El decorador Jaime Parladé (San Sebastián, 1930), conocido como “el dandy del interiorismo”, falleció en enero de 2015 a los 85 años, dejando tras de sí una estela de refinamiento y distinción. “Espontáneo, sincrético y mago del color”, como le definió la revista de decoración AD, este abogado vasco que iba para diplomático acabó siendo el interiorista favorito de la aristocracia española y la jet set internacional durante la época dorada de Marbella.

Marqués de Azpeteguia con grandeza de España, Parladé empezó colaborando con Duarte Pinto Coelho en la decoración del hotel Guadalmina, en 1958. Luego montó la mítica tienda de antigüedades La Tartana —donde vendía desde muebles british a platos de loza española, tejidos y alfombras orientales— y abrió el hotel La Fonda. Desde su estudio dirigió proyectos que traspasaron fronteras. Así, decoró parte de Las Cañas, la finca marbellí de la duquesa de Alba; la villa Santa Margarita de los Rothschild en el Marbella Club; los chalets en Gstaad para las familias March y Abelló; la mansión de Julio Iglesias en Miami, y hasta la casa de Diana Ross en Connecticut.

No obstante, el lugar que mejor reflejaba su desbordante personalidad era Alcuzcuz, el refugio marbellí donde vivió las últimas tres décadas de su vida con su mujer inglesa, la acuarelista Janetta Woolley, fallecida en 2018 a los 96 años. “La villa es andaluza, patricia, barroca, pero el arte de Parladé es ecléctico, una síntesis del refinamiento francés, la comodidad inglesa, la gracia y delicadeza andaluza”, dejó escrito sobre Alcuzcuz el periodista Raúl del Pozo.

Seis generaciones de la misma familia

Construida en el siglo XIX en una dehesa de 20 hectáreas, se trata de una de las propiedades con más solera de la Costa de Sol. Mezcla de cortijo andaluz y casa de campo inglesa, está situada en las estribaciones de Ronda, en Benahavís (Málaga), y por ella han desfilado seis generaciones de la misma familia. La historia del lugar se resume en un azulejo colgado en el patio interior. En 1850, el empresario Manuel Agustín Heredia, impulsor de la revolución industrial en España, adquirió el Monte Alcuzcuz como parte de la Fundición de la Concepción, los primeros altos hornos de nuestro país. En 1884, su hijo Jaime Parladé Heredia construyó la casa original para su madre, María Heredia Livermoore, condesa de Aguiar. Un incendio destruyó la vivienda en 1914, hasta que Jaime Parladé Gross la reconstruyó en 1954 bajo la dirección de Ricardo Soriano, el primer promotor de Marbella. Por último, en 1984, Jaime Parladé Sanjuanena (nuestro protagonista) realizó los cambios que aún perduran: reformó la Capilla de San José anexa al edificio, rediseñó el jardín, construyó la arcada del patio…

El interiorista no tuvo hijos con Janetta, aunque ella se había casado en tres ocasiones anteriores y tenía tres hijas. Por tanto, su legado pasó a manos de sus herederos universales: sus sobrinos Andrés Parladé Ybarra y Jaime Parladé Browne-Swinburne. Estos dos últimos aceptaron el reto, junto a Rocío Tassara, esposa de Andrés, de transformar la vivienda familiar en un exclusivo hotel boutique solo para adultos. Un amplio patio exterior decorado con palmeras nos conduce a Alcuzcuz Boutique Hotel. Junto a la fachada de color almagra hay una pérgola cubierta con glicinias que perfuman la entrada con su aroma de vainilla. Dos dibujos de Jean Cocteau y Tim Behrens, amigos personales del matrimonio, decoran la entrada del frondoso patio interior, un vergel de daturas, thumbergias y petreas. En este remanso de paz sólo se escucha el sonido de la fuente y el canto de los pájaros.

Decoración ecléctica

Muebles ingleses, telas indias, azulejos marroquíes y fotografías familiares adornan las siete habitaciones dobles del hotel, cada una con un nombre diferente: La Capilla, Tramores, El Marqués, El Patio, Las Colmenas, La Higuera, y Casita San José. La casa puede alquilarse entera, o bien cada dormitorio por separado. Uno de los cuartos más especiales es “La Capilla”, que aún conserva el campanario original de la antigua capilla de San José. “Todo está tal y como mi tío lo dejó”, afirma su sobrino Andrés Parladé, gestor de la finca, desde la terraza del salón con vistas al jardín inglés. “En días despejados, desde aquí se divisa el Estrecho y la costa africana”, añade. En la luminosa estancia, presidida por un retrato de la bisabuela del decorador, conviven cuadros taurinos del siglo XIX, una lámpara de aceite de cristal victoriana y una mesa de nogal del siglo XVII comprada en la casa que Barbara Hutton tenía en Tánger.

Incansable lector, el interiorista pasaba parte de su tiempo en su bien surtida biblioteca de techos artesonados, casi siempre recostado en su chaise longue. De alguna forma es el corazón de la casa. Aquí, los libros y las fotografías de artistas como Victor Pasmore y Craigie Aitchison se mezclan con las pinturas de Janetta, cuyas escenas de la casa y del jardín reflejan la esencia de Alcuzcuz: exótica y cotidiana, caprichosa y conmovedora. Grandes aficionados a la jardinería, los propietarios se referían a su refugio marbellí como una “casa de campo tropical” por la exuberante vegetación que la rodeaba. A lo largo de los años transformaron un campo casi salvaje en un jardín de estilo inglés distribuido en bancales. Aquí se encuentra la piscina de agua salada con vistas a al mar, que ellos trasladaron con acierto a una zona escondida en medio de la arboleda. 

Restaurante y tienda de decoración

En Hacienda Alcuzuz no hay que perderse los energéticos desayunos que preparan en la encantadora cocina años 70. También es posible comer a la carta en el restaurante Alcuzcuz Gallery, situado a escasos metros del hotel. Especializado en cocina tradicional andaluza, “sencilla, al momento y sin mentiras”, apuesta por productos de temporada y tiene toques marroquís. Además, cuenta con una bucólica terraza con vistas a la costa. El restaurante comparte espacio con una tienda de decoración que inevitablemente recuerda a La Tartana, el mágico bazar donde todo empezó. La propietaria, Rocío Tassara, trabajó durante años en el estudio de “tío Jaime” y como él viaja por el mundo en busca de piezas originales. “Estoy deseando ir a comprar telas a Uzbekistán. Sus diseños recuerdan a los ikats de Mallorca”.