Siempre es difícil datar el origen de las cosas. No suele haber una fecha exacta para el inicio de algo, sino la culminación de largos procesos de gestación. En este caso, dicen algunas crónicas oficiales que el disco de vinilo fue introducido en el mercado el año 1948 por la discográfica Columbia Records. Otras reseñas aseguran que fue la compañía rival RCA la que lanzó al mercado el formato de reproducción musical más amado por los melómanos. Fuera una o la otra: la diferencia es que Columbia Records patentó el formato elepé de 12 pulgadas y a 33 revoluciones por minuto y RCA el single de 7 pulgadas a 45; lo cierto es que no fue un invento extremadamente revolucionario, sino la evolución de los mucho más frágiles discos de goma laca que giraban a 78 revoluciones por minuto.

Las placas circulares de vinilo reproducen el sonido codificado analógicamente a partir de los surcos grabados en el plástico desde el borde exterior hacia el interior. La mejor calidad del material respecto a su predecesor, permitía reducir el grosor de los surcos, disminuir el paso de la espiral y rebajar la velocidad de rotación derivaba inversamente en el aumento de la calidad del sonido reproducido.

Llegados a la década de los años 60, el microsurco (sinónimo genial del disco de vinilo) ya se había convertido en el medio más popular para la reproducción fonográfica. El incremento de ventas en una sociedad cada vez más bienestante que podía dedicar recursos a elementos de goce y disfrute, más allá de lo básico, para la subsistencia, y a la eclosión de la cultura pop con bandas con artistas como Elvis Presley y los Beatles al frente. El vinilo empezó a encontrar rivales en formatos como el casete o el cartucho. La irrupción del disco compacto a mediados de la década de los 80 se interpretó como la definitiva carta de defunción del vinilo. El cedé, decían, sonaba mejor y era mucho más práctico. Ja!

Era el año 1994, el grunge estaba en su momento de mayor apogeo y Pearl Jam publicaban su tercer elepé, Vitalogy. Ya por aquel entonces todo el mundo lanzaba sus novedades en cedé. La banda de Eddie Vedder, como si de una aldea gala se trataran, eran de los poquísimos románticos que seguían editando sus referencias en vinilo, formato al que en aquella obra, muy probablemente la mejor entrega en su catálogo fonográfico, le dedicaban toda una oda de ritmo sulfúrico titulada Spin the Black Circle.

Tres décadas más tarde, el vinilo no sólo ha resistido el empuje de las nuevas tecnologías, sino que se ha vuelto a reivindicar como el formato predilecto entre los compradores de discos (que los sigue habiendo). Así lo demuestran hechos y cifras. 2021 ha sido el año que más discos se han vendido en formato vinilo en el Reino Unido desde 1981. Así lo asegura un informe publicado por la Industria Fonográfica Británica (BPI).

Según este estudio, en los últimos 12 meses en Inglaterra se han despachado más de cinco millones de discos de microsurcos, la cifra más alta de los últimos 30 años, y un 8% más con respecto al 2020. La fiebre por el plástico negro no es un fenómeno nuevo. Las ventas de vinilo no han parado de crecer desde el 2007. De hecho, el 23% de los álbumes vendidos durante este año corresponden a vinilos. Tampoco es un hecho que afecte exclusivamente a los súbditos del imperio, aunque los ingleses y las inglesas siempre han sido devotos y fieles compradores de música.

Nuestro país también se ha sumado a esta tendencia al alza de compra de discos de vinilo, cifras que han ido creciendo año tras año en la última década y que vivieron unos de sus instantes de máxima eclosión en 2020. Pese al mes y medio de confinamiento estricto, según datos propiciados por Promusicae (Productores de Música de España), asociación que representa a la industria discográfica de nuestro país, en 2020, y por décimo año consecutivo, la venta de vinilos seguía creciendo, esta vez un 23% más de incremento respecto al 2019, lo que supone que se vendieran casi 700.000 placas.

“Si Zara Home vende vinilos, es que el vinilo hace hogar”, proclamaba el editor y director de esta revista (y esto no es un intento por aumentar el sueldo), Andrés Rodríguez en su Twitter. Acompañaba la publicación de una fotografía en la que se veían varias montañas microsurcos de Rest, el hasta ahora último disco de Charlotte Gainsbourg, en una de las tiendas del gigante de la fast fashion, prueba definitiva de que los plásticos y decibelios están de moda.