Jesús Calleja es el gran divulgador televisivo de aventuras. Un experto en convertir formatos audiovisuales de naturaleza o aventura en fenómenos mediáticos. Y es también el ejemplo paradigmático de que si uno tiene un sueño, hay que perseguirlo. Para él, todos los caminos conducen a ese sueño, por lo que hay que amar tanto “el camino” (a lo Jack Kerouac) como el destino final. Es la demostración, además, de que el destino final no existe (porque siempre habrá otro destino final más allá). Aunque después de cada proyecto regrese siempre a su tierra natal, León, provincia en la que nació el once de abril de 1965.

Calleja ha hecho escalada y buceo; ha participado en rallys de coches –incluido el Dakar– y se ha roto la clavícula montando en bicicleta de descenso (o el brazo, montando en moto por caminos de cabras); ha esquiado por la Antártida y pilota casi cualquier aparato que vuele, ya sea un globo, un paramotor, un helicóptero o una avioneta. Igual te corta el flequillo con estilo que te arregla el coche (imagino que de los antiguos, no los nuevos inventos del maligno que son pura electrónica).

Y de muchas de estas aficiones ha hecho su vida profesional, al frente –junto con su socia, María Ruiz– de Zanskar, la empresa de producción audiovisual con la que creó sus programas Planeta Calleja (que ya ha cumplido diez temporadas) y Volando voy (que suma siete), que se emiten en Cuatro. ¿Y cómo lo ha hecho? Dejemos que sea él mismo quien lo explique:

“Todo forma parte de un proceso evolutivo –explica a Forbes–. Escribí un libro, Si no te gusta tu vida, ¡cámbiala! (Planeta, 2014), que es algo así como el gran título de mi vida. He tenido muchos oficios en la vida y no siempre han sido los más glamurosos o bonitos. Pero si no haces cambios, te quedas anclado. Por ejemplo, he sido peluquero, mecánico, vendedor de coches, guía de alta montaña… Al principio no tienes el trabajo que tú quieres. Fui peluquero, por ejemplo, porque mis padres eran peluqueros y era la forma más cómoda de poder ganar un dinero rápido y viajar”.

Viajar. Ese ha sido siempre el motor de su existencia. Pero él no viaja como lo solemos hacer los demás. Calleja entra en los países por lo que llama “la puerta de atrás”. Por donde está la aventura, las emociones y lo más auténtico de cada sitio. “Todos los trabajos de mi vida han estado condicionados por ese factor: por ver y entender el mundo, conocerlo, disfrutar y moverme por el campo de la aventura. Eso no siempre es fácil, y tienes que encontrar diferentes trabajos para costearte lo que, a priori, era un simple hobby”.

En su caso, lo que podría parecer “desalentador” (dedicarse a algo que no te gusta para sacar el dinero necesario para costearte lo que sí te gusta) no fue un obstáculo ni un problema. ¿Cómo lo logró? Cambiando el chip: “Siempre que he tenido un trabajo, aunque no me gustara nada, he intentado ser el mejor en lo mío. Conseguirlo es muy difícil, pero el hecho de intentarlo ya te estimula. A mí no me gustaba nada la peluquería, pero intenté ser el mejor peluquero posible. Me formé, me preparé, fui a París, fui a Milán, estuve en Estados Unidos, volví, monté mi propia peluquería, cambié muchísimas cosas, y llegué a ser campeón de España. ¡Fíjate que cosa tan absurda!”.

Jesús Calleja –retratado el 14 de noviembre– lleva jersey de Antony Morato, pantalones de Dsquared2 y zapatillas de Nike. (Foto: Andrés García Luján)

Conseguido un reto, con su retorno económico aparejado, pudo ir dejando las cosas que no le gustaban hasta lograr alcanzar lo que le apasiona de verdad, que no es otra cosa que viajar. “La televisión te da acceso a un presupuesto diferente y sigo conociendo el mundo por la puerta de atrás en diferentes variantes, desde la aventura más extraordinaria o radical, con Desafío extremo [seis temporadas, de 2007 a 2014] o Desafío Aspirantes, en el que llevaba a gente que no sabía nada de aventura a territorios extremos. Con Planeta Calleja he llevado a los famosos a la aventura y con Volando voy presento a la gente menos famosa, la gente de los pueblos. Siempre intento hacer algo que sea diferenciador”.

Todo parte de una certeza: “dormimos una media de ocho horas diarias, así que un tercio de nuestra vida lo pasamos soñando. Otro tercio se nos va en desayunar, comer, cenar, trasladarnos al trabajo, más los fines de semana y los pocos días de vacaciones que tenemos. Y nos queda el otro tercio: centrado en el trabajo. Trabajamos una media de ocho horas al día y es muy importante, por tanto, que decidamos a qué queremos dedicarnos laboralmente, porque si no, será un tercio de la vida un poco desperdiciado. Si tienes un trabajo que no te gusta o haces una vida que no te gusta, tienes que darle un giro. De ahí lo que hablábamos al principio: si no te gusta tu vida, ¡cámbiala!”.

Calleja tuvo claro desde muy joven –“desde los 16 años”, apunta– cómo quería que fuera su vida, y la fue planificando con ese objetivo en mente. “Los estudios los fui retrasando, pero luego tuve que empezar a prepararme de forma autodidacta. Evidentemente, no fui a la universidad, porque mi universidad ha sido la vida. Pero me hice piloto de aviones y de helicópteros. Soy un lector empedernido. Me apasiona la ciencia en todas sus facetas. Soy un consumidor absoluto de actualidad, de economía, por ejemplo, que me apasiona. Todas las mañanas, allá donde me encuentre (si no hay cobertura en internet la tendré vía satélite), veo las portadas de los tres principales periódicos generalistas y las de los principales diarios económicos (incluido Forbes, claro). ¿Por qué? Porque en la economía siempre reside la verdad de por dónde va el mundo. Nunca te puedes enterar de una realidad cierta, pero la economía es bastante precisa. Esto llevo haciéndolo casi desde que tengo uso de razón: es el termómetro que me permite estar siempre al día de lo que está ocurriendo”.

Sabe de economía, entonces, pero ¿la práctica? “Invertir no significa necesariamente que lo hagas en bolsa. Todos hemos visto el crecimiento de las energías renovables y son, para mí, una buena vía de inversión porque, además son mis valores. Yo creo que tenemos que cuidar el planeta y lo llevo diciendo desde siempre. Ahora parece que estamos empezando a espabilar, al ver lo que está ocurriendo con el clima global. Mi casa, por ejemplo, es sostenible completamente. Yo genero mi electricidad, tengo mi huerto, y la electricidad que me sobra la utilizo para otras cosas. Mi coche es eléctrico también. Si tú crees en algo hay que predicar con el ejemplo y para ello es muy importante, una vez más, estar al día”.

Jesús Calleja –retratado el 14 de noviembre– lleva jersey de Antony Morato, pantalones de Dsquared2 y zapatillas de Nike. (Foto: Andrés García Luján)

Esa lectura de las noticias económicas le sirve a Calleja para discernir el rumbo de la sociedad y ver por dónde van a ir los tiros. Pese a lo que dicen los agoreros acerca de que las nuevas generaciones ya no ven televisión, él discrepa. “Te puedo asegurar que nunca me he creído al que dice que no ve la televisión –afirma, rotundo–. Cada vez sale más gente diciendo que no la ve, porque queda muy bien, es chic, mola: ‘Yo no veo la tele, soy más intelectual, lo mío es la tablet’. Pero si miras los ranking, la venta de televisores sigue creciendo. Alguien que no ve la televisión no compra una tele. Y los números no dicen eso. Los números dicen que se consumen más televisiones que nunca en la historia. Los periódicos económicos son muy gratificantes, porque te cuentan la vida desde el ángulo de los números y esa es la realidad”.

Sin embargo, esa opinión no implica la negación de los cambios de hábitos que se están produciendo, ante los que, asegura, estar preparado. “Todo cambia tan deprisa que lo que antes se visualizaba a diez años vista, ahora tienes que visualizarlo casi de año en año. Siempre que hay una nueva corriente nos subimos a ella, visualizando constantemente el futuro. Siempre hay que anticiparse al futuro, pero con el pie en el presente. Es cierto que hay un cambio en lo audiovisual, pero también es cierto que el producto más consumido sigue siendo la televisión generalista, que es donde los anunciantes más gastan su dinero. La gente llega a casa cansada o harta del jefe y se tumba en el sofá y coge el mando de la tele, porque quiere que le entretengan. Y eso no va a morir nunca. Actualmente, como nuestro nivel de audiencia es muy bueno, la cadena nos pide más programas y eso es lo que seguimos haciendo. Pero siempre estaremos ágiles para hacer un giro cuando haya que hacerlo. Pero en este momento estamos muy, muy, muy arriba. Y cuando estás tan arriba tienes que seguir arriba. No puedes cambiar la fórmula, porque la fórmula sigue siendo muy válida, es poderosa y te la demanda el cliente, que en este caso son ellos: los espectadores”.