La inmunización contribuye a salvar cada año el equivalente a seis vidas por minuto. De este modo, ha conseguido consolidarse como una de las intervenciones de salud pública con mayor impacto demostrado. Sin embargo, enfermedades que en gran medida son prevenibles -como la neumonía o la bronquiolitis- siguen siendo la principal causa infecciosa de muerte en el mundo. Su impacto se concentra especialmente en los extremos de la vida, niños menores de cinco años y adultos mayores de 70, lo que supone un reto creciente para los sistemas sanitarios en sociedades cada vez más envejecidas.
Este contraste resume uno de los grandes dilemas sanitarios actuales: disponemos de herramientas preventivas eficaces pero, al mismo tiempo, seguimos soportando una elevada carga de enfermedad o comorbilidades evitables. Así lo evidencian los datos epidemiológicos. Estos demuestran que determinadas inmunizaciones en adultos no solo ayudan a prevenir infecciones, sino que también reducen hospitalizaciones, complicaciones graves e incluso eventos cardiovasculares, especialmente en personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas.
A ello se suma su impacto económico: la vacunación respiratoria puede generar retornos de entre cinco y casi veinte veces la inversión realizada. En otras palabras, además de salvar vidas, contribuye a aliviar costes sanitarios directos e indirectos. Esto incluye menos ingresos hospitalarios, menor uso de recursos asistenciales, reducción de bajas laborales y menor deterioro funcional en personas mayores. En sociedades con sistemas públicos tensionados por la demanda, cada intervención capaz de evitar enfermedad prevenible gana valor estratégico.
La rentabilidad de prevenir
Desde una perspectiva de salud pública, la prevención deja de ser una cuestión exclusivamente clínica para convertirse en una herramienta de gestión sanitaria y planificación económica. Según los expertos, es una decisión estratégica de país que permite proteger la salud de una población cada vez más longeva, preservar la capacidad del sistema asistencial y sostener el bienestar colectivo.
Además de los beneficios directos que reportan los programas de vacunación, cabe destacar los beneficios indirectos resultantes de la pérdida de productividad, absentismo laboral y/o discapacidad, entre otros. De hecho, entre el 11 por ciento y el 61 por ciento de los padres con niños con gripe causa baja en su puesto de trabajo entre 1 y 6 días para poder cuidarlos.
Invertir en vacunas para adultos
Según el informe «El valor del medicamento desde una perspectiva social 2024», elaborado por la Fundación Weber y Farmaindustria, actualmente, existen más de 40 vacunas seguras y eficaces para prevenir enfermedades, proteger la salud a lo largo de toda la vida y ayudar a prevenir y mitigar brotes epidémicos. La vacunación infantil evita cada año 4 millones de muertes en el mundo y se estima que mediante la inmunización se podrán evitar más de 50 millones de muertes entre 2021 y 2030.
Sin embargo, a pesar de que la vacunación es una de las intervenciones de salud pública más eficaces, «la cobertura vacunal se ha estancado con respecto a la década anterior a la pandemia de COVID-19, debido a que las perturbaciones asociadas a ella y los esfuerzos de vacunación sobrecargaron los sistemas de salud en 2020 y 2021″. Así lo recoge el informe de Farmaindustria.
En este escenario, la vacunación en adultos adquiere una relevancia creciente. Esta cuestión es especialmente relevante en el momento actual, en el que el aumento de la esperanza de vida es un éxito, pero también plantea nuevas exigencias. Y es que, las personas viven más años y lo hacen conviviendo con enfermedades crónicas como diabetes, patologías cardiovasculares o enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Este perfil de población presenta una mayor vulnerabilidad frente a infecciones respiratorias que pueden derivar en complicaciones graves, ingresos hospitalarios o pérdida de autonomía.
Según el Ageing Report 2024 de la Comisión Europea, el gasto sanitario público se elevará del 6,7% al 7,3% del PIB en las próximas décadas, pudiendo superar el 8% en escenarios de riesgo, mientras que Eurostat estima que, en España, el 30% de la población tendrá más de 65 años en 2030, lo que intensificará aún más la presión presupuestaria sobre el sistema sanitario.
Los expertos en Economía de la Salud aseguran que invertir en vacunas estabiliza el gasto sanitario a largo plazo y protege la actividad económica al mantener a la población más sana y funcional. En lo que se refiere a los datos, los programas de vacunación en adultos pueden devolver hasta 19 veces la inversión inicial, es decir, por cada euro invertido en vacunas para esta población se revierten 19 euros a la sociedad y a la economía si se monetizan los beneficios que van más allá del ámbito sanitario (productividad, los cuidados que se han evitado, etc.), lo que equivale a unos 4.637 dólares (3.962 euros) en beneficios netos para la sociedad por cada adulto que completa un curso de vacunación, según un reciente estudio de la Office of Health Economics de Londres.
Desde la Asociación Española de Vacunología (AEV), sin embargo, estiman que por cada euro invertido en vacunas se producen 22 euros de ahorros directos e indirectos. Este dato varía de otros estudios, ámbitos estudiados y la antigüedad de otros informes; no obstante, subraya que la vacunación es una estrategia preventiva.
El informe ‘El valor económico de la vacunación, ¿por qué la prevención es riqueza?’, elaborado por Sanofi Pasteur MSD desvelaba ya hace doce años que los programas de vacunación generan ahorros cinco veces superiores a otras medidas preventivas como, por ejemplo, la cloración del agua. En concreto, el informe señala que por cada euro invertido en vacunas se ahorran entre 4 o 5 euros de costes relacionados con el tratamiento de las enfermedades que previenen. En el caso de las vacunas infantiles actuales, el Sistema Nacional de Salud (SNS) alcanza ahorros superiores a 5 euros en costes directos y a 17 euros en costes indirectos por cada euro invertido en ambos casos.
1500 euros de inversión por persona
En nuestro país, según el informe de Actualización del coste de vacunar a lo largo de la vida en España publicado en el volumen 97 de la Revista Española de Salud Pública, el coste estimado de vacunar a una persona sana en España durante toda su vida en 2023 se situó en una media de 1.519,87 euros (1.541,56 euros por mujer y 1.498,18 euros por hombre sanos). Esto representa un aumento superior al 125% respecto a los datos de 2019, cuando el coste total se estimaba en aproximadamente 723 euros de media.
Esta actualización del coste de vacunar a lo largo de toda la vida en España, publicado por el Ministerio de Sanidad, refleja la inversión necesaria para cubrir el calendario vacunal completo desde el nacimiento hasta la vejez.

