas, de radios variables. En las tres jornadas efectivas de circulación cada conductor puede llegar a superar los 300 kilómetros de recorrido, dando vueltas a circuitos de longitud variable, entre los doscientos cincuenta metros del primer contacto con el hielo (y los deslizamientos completamente imprevistos, pero no imprevisibles que se producen) y los siete kilómetros, en el circuito en el que se realiza la “competición” a la que se enfrentarán los ya aventajados pilotos cuando el curso esté a punto de concluir.

El precio del curso es de 4.200 € (impuestos incluidos) e incluye todo: vuelos de ida y vuelta entre Alemania (Berlín, Francfort, Düsseldorf, Múnich o Hamburgo) y Kittilä, en la Laponia finlandesa (no se incluyen los vuelos desde España hasta la ciudad alemana elegida), todas las comidas y aperitivos, el alojamiento en un hotel con sauna en cada habitación, el curso propiamente dicho –impartido por un instructor experto que domina el castellano y en el que se conduce por parejas un RS4 de Audi– y una actividad lúdica sobre motos de nieve, atravesando bosques de coníferas y lagos helados, con posibilidad –pero no certeza absoluta– de avistamiento de alces, renos y auroras boreales. Al concluir, el conductor, además de haberse divertido de lo lindo, saldrá con la sensación de que las sorpresas que pueda deparar la carretera no lo serán ya tanto.