1. Sé un buen oyente
La mayoría de la gente no tiene ni idea de que escuchar es una parte no solo necesaria para el proceso de comunicación, sino esencial: no sólo te ayuda a construir una relación con otras personas, es además una manera de demostrar respeto por los demás. Cuando las personas se sienten respetadas, es muy fácil construir relaciones largas y felices. Piensa en lo grande que te sientes cuando alguien te está escuchando atentamente y está completamente cautivado por lo que dices. Esto te hace sentir valorado y logra maravillas de cara a la comunicación.
Al final, la gente sólo quiere ser escuchada, por lo que escuchando atentamente se puede construir confianza en el nivel subconsciente. Míralo al revés: todos conocemos gente que es muy mala oyente, aquellos que monopolizan la conversación y siempre tienen una anécdota personal sobre lo que dices, pero cuando se trata de ti, no prestan atención. ¿Y cómo te hace sentir eso? Frustrado, y menospreciado, como si lo que fueses a contar no tuviera valor.

No obstante, ser buen oyente y ser tímido no es lo mismo. La gente a menudo confunde términos y asume que quien escucha más de lo que habla lo hace por timidez. Lo importante es escuchar activamente: prestar atención y demostrar tu comprensión de una conversación repitiendo puntos clave en tus respuestas. Al final del día, la gente sólo quiere sentirse comprendida.
2. Reflexiona lo que dices

Pensamos a una velocidad mucho más rápida de lo que hablamos. La investigación ha demostrado que, aunque pronunciamos entre 120 y 150 palabras por minuto, pensamos una media de 600 – 800 palabras en ese mismo tiempo. Esto significa que es fácil caer en la distracción de los propios pensamientos mientras nos hablan, perder el hilo de la conversación y decir cualquier cosa fuera de lugar para disimular nuestro desliz. Concéntrate en las palabras y el modo en que tu interlocutor te las hace llegar para empatizar con lo que te cuenta y, más allá de contestarle en consonancia, reflexionar bien tu respuesta. Deja a un lado tópicos y frases manidas, haz de tu intervención algo único que anime a los demás a acudir a ti y cree vínculos verdaderamente provechosos, tanto profesional como personalmente.

3. Nunca hables por encima de los demás.
Esto demuestra una verdadera falta de respeto. Al hablar sobre alguien lo que básicamente estás diciendo es “no me importa lo que estás diciendo, lo que tengo que decir es más importante”. Elevar el tono o reclamar la atención con gestos nunca es la manera de introducir lo que queremos decir, espera a que tu interlocutor haya terminado para hacer tu aportación, cualquier otra fórmula es descortés.

4. No termines las frases de otras personas.
Puedes pensar que les estás ayudando a concretar sus ideas y que agradecerán que les ayudes a no divagar, pero no es cierto. La investigación ha demostrado que al hacer esto desautorizamos a la otra persona porque tomamos el control de la conversación, así que ¡muérdete la lengua!

5. Parafrasear.
Si quieres demostrar que realmente has entendido a alguien, entonces parafrasear no es una gran herramienta. Todo lo que haces es repetirle a alguien lo que acaba de decir, antes de comentarte. Concéntrate en la escucha activa en lugar de la escucha pasiva. La diferencia es que escuchar activamente significa que respondes a la otra persona sobre la base de lo que ha dicho, la escucha pasiva es simplemente el acto de escuchar sin respuesta.