Andrés Conde Laya, Premio Nacional de Gastronomía al mejor Sumiller del año. (Foto: RAG vía La Vinya del Senyor)

Andrés Conde Laya, del restaurante La Cigaleña, ha recibido el Premio Nacional de Gastronomía al mejor Sumiller, que reconoce al profesional de sumillería que haya desarrollado la labor más destacada en un restaurante radicado en España en el último año.

El jurado ha estado presidido por Josep Roca e integrado por Lourdes Plana Bellido, presidenta de la Real Academia de Gastronomía (RAG); José Mª Sanz-Magallón, secretario general de la RAG; las Premios Nacionales Manuela Romeralo y Gemma Vela, y los Académicos Xandra Falcó y Víctor de la Serna.

Destino indiscutible para los amantes del vino

El talento y la sabiduría de Conde Laya ha convertido a La Cigaleña, el restaurante que fundó su abuelo en Santander en los años cuarenta, en un destino de peregrinación para los aficionados al vino.

Conde Laya, una de las grandes figuras de la sumillería en nuestro país, con un amplio conocimiento enológico reconocido internacionalmente, apuesta por vinos de precios medios y proyectos locales, según recoge en una entrevista la Agencia EFE.

El sumiller se define como un “anticlasista” de los vinos, una idea que plasma en su carta, compuesta en su mayoría de precios medios (20 a 30 euros), entre las más de 41.000 botellas de su bodega.

Este aficionado al vino asegura que le interesa más “el cliente que viene a disfrutar con un presupuesto limitado de 20 euros”, frente a aquellos que van a tomar vinos caros “por estatus social”. Y en su opinión, “los grandes vinos no significan grandes precios».

Por ello, Conde Laya ha diseñado un lugar donde los amantes del vino vuelvan, con precios asequibles que ofrecen “un viaje con una copa de vino” a aquellos lugares donde él viaja para conocer las bodegas y los métodos de elaboración.

Restaurante familiar de tercera generación

«En cada rincón de una botella de vino reside la historia que la hizo posible. Esa es la esencia de este lugar». Así empieza la carta de presentación de este restaurante que ya gestiona la tercera generación de la familia.

Mariano Conde Caballero y Moisesa Camazón Benito llegaron a Santander desde la provincia de Valladolid, recién casados, y eligieron quedarse para siempre.

La pareja puso en marcha un negocio que caló de lleno en su hijo Andrés, quién quiso dejar su sello. Él le dio un vuelco e hizo realidad su idea: la búsqueda del mejor producto para su despensa y, sobre todo, para una bodega que ganó referencias, acentos y fama. Hasta convertirse en un museo lleno de sabores de las mejores viñas y también de las curiosidades de todo el mundo, con más de 10.000 ejemplos.

Una fórmula ahora en manos de Andrés y de su hermano Juan Conde Laya, encargados de cuidar una herencia de tradiciones y pasión por la gastronomía, sin perder el tren de los tiempos.

¿Y por qué La Cigaleña? Porque el viaje empezó en el pueblo de Cigales. Allí estaba el hogar que dejaron Mariano y Moisesa para empezar este viaje que ochenta años después continúa.