Tras meses de pulso entre dos gigantes del private equity, la partida por hacerse con easyJet tiene ganador. Apollo Global Management se ha impuesto tras la retirada de Castlelake, que llegó a mejorar su oferta hasta cinco veces sin conseguir igualar las 7,15 libras por acción que finalmente ha puesto sobre la mesa el fondo estadounidense. La operación valora a la aerolínea británica en unos 5.700 millones de libras (6.650 millones de euros) y cuenta con el respaldo unánime del consejo, incluido su mayor accionista y fundador, Sir Stelios Haji-Ioannou. La aerolínea naranja, deja así de ser, después de treinta años, una compañía cotizada e independiente para pasar a manos de uno de los mayores gestores de activos alternativos del mundo.
Qué puede cambiar dentro de la compañía
El visto bueno del consejo no significa que la operación vaya a ser indolora. La lógica del capital riesgo es distinta a la del mercado cotizado: horizontes de inversión más cortos, mayor apalancamiento y una presión constante por extraer valor en pocos años. Es más que lógico pensar que Apollo entrará en esta casa con un plan de eficiencia ya diseñado, que pasará por renegociar con proveedores, revisar bases y poner la lupa sobre las rutas menos rentables. También es previsible que acelere el negocio puramente turístico, ya que easyJet Holidays, su división de paquetes vacacionales es el segmento de mayor crecimiento y está dando mejores márgenes de la compañía. Le dieron la vuelta a la Tour operación y se han llevado el gato al agua.
A todo esto, y con casi con toda seguridad, es probable que la operación venga acompañada de deuda, algo que obligará a vigilar de cerca el balance de una aerolínea que ya opera en un sector de márgenes ajustados y es muy sensible al precio del combustible. Por otro lado, no hay que olvidar un obstáculo regulatorio nada menor: al ser una firma estadounidense, Apollo no puede controlar directamente una aerolínea con licencia europea, y tendrá que estructurar la operación con un socio comunitario para no perder los derechos de vuelo dentro de la UE.

El perfil del comprador
Apollo no es precisamente un novato en esto de la aviación comercial. Gestiona cerca de 1,05 billones de dólares en activos y ha invertido previamente en compañías como las estadounidenses Atlas Air y Sun Country Airlines o la mexicana Aeroméxico, además de haber estado entre los inversores que participaron en los procesos de reestructuración de SAS, la histórica aerolínea escandinava. Es, en definitiva, un inversor que entiende del negocio aéreo y que suele buscar activos con caja estable, ingresos auxiliares sólidos y potencial de reestructuración.
Lo anterior encaja con lo que easyJet representa hoy: una marca consolidada, slots valiosos en aeropuertos clave como Londres Gatwick, Milán-Malpensa, Ginebra, Ámsterdam o París, y una división vacacional en plena expansión. Todo ello en una acción que había llegado a revalorizarse casi un 50% en bolsa ante el interés comprador.

¿Qué supone para el sector?
La operación llega en un momento de fuerte presión de costes para la industria de la aviación: combustible más caro por la inestabilidad en Oriente Próximo, tipos todavía elevados y una demanda que exige más segmentación. El sector low cost europeo lleva tiempo mostrando dos tendencias paralelas: una mayor diferenciación de la oferta y consolidación creciente vía fusiones, compras y acuerdos conjuntos. La entrada de Apollo confirma esa segunda tendencia, aunque con un matiz relevante: la de hoy no es una fusión entre aerolíneas, sino la irrupción de capital financiero puro en un activo estratégico europeo, algo distinto a lo visto con las compras protagonizadas por los grupos IAG, Lufthansa o Air France-KLM.
¿Será tendencia?
Todo apunta a que sí. El capital riesgo lleva años rondando el sector aéreo europeo. Castlelake ya había intentado antes entrar en SAS junto al propio Apollo, atraído por marcas fuertes, slots escasos y flujos de caja predecibles. La operación de easyJet, por su tamaño y visibilidad, puede animar a otros fondos a mirar aerolíneas europeas de tamaño medio infravaloradas frente a sus activos intangibles. Sin embargo, la propia complejidad regulatoria de esta compra (la necesidad ya comentada de un socio europeo para sortear las normas de propiedad de la UE) recuerda que la aviación sigue siendo un sector protegido y politizado por su carácter estratégico, lo que limitará una oleada indiscriminada de operaciones similares. Al tiempo.

