El encuentro entre dibujante, cartelista, agitador cultural y empresario navarro Mikel Urmeneta (Pamplona, 1963), fundador y director creativo de Katuki Saguyak, y el torero extremeño Alejandro Talavante (Badajoz, 1987) tiene lugar en las oficinas de Forbes. Al dibujante y al les une una amistad nacida del mundo taurino: el primero, de hecho, le ha creado al segundo su imagen corporativa. Pero antes de eso, Urmeneta, taurino de pro, había realizado en 2009 el cartel para la corrida de Talavante en la que el diestro se encerró en Las Ventas con seis toros de Núñez del Cuvillo. Después, la casualidad hizo que en sus vacaciones de verano coincidieran en Zahara de los Atunes. El carácter expansivo del navarro y el más introspectivo del matador extremeño se complementan a la perfección en una charla que tuvo lugar el pasado mes de abril en la redacción de Forbes, en la que hablan de su primer encuentro, del recuerdo y la “presencia” de Javier Krahe, de la revolución que para el arte representa los NFT, y de cómo “cruzar la línea”, para que el toreo sea tan “de verdad” que no importe morir.

¿Cómo os conocisteis?

Alejandro Talavante: Pues nos conocimos de casualidad, por un recado que me dejó Mikel en una gasolinera en Zahara de los Atunes, con Rafa Trujillo. Yo estaba pasando unos días por allí, porque iba a tentar en la ganadería La Palmosilla, y paré para echar gasolina. Entonces se me acercó un hombre y me dijo algo así como: “Mikel Urmeneta te quiere ver”. Me pasó su teléfono, le llamé y me cayó bien, simplemente por la voz. Pero yo ya tenía ganas de conocerle, por el cartel que había hecho de una corrida mía y por el resto de obra suya que conocía. Cuando me abordó Rafa y me dijo que quería verme, me dije: “¡qué suerte!”.

Mikel Urmeneta: (Risas). Yo sabía que andabas por el pueblo.

AT: En la primera llamada ya congeniamos.

MU: Yo no te pude conocer cuando te encerraste con seis toros en Madrid y quería, porque había hecho el cartel.

AT: Yo conocía tu trabajo de antes.

MU: Yo también te seguía. Me encantaba como toreabas. Y como toreas. Coincidimos en Zahara de los Atunes “de churro” y recuerdo que quedamos ese mismo día, cuando yo estaba pintando el caballo: unas pruebas para las carreras de Sanlúcar de Barrameda. Tenía que pintar al animal con pintura que fuera inocua, que no le dañara y no le pusiera nervioso.

AT: Sí. ¡Y me dejaste que lo estropeara! (Risas). Luego nos fuimos a La ballena verde, a ver a [Javier] Krahe, hasta la madrugada. Cada vez que voy me acuerdo de él, del sitio en el que se solía sentar. Krahe ha dejado allí su aureola.

MU: Yo estuve precisamente anoche con Pepe, el dueño de La ballena verde, en Madrid, hablando de un montón de cosas y entre ellas me contó una anécdota tuya: que un día te quemaste del sol “a saco”, que estabas en carne viva, y que él cortó unas plantas de aloe vera y te estuvo dando unas friegas (risas).

AT: La verdad es que me curó. Al día siguiente fui allí, pero no para tomarme nada, sino para que me diera hojas de aloe vera.

MU: ¿Desde hace cuántos años que vas tú a Zahara…?

AT: Puede que haga quince años, o más.

MU: Lo curioso es que ahora sí que nos vemos cuando estamos por allí, porque antes nunca coincidíamos. Sería que teníamos otros horarios.

AT: ¿Y qué tal te van ahora las cosas?

MU: ¡Bien! Acabo de hacer la nueva imagen corporativa de la ETB, la televisión vasca, que ha sido un trabajo muy potente, y, aparte, con los dibujos y encargos habituales. Y una gran novedad: ¡me he metido en todo el rollo este de los NFT!, que está un poco unido a lo de las criptomonedas, el metaverso, etc. Son tokens no fungibles, y el mundo del arte lo está petando. Y yo tengo todas las características para que me vaya bien en ese mundillo, que ha nacido de repente.

AT: Te habrás metido ahora, pero ya te llamaba la atención, porque me lo comentaste la última vez que quedamos.

MU: Es que mi histórico artístico como creativo encaja estupendamente en ese formato. Hace unas semanas, Neymar Jr. compró los originales en NFT de los dibujos de dos monos por un millón y pico de euros… Y la tercera obra más cara de un artista vivo es un NFT de Beeple, que se vendió en Christie’s por 69 millones de dólares. Y Beeple estaba viendo en directo la puja, por videoconferencia, desde el sofá… Lo alucinante es que tú puedes comprar una obra cualquiera en NFT y cada vez que se produzca una reventa, el artista recibe un 10%.

¿Y tú? ¿Ilusionado con las cuatro tardes en Las Ventas?

AT: Sí, muy ilusionado; perfeccionándome en los entrenamientos y pensando en la reaparición en Madrid. No se suele arrancar en una plaza tan exigente como la Madrid, pero va acorde con mi personalidad y con la idea para esta temporada, en la que queremos centrarnos en grandes acontecimientos, que ilusionen al aficionado.

MU: ¿Tienes cerrados más sitios?

AT: La idea no es extendernos en demasía, sino alcanzar la sensación, delante del toro, de que cualquier cosa me daría igual, incluso la muerte. Alcanzar esa sensación es muy complicado, porque tienes que estar muy convencido y muy desarraigado de todas tus posesiones, tanto físicas como sentimentales. Es lo que más me transmite a mí, y creo que también es lo que más le transmite al público. Me hace sentir pleno.

Pero ese modo de estar no se puede hacer muchas tardes; sí las suficientes para arrastrar al mayor número de aficionados. Y también al no aficionado, porque se puede identificar con esa sensación, aunque no se identifique con todo lo demás que rodea al mundo del toro. Creo que a todos nos gustaría tener, en algún momento determinado de la vida, esa misma sensación.

MU: ¿Y puedes lograrla en cualquier momento que quieras?

AT: Para eso te preparas… Pero es muy difícil lograrlo. Más bien, te vas preparando para ese día. Y cuando llega ese día estás tan enfocado en ello que estás muy lejos del que eras tiempo atrás.

MU: ¿Eso es lo que se llama “cruzar la línea”?

AT: Sí, es eso. Es lo único que tiene sentido. Es la esencia del torero, por encima incluso del dinero o cualquier otra historia material.

MU: ¿Y acojona meterte en esa sensación?

AT: Cuando estas en el camino, no. Pero antes, cuando te planteas entrar en ese camino, acojona y da mucha pereza, porque se vive muy bien siendo más conservador. Es un camino en el que tienes que ir desarraigándote de muchas cosas, incluido el amor por tu cara, por el espejo, por el físico que has conseguido en el gimnasio. Todo carece de importancia y sólo importa el alma. Y cuando llega el momento, frente al toro, dura muy poco, pero es cuando resulta tangible la grandeza.

No es un ejercicio de fuerza, por eso en esas circunstancias puedes ser delicado con el animal. Es un ejercicio de lo contrario, de suavidad.

MU: Yo tuve el privilegio de verte en tu reaparición en Arlés, el 11 de septiembre de 2021, después de casi tres años retirado, y fue flipante, porque habían permitido que el coso estuviese lleno y no con limitaciones de aforo, y saliste a hombros. Los que lo vimos sabemos que fue una pasada.

AT: Yo también recuerdo la impresión que me produjo ver la plaza llena, antes incluso de estar frente al toro. Después de todo lo que habíamos pasado, esa sensación te invita a meterte en ese camino tan difícil de tratar que sea sólo alma y no otras cosas.

MU: ¿Y sigues con tu ganadería? ¿Estás contento?

AT: Sí, sigo con ella. La idea no es hacer una ganadería para lidia. Es una ganadería que me sirve a mí, para prepararme yo y para preparar a los novilleros a los que puedo apoyar. La ganadería es un hobby muy caro. Criar un toro de lidia tiene muchísimos gastos y es muy sacrificado, y creo que ahora mismo sólo está al alcance de las grandes fortunas que quieren dedicarse a ser ganadero. Pero no siempre las grandes fortunas están preparadas para tener la sensibilidad que requiere criar el toro en evolución. La labor de los ganaderos es muy importante, y vienen años muy complicados, con la sequía y el cambio climático. Te sostiene la pasión. Y la calidad de vida de poder estar allí, alejado por completo de cualquier inercia en la capital. Yo me muevo muy poco allí, sólo hago los viajes que me apetecen mucho.

Yo no paso nunca mucho tiempo fuera, porque no aguanto estar lejos de mis raíces. Creo es importante conservar la raíz de lo que es uno. He tenido oportunidad de venir a vivir a Madrid o a Sevilla, pero no me lo planteo, porque estoy más conectado a mi esencia en el sitio en el que nací.

MU: Recuerdo las fotos de cuando le diste un capote a Woody Allen.

AT: Fui a verle tocar en el club de jazz de Nueva York en el que toca todos los jueves y le llevé un capote. Lo que me sorprendió fue que él no se sorprendiera de que le llevara un capote como obsequio. Lo agarró y me dijo: “¿Y no me has traído la muleta y la espada?”… (Risas). Hace unos días estaba con unos amigos que tienen familiares en Nueva York y me dijeron que pasaron por delante de la casa de Woody Allen y que a través del ventanal se veía el capote, expuesto.

FORBES: Mikel, tú has hecho negocios con mucha gente distinta. ¿En algún momento has pensado que podrías hacer algún tipo de negocio con Alejandro?

MU: Negocios no, pero hemos hecho cosas juntos: por ejemplo, hicimos juntos la imagen de Alejandro hace cuatro años, delante de una pared llena de carteles de conciertos y vestido con un traje azabache y sin afeitar.

AT: No hemos llegado a hacer negocios, pero sí hemos comentado cosas de mi manera de enfocar mi carrera y me has dado ideas brillantes.

Junto hemos hecho cosas distintas, algo que, en un mundo tan litúrgico, parecía difíciles de aceptar y, sin embargo, han tenido un impacto que ha abierto un camino nuevo para la siguiente generación de toreros. ¡La foto del torero toreando desnudo fue muy buena!

MU: Tú me dijiste en una ocasión que a veces te daba por pensar que te encantaría levantarte un día, abrir la puerta, y que hubiera un toro ahí y que tú estuvieras desnudo. ¡Pero con calcetines! Por si el toro te daba un pisotón (risas).

AT: Sí, eso me pasó en un sueño. ¡Las cosas de la mente! Pero salieron unas fotazas impresionantes. ¡Y muy elegantes! Hubo otra serie muy buena, con una corbata hecha con un signo de exclamación. Me parece un cartel súper original y revolucionario.