La ilusión de Silicon Valley como un espacio ambiental altamente tecnológico persiste gracias en parte a narrativas distorsionadas que han combinado la alta tecnología con ilusiones futuristas. Podríamos pensar en Silicon Valley como un lugar donde todo está mecanizado y los colores del sol brillan contra las superficies de aluminio. Pero Silicon Valley no es como te imaginas. Así lo refleja el libro Silicon Valley No_Code Life, un proyecto de Tod’s, hecho en colaboración con el fotógrafo Ramak Fazel.

Sillicon Valley, el no lugar

Silicon Valley existe como un “no lugar”. No hay señales de tráfico, ni fronteras que lo delimiten, lo que significa que desde una perspectiva puramente geográfica, Silicon Valley no existe. La expresión “Silicon Valley” fue utilizada por primera vez por el periodista Don Hoefler en un artículo de 1971 que escribió para el semanario comercial Electronic News.

Hoefler estaba describiendo un fenómeno naciente, la empresa de un pequeño grupo de californianos aventureros que intentaban aflojar el dominio que las corporaciones con sede en Texas tenían sobre la industria de los semiconductores. Al hacerlo, desarrollaron y promovieron una idea revolucionaria: una computadora poderosa diseñada para uso personal.

El objetivo de este libro es examinar la vida cotidiana en El Valle a través de una serie de imágenes fotográficas y ofrecer una herramienta que pueda utilizarse para reconsiderar el choque entre la contracultura californiana de los años sesenta y setenta y la atomización digital que siguió.

El propósito de este libro es proponer un nuevo punto de vista sobre El Valle, ofreciendo una herramienta que investiga su verdadera naturaleza: conocida como una de las áreas más protegidas del mundo, el libro tiene como objetivo levantar el misterio que lo rodea, documentando su vida cotidiana: ¿En qué tipo de casas viven sus habitantes? ¿Qué coches conducen? ¿A qué restaurantes van los magnates de la tecnología? ¿Dónde se citan para hablar de negocios? ¿Cómo pasan su tiempo libre?

Las 128 imágenes del libro fueron tomadas a fines de 2019, exactamente unas semanas antes de que la pandemia cambiara el mundo, fue tomado por el fotógrafo iraní-estadounidense Ramak Fazel, «un antropólogo con una cámara alrededor del cuello», como lo describieron una vez. Ramak y el equipo cruzaron las carreteras del Valle durante unos 10 días, en los que fotografió a la comunidad local a través de la lente de su inseparable Rollieflex.

Fotografía_Ramak Fazel

La ruta 101 se construyó en gran parte siguiendo el original Camino Real español, que conectaba las misiones y los presidios entre Los Ángeles y San Francisco. La mayoría de las empresas tecnológicas más grandes de Silicon Valley están a lo largo de esta carretera.

Fotografía_Ramak Fazel.

Este garaje independiente en el 367 de Addison Avenue en Palo Alto es el lugar donde, en 1939, los recién graduados en ingeniería de Standford, Bill Hewlett y David Packard fundaron una de las primeras empresas electrónicas de la zona. Es uno de los numerosos lugares de Silicon Valley que reclaman el estatus de “Lugar de Nacimiento”.

Fotografía_Ramak Fazel.

Gene y JoAnn Tankersley, en su casa del 2055 de Crist Drive, recuerdan el día en que Jobs y Wozniak les llamaron a su garaje, situado en la casa de enfrente, para desvelarles su nueva creación. Los Dos Steves, como se les conocía, les dijeron: «JoAnn, en este ordenador puedes poner todas tus recetas». La respuesta de ella: «Steve, prefiero mis fichas escritas a mano».

Fotografía_Ramak Fazel.

La empresa Rug Liquidation en Palo Alto fue el lugar de una de las primeras Apple Store.

Fotografía_Ramak Fazel.

Antes de que Silicon Valley se convirtiera en un centro económico, cultural y político, una casa en San Franciso podía costar 100.000 dólares (hoy la media está en un millón de dólares). Entre principios de 2017 y 2018, el valor medio de una casa en San José aumentó 100 dólares cada hora.

Fotografía_Ramak Fazel.

Trabajadores potenciales y visitantes durante un paseo por Googleplex.

Fotografía_Ramak Fazel.

David Moretti, el director creativo de productos multimedia de Apple, es un ávido jinete. Montar a Slate le sirve para el viaje diario de cuatro horas entre su casa en East Bay y el campus de Apple.