El pasado 15 de junio, el cosmonauta bielorruso Oleg Novitskiy, teniente coronel de la Fuerza Aérea de Rusia, sobrevolaba el espacio exterior a bordo de la Estación Espacial Internacional —a unos 400 kilómetros de altura sobre la vertical del Estrecho de Gibraltar– cuando un fuerte destello de luz blanca, procedente de algún punto de sur de nuestro país, llamó poderosamente su atención.

Era un reflejo tan nervudo y deslumbrante que decidió fotografiarlo con la cámara incorporada al visor de la nave. Pocos minutos después, la imagen era difundida en su cuenta de Twitter (@novitskiy_iss) junto al siguiente texto: “¡La vela que no se apaga! Estoy hablando de Gemasolar, la planta de energía solar que hay en España”. Muchos se quedaron sorprendidos ante la desconocida noticia. Y es que, a veces, es necesario que venga alguien desde muy lejos para hacernos ver –y valorar– lo que tenemos justo al lado. Pero descendamos a ras de suelo. Si uno conduce por la autovía del Sur (la A-4) desde Sevilla a Córdoba, a la altura del término de Fuentes de Andalucía –poco después de dejar atrás Carmona–, descubrirá a su izquierda un punto de luz cegador a escasa altura sobre la línea del horizonte, un destello hipnótico que lo irá acompañando durante gran parte del trayecto como si fuera uno de esos ovnis que salían en la serie Expediente X. “¿Pero qué es eso que brilla allí a lo lejos?”, suele ser el comentario más recurrente de quien lo observa por primera vez.

En estos tiempos, cuando la factura doméstica del consumo eléctrico amenaza con convertirse en un producto de lujo, puede sorprender a más de uno saber que en pleno corazón de la provincia de Sevilla se encuentra una de las instalaciones de energía solar –limpia y renovable, por tanto– más modernas y eficientes de toda Europa y que, a pesar de no salir demasiado en las noticias, acaba de cumplir ya diez años de funcionamiento (concretamente, comenzó a operar en mayo de 2011).

Mitad vasca, mitad árabe

Técnicamente hablando, Gemasolar es una planta de energía termosolar de concentración con sistema de almacenamiento térmico. Si le pedimos, sin embargo, a alguien de los alrededores que nos describa su aspecto físico (el cual parece extraído de una película de ciencia-ficción) nos hablará básicamente de dos estructuras: una especie de torre gigante –con una gran ojo de luz perenne en su cúspide– y un inmenso océano circular de espejos que la rodea desde el suelo.

La responsable de su diseño y construcción es Torresol Energy, una joint venture participada en un 60% por la empresa española de ingeniería Sener (fundada en 1956 en el País Vasco por la familia Sendagorta, ilustre apellido del histórico círculo empresarial de Neguri) y en un 40% por el grupo Masdar, propiedad del emirato de Abu Dabi, uno de los mayores exportadores de petróleo del planeta, que de esta manera se interesa también por las llamadas renovables (se estima que, para el año 2050, la energía termosolar supondrá el 10% del consumo eléctrico mundial). La propia compañía calcula la inversión del proyecto en unos 420 millones de dólares.

Su ubicación en el mapa no es casual. Situada a menos de 40 kilómetros de la localidad sevillana de Écija (conocida popularmente como la sartén de Andalucía por sus altísimas temperaturas durante el verano), esta parte de nuestra geografía garantiza miles de horas de sol todo el año. Aunque quizá ya va siendo hora de explicar cómo genera energía.

Espejos iguales que los de casa

En primer lugar, es importante comprender que su funcionamiento dista mucho del de una central fotovoltaica al uso. Gemasolar no debe ser entendido como una mera plantación intensiva de placas solares convencionales, como las que se colocan encima de los tejados de las casas (de hecho, no hay ni una sola de este tipo en toda la instalación).

Los miles de espejos que se despliegan alrededor de la torre central no son otra cosa que eso mismo, espejos. Iguales que los del cuarto de baño de cualquier domicilio, aunque recubiertos con una capa de plata por detrás y un revestimiento de polímero. Ensamblando muchos de ellos convenientemente, se forman unas grandes placas pulidas que reciben el nombre de heliostato.

Cada uno de los 2.650 heliostatos que hay en la instalación posee una superficie de 110 metros cuadrados y sirven para reflejar los rayos procedentes del sol. Para hacerlo de la forma más eficiente posible, reubican su posición a lo largo del día del mismo modo que lo haría un girasol. Gracias a un software informático diseñado ad hoc, los espejos se desplazan, tanto vertical como horizontalmente, cada 20 segundos, mediante dos rotores que van corrigiendo automáticamente su inclinación, logrando así colocarse siempre en un ángulo exacto de 45o.

Todos esos miles de haces de luz solar son reflectados directamente hacia un mismo punto (por eso se denomina técnica de concentración): la parte superior de la torre, la cual –al recibir semejante potencia lumínica– se enciende como un faro, un destello capaz de distinguirse a 50 kilómetros de distancia o incluso desde la Estación Espacial Internacional, como tuiteó el cosmonauta Novitsky.

La torre –que alcanza los 140 metros, una de las construcciones más altas de Andalucía– almacena en su cima unos depósitos de sales líquidas (una mezcla de nitrato sódico y nitrato potásico en su punto de fusión ideal). Tras absorber toda esa cantidad de rayos, la salmuera se calienta a más de 560o y se desplaza –ya como vapor, a 100 bares de presión– a través de un sistema de canales, haciendo girar una turbina, lo que genera finalmente electricidad.

En realidad, sólo es la primera parte de este proceso lo que diferencia sustancialmente a esta planta de energía termosolar de cualquier otra, ya que el sistema final por el que se obtiene la energía eléctrica (un vapor que hace rotar una turbina que está unida en su eje a un generador) es idéntico al de cualquier central térmica tradicional. Eso sí, con una sustancial diferencia. Al utilizar el poder del sol para obtener calor (en vez de hacerlo, por ejemplo, quemando combustibles fósiles) no se generan emisiones ni desechos contaminantes.

Con una potencia de 19 megavatios, Gemasolar produce electricidad de forma limpia las 24 horas del día (independientemente de la radiación solar disponible). Según datos de Torresol Energy, reduce en 30.000 toneladas las emisiones anuales de CO2 a la atmósfera y suministra electricidad a unos 25.000 hogares.

En el aspecto negativo, hay que señalar que los costes asociados son muy elevados y que se necesitarán varias décadas más para obtener rentabilidad, por lo que la polémica relativa a las subvenciones sigue ahí.

A media plazo, lo ideal para España pasaría por dejar de tener que importar gas de Argelia y sustituirlo por sol de Andalucía, el cual seguirá brillando en el cielo por mucho tiempo. Porque, si de eso dependiera, el futuro de este tipo de plantas sólo puede equipararse al reflejo que deslumbró al cosmonauta bielorruso. Brillante. Muy brillante.