Icono del llamado ‘avant-garde’ de la década de los setenta, Issey Miyake (Hiroshima, 1938 – Tokio, 2022) consiguió sobrepasar las fronteras de la moda trabajando los dos conceptos que mejor manejaba: innovación y tradición en una misma creación.

Quien llegara a la moda convencido de convertirse en alguien importante para la historia de la industria, deja hoy un severo arsenal de ejemplos sobre cómo tecnología y creatividad pueden elevar los estandartes de la moda hasta el infinito. Aunque nació en tiempos difíciles para quienes soñaban con un futuro de altas miras, Miyake estudió diseño gráfico en Tama Art University (Tokio), donde se graduó en 1964. Después, sus primeros pinitos en el mundo del diseño los realizó en París y Nueva York, pero no fue hasta su regreso a Tokio, en 1970, cuando despegó su carrera con la fundación de Miyake Design Studio, un productor de alta gama de moda femenina. El punto de partida del imperio que hoy recordamos.

Colección tras colección, la técnica que fue demostrando en cada uno de sus diseños, desde sus primeros trabajos hasta los más recientes, denotaron una exquisita característica: el futuro tomaría las riendas de una industria que pedía más con menos. Así, sin catalogar sus propuestas como simple ropa o prêt-à-porter, lo que hizo fue construir tendencias, hasta ser reconocido como un arquitecto del arte. Algo que consiguió entregándose a los materiales y dejando que sean estos los que definan el estilo. Lo consiguió, sobre todo, valiéndose de las inclinaciones naturales de los materiales empleados y de la sensación física que le generaban al ponerlos sobre la piel. ¿El resultado? Una avanzada tecnología textil, descartando casi por completo el uso de botones, costuras y otros elementos ajenos al boceto virgen.

Con una idea muy clara de la moda que quería defender, su mente siempre fue más allá de las tendencias. Vistió a mujeres y hombres radicales, atrevidos, dispuestos a reiniciarse cuantas veces hiciera falta, y les dio también un olor: frescura y transparencia. Esto lo consiguió en 1992, cuando Issey Miyake Parfums ideó el lanzamiento de su primera fragancia, L’eau d’Issey, con el agua como componente principal e inspiracional para los perfumes de la época.

Tanto en el textil como en la perfumería, Miyake fusionó la materia prima con los avances de la tecnología. Jugó con la tradición y se dejó conquistar por la innovación. Y bajo este prisma le recordamos. Miyake fue uno de los diseñadores más experimentales de la industria a la que perteneció, elevó de categoría la moda japonesa y sirvió de referencia a muchas generaciones que reclamaban un estilo de vestir diferente a lo existente.