Tras una primera fase centrada en identificar a personas con una especial inclinación por la curiosidad y la exploración, la campaña Gen Explorador impulsada por Turismo de Tenerife avanza ahora hacia una segunda etapa más experiencial. Tres testers seleccionados en España y Portugal -entre más de 20.000 usuarios, y generando 5.000 solicitudes en menos de 24 horas- han viajado a la isla para sumergirse en un itinerario abierto que propone una forma distinta de conocer el destino. Los testers han sido la andaluza Alba Mancera (25 años, Málaga), vinculada profesionalmente al surf y apasionada de la acción; el portugués Bruno Miguel da Cunha Henriques (47 años, Lisboa), investigador académico en Artes Escénicas; y la gallega Marta Trillo (26 años, Santiago de Compostela), biomédica e influencer.

El punto de partida es una idea sencilla: hay quienes sienten una necesidad constante de descubrir, de ir más allá de lo evidente. A esa pulsión se la ha denominado Gen Explorador, asociado a la variante genética DRD4-7R, presente en una parte de la población y vinculada a la búsqueda de nuevas experiencias. Sobre ese concepto se construye una propuesta turística que busca conectar ciencia, territorio y vivencias reales.
Durante su estancia en Tenerife, los testers han recorrido enclaves menos transitados y han participado en actividades diseñadas para activar esa mirada exploradora. Lejos de plantear un recorrido cerrado, el enfoque apuesta por mostrar la diversidad de la isla a través de experiencias que combinan naturaleza, cultura, gastronomía y deporte. «Tenerife no se cuenta, se siente: una isla que te eleva entre el mar, el cielo y la vida», como dice Alba Mancera.
En el entorno marino, las actividades han girado en torno a una interacción respetuosa con el medio. Desde el avistamiento de cetáceos en la zona de Los Gigantes hasta travesías en kayak o prácticas de windsurf en puntos clave de la costa, el objetivo es vincular la actividad física con la concienciación ambiental.
La exploración terrestre se ha articulado en espacios naturales que permiten una reconexión pausada con el entorno. Los bosques de laurisilva en Anaga, los paisajes volcánicos del entorno del Teide o los senderos del macizo de Teno forman parte de un conjunto de propuestas que priorizan el impacto mínimo y el contacto directo con el territorio. A ello se suma la observación del cielo nocturno, aprovechando las condiciones de la isla como destino Starlight.
La propuesta gastronómica ocupa también un lugar relevante. Las experiencias han incluido paradas en restaurantes locales y visitas a viñedos volcánicos, poniendo el foco en el producto de proximidad y en el papel del sector primario dentro del ecosistema turístico. La intención es que el visitante no solo consuma, sino que entienda el origen y el valor de lo que encuentra.

El recorrido se ha completado con propuestas culturales que conectan pasado y presente. Espacios como el Museo de la Naturaleza y la Arqueología, el patrimonio histórico de municipios como La Orotava o Garachico, o la vida cotidiana reflejada en mercados tradicionales permiten aproximarse a la identidad de la isla desde diferentes perspectivas. También hay lugar para la arquitectura contemporánea y las expresiones culturales actuales en Santa Cruz. Con ese espíritu, Bruno Miguel da Cunha Henriques aconseja al viajero que «se pierda y se aventure, pues cada esquina trae una nueva sorpresa y el compás del tiempo traza el dibujo de las sombras por las paredes».

Más allá de las actividades concretas, la iniciativa plantea una reflexión sobre la forma de viajar. Frente a modelos más estandarizados, se propone una relación más consciente con el destino, en la que el respeto por el entorno, el apoyo a la economía local y el contacto auténtico con la comunidad forman parte esencial de la experiencia. Y es que, como dice Marta Trillo, “el cariño de la gente de allí es lo que marca la diferencia y lo que convierte a la experiencia en inolvidable”.
Tenerife se presenta así como un territorio abierto a múltiples formas de exploración, donde cada visitante puede construir su propio recorrido en función de sus intereses y su forma de entender el viaje.

