Tras meses de rumores, el buque insignia de la cosmética mundial ha confirmado la compra de la firma estadounidense Tom Ford por una cantidad que, de lejos, será la mayor transacción económica que se realice este año en el sector al que ambas marcas pertenecen.

Tom Ford –reconocido diseñador y cineasta, al frente de su firma homónima– ha cerrado con Estée Lauder un acuerdo que le costará a la compañía 2.800 millones de dólares [la compra es de unos 2.300 millones de dólares, más unos 300 millones que se harán en pagos diferidos; los 250 millones restantes procederán de la alemana Marcolin]. Esta operación también consolida una unión de licencia previa para las fragancias y el maquillaje del diseñador, que venía haciéndose desde el año 2005.

Los ejecutivos de Estée Lauder, responsable de esta venta, han informado de que este acuerdo que ha realizado la compañía genera al año unos ingresos de 1.000 millones de dólares y que volverá a ser revisado para 2030. Para entonces, el contrato tendrá que volver a revisarse y volver a superar unos de los principales riesgos de estas compras y ventas: la tendencia del sector a concentrarse.

Por ahora, esta operación se ha realizado en un curioso marco empresarial para el sector del lujo, que buscan nuevas vías de crecimiento debido a las dificultades de operar en China y en Rusia –antes, motores de las marcas de lujo–, tras los estragos de la pandemia y las sanciones derivadas de la guerra del gigante europeo con Ucrania.

Por otro lado, Estée Lauder, que es la segunda compañía de cosméticos y fragancias más importante del mundo por detrás la francesa L’Oreal, ha pactado con Tom Ford una ampliación de la licencia a largo plazo para la moda masculina y femenina, así como para los accesorios y la ropa interior.