De La Rue

De dónde viene el dinero. Es una pregunta que los humanos, que lo inventaron, no dejan de hacerse: desde el mito esotérico de la transformación del plomo en oro, pasando por el Fausto, de Goethe, en el que Mefistófeles propone la creación del dinero de la nada, hasta el Pinocho, de Collodi, con la marioneta engañada por el gato y el zorro que le aconseja plantar las monedas en el Campo de los Milagros para verlas prosperar.

La realidad es diferente. En el caso del euro, el Banco Central Europeo decide la cantidad de nuevos billetes necesarios cada año para reemplazar los retirados. El pedido llega a los bancos centrales de los Estados miembros de la zona euro, que imprimen o encargan la tirada. ¿A quiénes? Sí, hay empresas privadas que imprimen billetes. Cerca del 11% de los 171.000 millones de billetes emitidos a nivel mundial en 2017 salieron de un puñado de imprentas comerciales que operan bajo licencia del Banco Mundial. La británica De La Rue es la mayor de ellas. Aunque la externalización no está exenta de contratiempos.

En 2005, la empresa francesa Oberthur se equivocó al escribir el nombre de la presidenta filipina, Gloria Macapagal (2001 – 2010). En 2011, el gobierno británico retuvo alrededor de 1.860 millones de dinares libios (más de 1.000 millones de euros). De estos, el equivalente a unos 165 millones de euros habían sido impresos por De La Rue. La medida complicó bastante los últimos días de poder del coronel Muamar el Gadafi.

De islas Mauricio a la II República española

De La Rue, que cotiza en la Bolsa de Londres desde 1947, imprime sellos, billetes y pasaportes y, en 1967, fabricó el primer cajero automático del mundo. Es la emanación del poder y la influencia del Imperio Británico de cuando, bajo el sol de la Reina Victoria, la bandera Union Jack ondeaba sobre una cuarta parte del planeta. Sin embargo, el origen de Thomas De La Rue & Company Limited es incluso anterior al nacimiento de la legendaria monarca. Los primeros pasos los dio en el islote de Guernsey, en el Canal de la Mancha, donde Thomas de la Rue fundó, en 1813, el periódico Le Miroir Politique.

Tras aterrizar en Londres, el empresario comenzó a crear sombreros de paja, pero, en 1832, obtuvo la patente para la impresión de cartas reales directamente de Guillermo IV. De La Rue prosperó definitivamente gracias a la impresión de billetes de tren y naipes y, en 1853, firmó el primer contrato para la impresión de sellos tras crear el primer sello con grabación superficial del mundo. Siguieron numerosos encargos y la reputación de imprenta con altos estándares de seguridad permitió al fundador meterse en el negocio del papel moneda. En 1860 comenzó a imprimir los primeros billetes para las islas Mauricio.

En 1932, y con motivo de un encargo fallido a la empresa Bradbury, que perdió durante el proceso de fabricación cinco billetes de 25.000 pesetas y uno de 100 pesetas, el Banco de España durante la II República encargó a De La Rue el diseño y la fabricación de su papel moneda. Junto a eso, envió a su mejor grabador, Camilo Delhom Rodríguez, quien se firma los dibujos de los personajes que aparecen en los billetes de la época, todos ellos de reconocimiento internacional, como Menéndez Pelayo, Hernán Cortés, Sorolla o Ramón y Cajal, a quienes De La Rue calificó de «genios».

Hoy, más de dos siglos después de su fundación, De La Rue imprime alrededor de un tercio de los billetes del mundo gracias a contratos con 140 bancos centrales, desde los yuanes chinos a parte de los euros destinados a Portugal, Finlandia e Irlanda. En Europa tiene oficinas en el Reino Unido y Malta, pero también posee plantas en los Estados Unidos, Sri Lanka, Dubái y Kenia, todas áreas de presencia antigua o más reciente del Imperio Británico.

Cerca del 11% de los 171.000 millones de billetes emitidos en el mundo, en 2017, salió de un puñado de imprentas privadas

Sin embargo, los últimos años no han sido fáciles y la empresa se vio obligada a replantear su estrategia de negocio. De hecho, en 2017 perdió el contrato de 470 millones de euros para la impresión de pasaportes del Reino Unido, que fue asignado a una empresa francesa. El grupo también sufrió daños por 21 millones de euros ligados a la quiebra del Banco Central de Venezuela.

Aunque hoy las aplicaciones y los métodos de pago sin contacto compiten con el efectivo, según los expertos de Smithers Pira, la demanda de billetes en todo el mundo sigue al alza. Se estima un crecimiento interanual del 3,2% para el mercado mundial, que actualmente tiene un valor de casi 12.000 millones de euros. Asia y África son las regiones de mayor rápido crecimiento en la impresión de billetes.

Como explica De La Rue en su web, la población mundial está aumentando, por lo que siempre hay necesidad de efectivo, sobre todo, en las economías menos desarrolladas. La compañía afirma también que si apilara los billetes producidos cada semana, estos llegarían a la cima del Everest dos veces. Un dato interesante para los que aman cubrirse la cara con una máscara de Salvador Dalí.