Todos sabemos que el aprendiz supera al maestro, pero ¿y la creación al inventor? Hablemos de Facebook, el motor que convirtió las redes sociales en un fenómeno masivo y que terminó siendo mucho más que eso: una plataforma capaz de influir en la política, la economía y la vida de millones de personas, entre otras muchas cosas. Tanto es así que podría decirse que el invento acabó superando los límites de la realidad tecnológica y social de la época. Dieciséis años después del estreno de La red social, el director Aaron Sorkin regresa al universo de Facebook con El precio de la red, una secuela que cambia el foco de la creación de la plataforma a las consecuencias de su éxito.
Sorkin vuelve a una historia que ya conoce bien. El guionista, ganador del Oscar por La red social, ha firmado títulos como Moneyball: Rompiendo las reglas y Steve Jobs, además de series tan reconocidas como El ala oeste de la Casa Blanca y The Newsroom. En esta ocasión, la película toma como punto de partida las filtraciones de Frances Haugen, exempleada de Facebook, y la investigación periodística de Jeff Horwitz sobre los llamados Facebook Files, que sacaron a la luz documentos internos de la compañía y cuestionaron algunas de sus prácticas. En sí, el argumento pone sobre la mesa los algoritmos que amplifican la polarización, los discursos de odio y la desinformación en favor de la interacción y los beneficios.
El reparto reúne a intérpretes con trayectorias muy distintas. Mikey Madison, ganadora del Oscar por Anora, interpreta a Frances Haugen, mientras que Jeremy Allen White, conocido por The Bear y Shameless, da vida al periodista Jeff Horwitz. Jeremy Strong, que alcanzó gran popularidad con su papel en Succession, se mete en la piel de Mark Zuckerberg, un personaje que en la primera película interpretó Jesse Eisenberg. Completan el elenco Bill Burr, visto en The Mandalorian y F Is for Family; Wunmi Mosaku, de Loki y Lovecraft Country; Betty Gilpin, conocida por GLOW; y Billy Magnussen, que ha participado en Made for Love y Road House.
Más allá de una pantalla
La comparación con La red social es inevitable. La película de 2010 retrataba los primeros pasos de Facebook y las disputas que acompañaron su creación, con Jesse Eisenberg, Andrew Garfield y Justin Timberlake al frente del reparto. La secuela, en cambio, se aleja del origen de la empresa para examinar el impacto que ha adquirido con el paso del tiempo. Mantiene el pulso de los diálogos y los conflictos que caracterizan el cine de Sorkin, pero pone en perspectiva una pregunta más incómoda: ¿qué ocurre cuando una plataforma digital tiene tanto poder sobre la conversación pública?
El precio de la red llegó a los cines españoles este 10 de octubre de 2026, en un momento en el que el debate sobre la responsabilidad de las redes sociales, la desinformación y la influencia de las grandes tecnológicas está más presente que nunca. La película ofrece una mirada más crítica al papel que Facebook desempeña en la sociedad y pone el foco en las consecuencias de unas decisiones empresariales que van mucho más allá de la pantalla. También influyen en cómo pensamos, nos informamos y nos comportamos.
Sus 103 minutos de metraje te harán pensártelo dos veces antes de pulsar cualquiera de los cuadrados de colores de la pantalla de inicio. Y da igual si es la aplicación azul, la del degradado del morado al naranja o aquella de fondo negro con una letra blanca. Porque, poco a poco, la película te lleva a plantearte una pregunta: ¿son las redes sociales el canal por el que las palabras viajan de un lugar a otro o también son las responsables de provocarlas, moldearlas y difundirlas? Y, sobre todo, ¿hasta qué punto expresamos lo que realmente pensamos o acabamos opinando aquello que los algoritmos nos empujan a creer?
El precio de la secuela
En taquilla, el arranque en Estados Unidos ha sido discreto. El precio de la red recaudó unos 650.000 dólares en los pases previos y 2,3 millones el viernes de estreno, con una previsión de alrededor de seis millones de dólares durante su primer fin de semana en 2.606 salas. Un comienzo modesto para una secuela que llega respaldada por el recuerdo de una película reconocida, por un tema de plena actualidad y que contó con un presupuesto de entre 30 y 42 millones de dólares.
Ahora queda por ver si consigue remontar en las próximas semanas. Al fin y al cabo, pocas historias resultan tan actuales como la de una plataforma que cambió las reglas del mundo y las consecuencias de un poder que, veinte años después, todavía estamos aprendiendo a medir.

