Los errores más comunes de los becarios

Los errores más comunes de los becarios

Hablar de más. Si hay algo que nunca debes hacer en una empresa, eso es hablar de más. ¡Y menos cuando eres el nuevo! Tus batallitas sobre ese profesor tan asqueroso o lo bien que se te da cantar en las verbenas no son temas a sacar en la oficina.

Los errores más comunes de los becarios

Quejarse demasiado. Sí, quizá te explotarán, pero lo peor que puedes hacer es quejarte por todo. No dejes que te pasen por encima, pero tampoco quieras cambiar el mundo desde tu puesto de becario poniendo pegas a todo (aunque funciona mal).

Los errores más comunes de los becarios

Dar por hecho cosas que no saben. Aunque creas que eso que vas a hacer es la mejor solución, a lo mejor a tus jefes no se lo parece. O sí, pero igual les molesta que tus ideas sean más brillantes que las suyas, así que, ante la duda, pregunta.

Los errores más comunes de los becarios

No tener iniciativa. Que te quedes como un pasmarote esperando a que te den trabajo es una de las peores cosas que puedes hacer. En los primeros días un momento de relax es un alivio, pero puede hacer que te tachen de vago y al final las primeras impresiones son las que cuentan.

Los errores más comunes de los becarios

Pasarse con la fiesta (y que se note). Esto ocurre especialmente en los lugares donde hay muchos becarios y casi todos vienen de otras ciudades. El verano, la juventud y un grupo de becarios con ganas de juerga son un cóctel más letal que cualquiera de los que se puedan tomar ellos en un bar de mala muerte. ¿Lo peor? Que los excesos se noten en el trabajo bien por el aspecto o bien por el rendimiento.

Los errores más comunes de los becarios

No tener filtro. Al igual que en la universidad había profesores a los que nunca te atreviste a tratar de tú, en el trabajo también puede haberlos. Es más, estás en un trabajo, no puedes tratar a los demás como si fueran tus colegas. Confianza la justa.

Los errores más comunes de los becarios

Marcharse a la mitad de las prácticas (o antes). Esos son los becarios fantasma, los que parece que nunca pasaron por la oficina porque ni dio tiempo a aprenderse su nombre. Se marcharon rápido porque no les gustaba lo que hacían o porque les salió otra cosa. Algunos se van sin avisar y ese sí que es un error fatal, porque la empresa no te querrá volver a ver en la vida.

Los errores más comunes de los becarios

No prestar atención a los detalles. Cosas como mandar un mensaje a tu jefe, cuyo nombre tiene una hache intercalada, sin esa hache, pueden marcar la diferencia. La diferencia entre que te vean como alguien despistado o responsable. Así que, haz las cosas despacito y con buena letra.

Los errores más comunes de los becarios

Vestirse inapropiadamente. Aunque el ambiente de la empresa sea distendido e informal, estás trabajando, así que hay ropajes que no son una opción nunca, véanse camisas con estampados de marihuana, pantalones excesivamente cortos o zapatillas rotas. Esa ropa para ir de festival bien, para ir a trabajar mal.

Los errores más comunes de los becarios

No preguntar las cosas. Hay becarios que ha estado a punto de hacerse sus necesidades encima porque les daba vergüenza preguntar dónde está el baño. De verdad que los hay. Preguntar las cosas cuando eres nuevo es lo más normal, es mejor pecar de preguntón que de patoso y liante. Deja los desastres para otros.

Los errores más comunes de los becarios

Pedir vacaciones/días (sin criterio). Hay becarios que como no consideran las prácticas un trabajo, creen que pueden hacer puentes que no existen cuando no les corresponden por dos meses que van a trabajar. Antes de hacer estas peticiones, infórmate de tus derechos como becario. Eso sí, tampoco vayas a preguntar el primer día que cuándo tienes vacaciones así sin anestesia, que no queda bonito porque acabas de empezar.

Los errores más comunes de los becarios

No tomarse las prácticas como un trabajo. Este lo hemos dejado para el último porque suele ser el origen de muchos de los errores de un becario y, por tanto, el gran error. Recuerda que la profesionalidad no está reñida con ser becario, trabajar sólo cuatro horas al día (en el mejor de los casos, claro) y no tener acabada la carrera. Deja un buen recuerdo, nunca sabes cuándo puedes volver al lugar donde empezaste, que la vida da muchas vueltas.

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