En el deporte de élite nadie espera a lesionarse para empezar a cuidarse. Cada entrenamiento, cada hora de descanso y cada decisión nutricional forman parte de una estrategia diseñada para mantener el máximo rendimiento durante el mayor tiempo posible. En el mundo empresarial, sin embargo, todavía es frecuente que muchos directivos releguen su salud a un segundo plano hasta que aparece el primer problema.
La medicina preventiva y personalizada propone trasladar esa filosofía del alto rendimiento al liderazgo empresarial. Así, los expertos sostienen que es necesario cuidar antes para rendir mejor, tomar mejores decisiones y construir carreras profesionales más largas, saludables y sostenibles. Pero también para llegar a edades avanzadas con autonomía, energía y calidad de vida. Porque la longevidad ya no consiste únicamente en vivir más años, sino en conservar durante más tiempo las capacidades físicas, cognitivas y emocionales que permiten seguir disfrutando de la vida.
Esa es precisamente la filosofía que defiende el doctor Niko Mihic, director del HM Executive Health Center de HM Hospitales (centro médico especializado en chequeos de salud preventivos y personalizados) y jefe de los Servicios Médicos del Real Madrid. En esta entrevista, explica por qué el verdadero reto ya no consiste únicamente en tratar enfermedades, sino en anticiparse a ellas; cómo la inteligencia artificial está revolucionando la prevención y qué pueden aprender los líderes empresariales de la forma en que los mejores atletas cuidan su salud para sostener un rendimiento extraordinario durante años.
¿Qué se entiende hoy por longevidad?
La longevidad ha acompañado al ser humano desde hace siglos. A mí, por ejemplo, me fascinaba la historia de Juan Ponce de León y la búsqueda de la fuente de la eterna juventud cuando era niño. Hoy, seguimos persiguiendo ese mismo sueño, pero desde la ciencia. Estamos entrando en una etapa en la que ya no solo buscamos prevenir enfermedades, sino optimizar la salud y favorecer un envejecimiento saludable. Así, no se trata únicamente de vivir más años, sino de hacerlo con calidad de vida, autonomía y capacidad funcional. Ese es el verdadero objetivo de la medicina de la longevidad.
En los últimos años, incluso, se habla de revertir el envejecimiento. ¿Cuánto hay de ciencia y cuánto de promesa?
Hay una parte de realidad y otra de expectativas. Ya existen moléculas y péptidos muy prometedores que están siendo investigados y que podrían favorecer procesos de regeneración celular. Algunos todavía no están disponibles en Europa, pero sí se están estudiando en otros países como Estados Unidos o Reino Unido.
El gran avance vendrá de combinar todos los conocimientos que estamos adquiriendo para avanzar hacia la personalización. Es decir, la inteligencia artificial, los nuevos análisis de laboratorio, las técnicas de imagen y la experiencia clínica permitirán obtener respuestas mucho más rápidas y precisas para cada persona. Ya no hablamos únicamente de hacer más pruebas, sino de cruzar datos genéticos, analíticos, radiológicos y de estilo de vida para conocer mucho mejor a cada paciente. Si no estamos incorporando estas tecnologías a la práctica clínica, probablemente llegaremos tarde. La medicina del futuro será necesariamente personalizada.
¿Podemos alcanzar la longevidad poniendo de nuestra parte?
Antes de pensar en pruebas sofisticadas hay que conocerse a uno mismo. Saber cómo vivimos, qué comemos, cuánto dormimos, si hacemos ejercicio, cómo gestionamos el estrés, qué relaciones sociales mantenemos o si fumamos y consumimos alcohol. A partir de ahí, tiene sentido realizar una valoración médica completa. Nosotros utilizamos chequeos muy exhaustivos cuyo objetivo es doble. Por un lado, detectar enfermedades antes de que produzcan síntomas; pero, por otro lado, optimizar aquellos parámetros que pueden ayudarnos a vivir mejor.
La tecnología aporta muchísimo valor, pero siempre debe construirse sobre una buena historia clínica y unos hábitos de vida saludables. Porque la longevidad no depende de una única intervención, sino de la suma de muchos pequeños hábitos mantenidos durante años.
Usted trabaja con deportistas de élite. ¿Qué pueden aprender de ellos las personas que ocupan puestos de alta dirección para alcanzar un envejecimiento saludable?
Muchísimo. Un deportista profesional entiende que descansar, entrenar, alimentarse correctamente o recuperarse forman parte de su trabajo. Nadie cuestiona que dedique tiempo a cuidar su cuerpo porque sabe que de ello depende su rendimiento. Sin embargo, todavía cuesta trasladar esa misma idea al mundo empresarial. El rendimiento sostenible exige cuidar la salud. No hay ninguna diferencia entre un deportista que disputa una final y un directivo que toma decisiones críticas cada día.
¿Cuál es el principal error que cometen los altos directivos en su autocuidado?
Intentar aplicar recetas generales. Cada persona responde de forma distinta al ejercicio, a la alimentación, al descanso o al estrés. No existe una fórmula válida para todos. Por eso, hablamos de medicina personalizada. Lo importante no es conocer cuál es el valor normal de una analítica para la población general, sino cuál es el valor óptimo para cada individuo. Y aquí, es importante comprender que la medicina ya no debería limitarse a decirnos si estamos sanos o enfermos. Debe ayudarnos a optimizar nuestra salud.
¿Cómo imagina la medicina de la longevidad dentro de diez años?
Será una medicina mucho más personalizada. Combinaremos datos genéticos, biomarcadores, inteligencia artificial, dispositivos portátiles y pruebas diagnósticas para comprender mejor a cada persona y anticiparnos a la enfermedad. Nuestro objetivo será construir un auténtico mapa individual de salud que permita prevenir antes, optimizar antes y acompañar mejor a cada paciente.

