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BRUSK: un aliciente cultural extra para visitar Brujas

La ciudad flamenca, Patrimonio de la Humanidad, carecía de un espacio para grandes exposiciones temporales. En mayo inauguró el museo que actúa como reclamo y contraste entre lo antiguo y lo nuevo.

El Centro de Congresos de Brujas, un ejemplo de cómo la arquitectura contemporánea convive con el patrimonio histórico de la ciudad belga.

Brujas, la ciudad que durante la Edad Media fue el gran centro financiero y comercial del norte de Europa, un nodo de comunicación en el que se establecieron las rutas mercantiles marítimas y terrestres gracias a su cercanía al mar, está considerada como el destino turístico más hermoso de Bélgica. Y no le falta razón a la aseveración: la pequeña ciudad flamenca conserva intacta la fascinante belleza arquitectónica de su estructura medieval, circunstancia propiciada, curiosamente, por el frenazo que se produjo en su desarrollo económico por el cierre de sus canales: la acumulación gradual de lodos y sedimentos bloqueó el acceso de los grandes barcos mercantes al mar, lo que propició que los comerciantes y bancos internacionales trasladaran sus operaciones a la cercana ciudad de Amberes, quedando Brujas como congelada en el tiempo.

Su atractivo es tal que, en 1998, su casco histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Y, para seguir fomentando el turismo en la ciudad, con una componente cultural contemporánea, en 2015 se recuperó la celebración de una exposición trienal de arte y arquitectura, la llamada Trienal de Brujas, que se había dejado de celebrarse en 1974, después de su creación en 1968.

Las cuatro ediciones que han acontecido en lo que llevamos de siglo XXI –la próxima tendrá lugar en 2027, del 24 de abril al 5 de septiembre– han supuesto la relativa desestacionalización de la visita de la ciudad, además de contribuir a descentralizar los flujos de visitantes hacia zonas menos masificadas. De paso, han propiciado una transformación de la experiencia turística de la ciudad, centrada en el arte contemporáneo al aire libre.

Fruto de esa transformación, la ciudad ha levantado en pleno corazón medieval un edificio plenamente contemporáneo –que, sin embargo, no atenta contra su legado histórico– destinado a convertirse en el gran centro de arte de la ciudad. Se llama BRUSK, y desde su apertura el pasado 8 de mayo se ha constituido en el nuevo eje del futuro Barrio de los Museos de Brujas, impulsado por Musea Brugge, la red que agrupa trece museos y monumentos de la ciudad.

Diálogo arquitectónico con la ciudad

BRUSK nació para dotar a la ciudad de un espacio capaz de acoger muestras temporales de gran formato, algo que la densidad museística del centro histórico –repleto de obras de Jan van Eyck, Hans Memling o Gerard David repartidas en edificios diminutos– nunca había permitido. El museo no pretende competir con la imagen histórica de la ciudad, sino abrirla a nuevas conexiones culturales, y el centro se define más como un lugar de intercambio, producción y encuentro, que como un museo en su sentido tradicional. En realidad, BRUSK forma parte de un plan a corto plazo que incluye la creación de un gran parque museístico urbano previsto para 2031, lo que convierte esta apertura en apenas el primer capítulo de una transformación de largo recorrido para el distrito museístico de la ciudad.

Kunsthal Brusk

El edificio en sí, al contrario de lo que sucede en París con el Centro Pompidou, que revolucionó arquitectónicamente una amplia zona de la ciudad y costó lustros que sus habitantes lo interiorizaran como “algo propio”, no ha supuesto una ruptura estética con las características del casco histórico de Brujas. No compite en altura con los monumentos circundantes y su entrada funciona como una plaza o extensión de la calle: la planta baja es un espacio de 2.500 metros cuadrados completamente abierto, con grandes ventanales que difuminan la frontera entre interior y exterior, de libre acceso incluso sin entrada a las exposiciones, y que funciona como una auténtica plaza urbana cubierta desde la que también se accede a la tienda y al bar del museo. Esta planta se llama la Scala y atraviesa el edificio de norte a sur. En su interior alberga uno de los primeros encargos artísticos del centro: un fresco monumental de la artista francesa Laure Prouvost titulado “The Whispering Walls Rêve”, de nada menos que 350 metros cuadrados.

Kunsthal Brusk | Tentoonstelling Breedbeeld

En la primera planta, dos monumentales salas de exposiciones garantizan que siempre haya una o dos muestras visibles simultáneamente, un esquema pensado para dar continuidad a una programación ambiciosa sin depender de las limitaciones espaciales que durante décadas condicionaron la vida expositiva de la ciudad. La programación inaugural de BRUSK plantea, de forma deliberada, un contraste radical entre pasado y futuro, y ambas muestras pueden visitarse con una sola entrada.

Dak BRUSK © Studio Woester

La primera es “Latent City”, la primera exposición individual en Bélgica del artista turco-estadounidense Refik Anadol, uno de los nombres más influyentes del arte digital contemporáneo. La instalación, concebida específicamente para el edificio, parte de datos recopilados en la propia Brujas –redes urbanas medievales, estructuras arquitectónicas, colecciones artísticas y flujos metropolitanos– procesados mediante modelos de inteligencia artificial entrenados con millones de imágenes de ciudades de todo el mundo. El resultado es un entorno inmersivo creado por múltiples pantallas de led que generan imágenes de movimientos y variaciones lumínicas que mutan en tiempo real, convirtiendo la sala en algo más parecido a un organismo vivo que a un espacio museístico convencional. “ Latent City” puede visitarse hasta el 8 de noviembre de 2026.

Frente a esta mirada hacia el futuro se sitúa “Bigger Picture: Connected Worlds of Bruges 900-1550”, la gran apuesta de historia cultural del centro y la exposición clave para quien visite BRUSK antes de que termine el verano, ya que cierra sus puertas el 6 de septiembre de 2026. Comisariada por el historiador británico Peter Frankopan, profesor de Oxford conocido por reinterpretar la globalización no como un fenómeno moderno sino como un proceso de muy larga duración, la muestra reúne más de 250 obras y objetos patrimoniales procedentes de instituciones de primer nivel internacional, entre ellas el Louvre, la National Gallery de Londres, el Kunsthistorisches Museum de Viena o los Musei Reali de Turín.

El recorrido se organiza en torno a cinco grandes ámbitos temáticos –el mar del Norte, el cristianismo, el Mediterráneo, las cortes europeas y los llamados “nuevos mundos”–, y reconstruye los vínculos comerciales y culturales que convirtieron a Brujas en uno de los centros más dinámicos de la Edad Media, tendiendo puentes entre Escandinavia, el Mediterráneo, el Oriente cristiano y el mundo islámico. Entre las piezas destacadas figuran obras de Jan van Eyck, Hans Memling y Gentile Bellini, junto a manuscritos excepcionales, mapas medievales, reliquias y objetos arqueológicos, además de tapices monumentales que ayudan a desmontar la imagen de una Edad Media ensimismada para revelar una ciudad profundamente conectada con las redes globales de su época.

La combinación de ambas muestras no es casual: el propio museo la plantea como su seña de identidad. El contraste entre la pintura del siglo XV que puebla los museos vecinos y el arte digital de Anadol funciona como el hilo conductor perfecto para hablar de la “eterna vanguardia” de Brujas.

BRUSK y el turismo de la región

Para una ciudad cuya economía turística ha dependido tradicionalmente de los canales, el campanario y los lienzos de los Primitivos Flamencos, BRUSK introduce un argumento nuevo y muy potente: la posibilidad de volver a Brujas por razones distintas a las de siempre. La ciudad estaba tan repleta de arte histórico que apenas contaba con espacio para exhibir arte contemporáneo y grandes exposiciones temporales, una limitación que durante más de tres siglos obligó a rotar las colecciones permanentes y a relegar buena parte de ellas a los depósitos. Con BRUSK, esa restricción desaparece, y la ciudad gana una infraestructura capaz de competir por exposiciones internacionales de primer nivel, algo que hasta ahora quedaba fuera de su alcance. Su puesta en marcha ha representado una de las mayores inversiones culturales realizadas en las últimas décadas en Flandes, una apuesta que las instituciones turísticas de la región presentan abiertamente como reclamo y contraste entre lo antiguo y lo nuevo: a solo unos pasos de BRUSK, el visitante puede encontrarse con el Museo Groeninge, el Museo Gruuthuse o el Hospital de San Juan, los santuarios de los Primitivos Flamencos.

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