Para quien no esté familiarizado con estos asuntos, Extreme E es una competición de automóviles todoterreno eléctricos fundada por Alejandro Agag —el impulsor de la Fórmula E, para monoplazas eléctricos en circuitos urbanos— y el ex piloto brasileño Gil de Ferran. Se celebra en los lugares más remotos del mundo, afectados por el cambio climático, como intento por concienciar sobre las dramáticas consecuencias que este fenómeno atmosférico. Con ese mismo objetivo, las carreras se limitan a recorridos de entre seis y 10 kilómetros.

Fundada en 2018, su primera temporada ha comenzado a celebrarse, sin embargo, en 2021. En concreto, la primera carrera tuvo lugar los días 3 y 4 de abril en el desierto de Al-Ula (Arabia Saudita), mientras que la segunda recorrió el entorno del Lago Rosa (Senegal) —conocido mundialmente por haber sido la llegada del rally París Dakar en casi todas sus ediciones hasta 2008, cuando la organización trasladó esa competición a Sudamérica, primero, y Arabia Saudita, en sus ediciones de 2020 y 2021—, los pasados 29 y 30 de mayo.

La tercera de las carreras tendrá lugar en Kangerlussuaq (Groenlandia), los 28 y 29 de agosto. Las dos últimas se celebrarán en Santarém, al norte de la selva amazónica brasileña, los 23 y 24 de octubre; y en Ushuaia (Argentina), los días 11 y 12 de diciembre.

La competición no sólo es sostenible y con un marcado carácter medioambiental, sino que defiende la igualdad de género. Todos los equipos están obligados a estar integrados por una pareja de pilotos, un hombre y una mujer, que se alternan en el volante.

Uno de los nueve equipos en el campeonato es Cupra, la primera marca que anunció y confirmó su participación en la competición. Corre con el modelo e-Cupra ABT XE1 de 544 CV, que en un principio estaba pilotado por una veterana pareja de conductores: el sueco Mattias Ekström (Falun, 1978) y la alemana Claudia Hürtgen (Aquisgrán, 1971). Pero durante los entrenamientos previos la carrera de Senegal, Hürtgen se sintió indispuesta y tuvo que ceder su puesto a toda una campeona mundial, su compatriota Jutta Kleinschmidt (Colonia, 1962), la única mujer piloto ganadora del París Dakar en 2001.

Aunque, en principio, la sustitución de Kleinschmidt por Hürtgen se anunció como temporal, se ha confirmado, finalmente, que, salvo nueva causa de fuerza mayor, la veterana campeona del París Dakar será quien complete las tres pruebas restantes del campeonato (en Groenlandia, la Amazonia y Tierra de Fuego).

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Con Mattias Ekström en Castellfollit del Boix

Unas semanas antes de que el equipo Cupra se traslade a Groenlandia, en Forbes pudimos comprobar las particularidades del tremendo buggy fabricado por la marca con sede en Martorell. Inmersos en el reciente lanzamiento del Cupra Formentor, el imponente SUV urbano que han empezado a comercializar, y pocos meses antes de que salga a la venta el primer eléctrico 100% de la marca, el Cupra Born, su participación en el campeonato Extreme E sirve para demostrar su fiabilidad y máximo rendimiento sin emisiones.

Para ello, Cupra organizó unas jornadas para la prensa en la que fuimos invitados a participar como pasajeros en un breve «paseo» a bordo del mismo e-Cupra ABT XE1 de 544 CV con el que compiten en el campeonato, conducido por el mismísimo Mattias Ekström. El piloto sueco —campeón del Deutsche Tourenwagen Masters de 2004 y 2007 (y segundo en 2005, 2011, 2014 y 2017), competición en la que ha sumado 25 victorias como piloto del equipo ABT Audi; y ganador de las 24 Horas de Spa en 2011— fue el encargado de hacernos sentir una mínima porción de la adrenalina que su conducción es capaz de generar.

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El lugar elegido era el Nasser Racing Camp de Castellfollit del Boix, un circuito de tierra cercano a la montaña de Montserrat situado en un claro del bosque, propiedad del piloto catarí de rallies Nasser Al-Attiyah. La finca, Cal Pons, se compone de 200 hectáreas con bosque propio, una pista de tierra de un kilómetro y medio de longitud y una masía de piedra construida a finales del siglo XVIII.

Mattias era, sin duda, el piloto idóneo para la experiencia, dado que no sólo es uno de los dos pilotos del buggy, sino que es piloto del Cupra e-Racer que compite en la también recién inaugurada categoría Pure ETCR (Electric Touring Car Racing, por sus siglas en inglés: “carreras de coches de turismo eléctricos”) para vehículos eléctricos (el Cupra e-Racer parte de la base de un Cupra León), que dio comienzo del 18 al 20 de junio en el Autódromo de Vallelunga, en Italia.

Lo primero que sorprende es el silencio de marcha, solo roto por la rumorosidad del rozamiento de las ruedas con la superficie. Lo segundo, el calor. El interior del vehiculo de competición es espartano, eso se sobreentiende, pero uno no se imagina que —para evitar pérdidas de potencia— estos coches no cuentan con aire acondicionado.

Con las elevadas temperaturas del momento, uno imagina que el piloto, dedicado durante varias horas al día a recorrer el circuito con una sucesión inagotable de periodistas llegados de todos los rincones del mundo, pierda varios kilos de peso en forma de sudor con el mono ignífugo reglamentario y el collarín HANS (Head And Neck Support, por sus siglas en inglés: «soporte de cabeza y cuello») que también tenemos que usar los copilotos. El HANS debutó en la Fórmula 1 en 2003. Se fabrica principalmente con fibra de carbono y tiene un peso de entre 600 y 700 gramos. Se coloca sobre los hombros y tras la nuca del usuario, y se ancla al casco y al respaldo del asiento del vehículo mediante cinturones y ganchos. 

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El e-Cupra ABT XE1 mide 2,3 metros de ancho y más de 1,8 de alto, pero pese a su tamaño y masa, pesa tan sólo 1.650 kilos. Las enormes ruedas, de 940 milímetros, también llaman la atención sobre esta bestia. Su aceleración, en cambio, dado los terrenos por los que circula, no necesita ser brutal, pero es suficiente para pasar de 0 a 100 km/h en 4 segundos. En el revirado circuito de kilómetro y medio cubrimos esta distancia en un minuto y veinticinco segundos. La media supera, en poco, los 60 km/h.  

No es, desde luego, la velocidad a la que estos pilotos circulan en plena competición, pero ni en asfalto (sin los deslizamientos continuos que se producen en tierra) podría un conductor normal cubrir esa distancia, con esa aparentemente inacabable sucesión de curvas, en ese tiempo. Sin pasar miedo en ningún momento, las sensaciones que sentimos son espectaculares, incluidos los saltos en los cambios de rasantes. ¿Cuándo se decidirá algún empresario loco a crear un parque de atracciones del motor? Muchos, estoy seguro, pagarían por vivir esa experiencia como copiloto…