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Ni la inteligencia artificial ni las nuevas terapias avanzadas garantizan mejores resultados en salud

La innovación sanitaria promete revolucionar el tratamiento de numerosas enfermedades y transformar el funcionamiento de los hospitales. Sin embargo, los farmacólogos clínicos advierten de que el verdadero desafío es demostrar que estos avances mejoran la vida de los pacientes y justifican los recursos que requieren

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Médicos examinando la radiografía de un paciente en una tableta en un centro médico (PEXELS)

La inteligencia artificial y las terapias avanzadas están abriendo nuevas posibilidades frente a enfermedades difíciles de tratar y la mejora de la asistencia sanitaria. Sin embargo, que el sistema sanitario disponga de herramientas más innovadoras no significa necesariamente que los pacientes reciban una mejor atención. ¿Cómo podemos saber si una innovación aporta beneficios reales? ¿Estamos midiendo sus resultados o simplemente su capacidad para transformar los procesos? Estas son algunas de las preguntas que han centrado el XXXIII Congreso de la Sociedad Española de Farmacología Clínica (SEFC), celebrado en Madrid del 21 al 23 de octubre.

El encuentro ha reunido a especialistas en Farmacología Clínica, investigadores, profesionales de otras disciplinas sanitarias y representantes de la industria farmacéutica para analizar los principales desafíos asociados a la incorporación de nuevas herramientas terapéuticas y tecnológocias. Entre ellos destacan la necesidad de evaluar los beneficios y riesgos de los tratamientos, comprobar el valor real de la inteligencia artificial, garantizar la seguridad de los medicamentos a largo plazo e incorporar las preferencias de los pacientes a las decisiones sanitarias.

En este marco, los farmacólogos clínicos desempeñan un papel fundamental. Su participación en la investigación, la evaluación de medicamentos y la farmacovigilancia permite generar evidencia sobre la eficacia y seguridad de los tratamientos, tanto antes como después de su incorporación a la práctica clínica. “La Farmacología Cínica ha sido un puntal del desarrollo de la investigación clínica en nuestro país. Fuimos pioneros en el desarrollo e implementación de la Farmacovigilancia en España, facilitamos el desarrollo de estructuras de apoyo a la Investigación Clínica independiente. Y, en la actualidad nuestro rol en el desarrollo de Terapias Avanzadas es determinante”, ha señalado Emilio Vargas Castrillón, presidente del congreso.

Inteligencia artificial: trabajar más no significa cuidar mejor

La inteligencia artificial se ha convertido en una de las grandes apuestas de transformación del sector sanitario. Su capacidad para analizar grandes volúmenes de información clínica, contribuir al desarrollo de medicamentos y automatizar tareas administrativas y asistenciales abre nuevas oportunidades para mejorar el funcionamiento de hospitales y centros de investigación. No obstante, los especialistas advierten de que una mayor eficiencia organizativa no se traduce automáticamente en mejores resultados de salud.

Así lo ha planteado Julio Mayol Martínez, catedrático de Cirugía de la Universidad Complutense de Madrid y director científico del IdISSC, durante su intervención en el congreso. “¿Por qué asumimos que automatizar procesos y hacer más equivale necesariamente a hacerlo mejor? ¿Por qué damos por hecho que los beneficios de la IA para profesionales y organizaciones se traducirán automáticamente en mejores resultados para los pacientes? La incorporación de IA no garantiza por sí misma una asistencia sanitaria de mayor valor”, ha asegurado.

Mayol ha advertido también de los riesgos asociados a una incorporación de estas herramientas que no vaya acompañada de cambios en la organización sanitaria y en la formación de los profesionales. Entre ellos, se encuentran la posibilidad de generar nuevas dependencias tecnológicas y el debilitamiento de competencias esenciales como el razonamiento crítico, el juicio profesional o la capacidad de deliberación.

Por ello, ha defendido que la inteligencia artificial debe servir para rediseñar los procesos asistenciales y liberar tiempo que pueda dedicarse a mejorar la comunicación con los pacientes y favorecer las decisiones compartidas. “La inteligencia artificial puede ser el truco que nos haga trabajar más o el trato que nos permita cuidar mejor”, ha resumido.

La cuestión, por tanto, no es únicamente cuánto tiempo puede ahorrar una herramienta tecnológica, sino qué se hace con ese tiempo y si su utilización contribuye a mejorar la calidad de la atención.

Terapias avanzadas: grandes expectativas y nuevos desafíos de seguridad

El desarrollo de las terapias avanzadas representa otra de las grandes transformaciones de la medicina contemporánea. Estos tratamientos ofrecen nuevas posibilidades frente a determinadas enfermedades, aunque su complejidad plantea importantes desafíos en términos de organización asistencial, seguimiento y seguridad.

Uno de los asuntos abordados durante el congreso ha sido el potencial de las terapias CAR-T fuera del ámbito de la hematología. Estas terapias, basadas en la modificación de células del sistema inmunitario, están siendo investigadas en enfermedades inmunológicas con el objetivo de intervenir sobre los mecanismos responsables de determinadas patologías. Aunque estas líneas de investigación abren perspectivas prometedoras, su aplicación exige seguir evaluando la eficacia y los posibles efectos adversos, además de adaptar los recursos y la organización de los centros sanitarios.

Los especialistas también han analizado la monitorización de medicamentos biológicos y la importancia de conocer los mecanismos que desencadenan reacciones adversas inmunomediadas para mejorar su prevención y tratamiento. En este sentido, Francisco José de Abajo Iglesias, catedrático de Farmacología de la Universidad de Alcalá y responsable de la Unidad de Farmacología Clínica del Hospital Príncipe de Asturias, ha recordado que “la vigilancia de la seguridad debe mantenerse durante toda la utilización de los medicamentos”.

El experto ha explicado que algunas reacciones adversas, incluso graves, pueden detectarse únicamente cuando los tratamientos comienzan a utilizarse en poblaciones más amplias que las incluidas en los ensayos clínicos. “Para detectarlas lo más precozmente posible, evaluar de forma continuada la relación beneficio-riesgo de los medicamentos y prevenir de forma efectiva los riesgos, se realiza la farmacovigilancia”, ha señalado.

De este modo, la innovación terapéutica no termina cuando un medicamento llega al mercado. Su seguimiento posterior resulta esencial para comprobar cómo funciona en condiciones reales y detectar riesgos que podrían no haberse identificado durante su desarrollo.

El desafío de demostrar qué innovaciones merecen incorporarse al sistema sanitario

La llegada de nuevos tratamientos y tecnologías también obliga a revisar cómo se evalúa su valor y qué criterios deben orientar las decisiones sobre su utilización y financiación. En un sistema sanitario que debe responder a necesidades crecientes con recursos limitados, la evaluación rigurosa de las innovaciones adquiere una importancia especial.

Arantxa Sancho López, farmacóloga clínica del Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda, ha analizado durante el congreso los primeros meses de funcionamiento del Reglamento europeo de Evaluación de Tecnologías Sanitarias. Esta normativa busca reforzar la cooperación europea en la evaluación clínica de nuevas tecnologías, aunque su aplicación plantea desafíos organizativos y metodológicos. Sancho considera que todavía existe poca experiencia para emitir un juicio definitivo sobre su funcionamiento, pero ha señalado la necesidad de simplificar los procedimientos y centrar las evaluaciones en aquellos aspectos que realmente aporten información relevante para la toma de decisiones.

En el caso español, ha destacado la importancia de garantizar el rigor del proceso y evitar duplicidades dentro del Sistema Nacional de Salud. “Es un modelo complejo y su implantación debe ser necesariamente dinámica y flexible, sujeta a un aprendizaje continuo”, ha explicado. La especialista ha recordado, además, que evaluar una tecnología sanitaria requiere tener en cuenta dimensiones económicas, legales, éticas, organizativas, sociales, ambientales y de género, lo que exige incorporar nuevas competencias y fomentar la colaboración entre disciplinas.

Los pacientes también deben decidir qué significa innovar

Más allá de la eficacia de los tratamientos y de su impacto económico, el congreso ha puesto sobre la mesa otra cuestión fundamental. Esta es: quién decide qué resultados son verdaderamente importantes para los pacientes. Los especialistas han defendido que las personas que reciben los tratamientos deben participar de forma más activa tanto en la investigación clínica como en las decisiones asistenciales y administrativas relacionadas con los medicamentos.

Esta participación puede ayudar a identificar necesidades que no siempre quedan reflejadas en los indicadores clínicos tradicionales y a valorar aspectos como la calidad de vida, la autonomía o las dificultades que implica seguir un determinado tratamiento. “No solo debemos decir que debe ser el centro del sistema, debemos darle poder para que sus opiniones sean consideradas y, en algunos casos ser determinantes”, ha defendido Emilio Vargas Castrillón.

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