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36 horas en Recife, sin mapa fijo

En una esquina del gigante brasileiro aguarda la capital de Pernambuco. Día y medio es suficiente para llenar la retina con su historia, sus playas y su música.

Vista de Recife desde Olinda. UNSPLASH

Es decir “Brasil”, y nuestra mente hace desfilar, como si estudiaremos en el sambódromo de Rió, un sinfín de playas, música, caipirinhas… Y es que Brasil, esa «metáfora del mundo», que le decía Paulo Coelho, tiene de todo ello para llenar esta vida y miles más. Pero, casi tan grande como nuestra Europa, hay que levantar la mirada de Río o Sâo Paulo y posarla en la esquina del nordeste, donde está Recife, la capital del estado de Pernambuco. Toca exprimirla en día y medio: no se pierda nada.

10h00: Museu da Cidade do Recife

Desde que Iberia inauguró su ruta a finales de 2025, solo siete horas de vuelo separan Madrid de la capital pernambucana. Desembarcamos a tope de energía: ideal para comenzar a descubrir la historia de la ciudad en el Museo de la Ciudad de Recife, ubicado en el histórico Fuerte das Cinco Pontas, construido por los holandeses en 1630 y que, con su peculiar forma de estrella, es el principal monumento de la ciudad.

El museo exhibe más de 150.000 piezas que detallan la transformación de la ciudad, que fue la primera en fundarse en Brasil –los portugueses se establecieron aquí en 1537– e, incluso, posesión holandesa entre 1630 y 1654. En el parque del museo, no faltan puestos en los que comprar agua de coco.

12h00: Marco Zero

La herencia de Recife es luso-brasileña, con influencias africanas, indígenas, españolas, judías y holandesas: una feijoada que se traduce en cada aspecto de su vida cotidiana y, por supuesto, en su entramado urbano. En la Praça Rio Branco está el Marco Zero, el punto en que, cuenta la leyenda, los portugueses fundaron la ciudad.

Una gigantesca rosa de los vientos pintada en el pavimento así lo recuerda: mide todas las distancias del estado de Pernambuco. Aquí está el Centro Cultural Cais do Sertao, un coqueto museo contemporáneo, dedicado a la cultura del interior del estado –el Sertao– y al músico Luiz Gonzaga, el pernambucano más famoso, con permiso de Lula. Un rato de folclore y mucho Brasil.

14h00: Restaurante Leite

El paseo hace estragos en el apetito: ningún sitio mejor para aplacarlo que el Restaurante Leite (Praça Joaquim Nabuco, 147). Fundado en 1882, es el restaurante más antiguo de Brasil. Ubicado en una mansión histórica, comer en Leite es toda una experiencia por su ambiente aristocrático clásico –con pianista incluido–, la coreografía de la sala –sus camareros, escrupulosamente vestidos, sirven a la velocidad del rayo a una parroquia compuesta por las fuerzas vivas de la ciudad– y, desde luego, por su carta, de cocina tradicional. No hay que perderse su moqueca (guiso de pescado con leche de coco) ni su plato estrella, la carne do Sol do Sertao.

17h00: navegando por los canales

Ahora hay que tomar un barquito y navegar los más de 50 canales y puentes que le dan a Recife el sobrenombre de “Venecia de Brasil”: la ciudad se asienta sobre el delta del río Capibaribe y se fragmenta en islas urbanas. De esos puentes, el más famoso es el Mauricio de Nassau, el más antiguo, que en cada carnaval se transforma en escenario del paso del Galo de Madrugada, el bloco más emblemático de Recife. Al atardecer, la temperatura baja y el paseo marítimo del centro se llena de paseantes, chavales jugando al fútbol y tenderetes: para perder la noción del tiempo.

20h00: Rúa da Moeda

Cae la noche y hay que salir por la rua da Moeda, en el Recife Antiguo.En las tres manzanas de esta calle peatonal hay bares y restaurantes, como Rota do Marujo o Torres, en los que alternan familias, tribus urbanas y viajeros: los cubos de Brahma bien fría y los platos con carnes a la brasa llenan las mesas de las terrazas. En la zona hay almacenes portuarios reconvertidos en comercios y galerías, como la estupenda Livraria Jaqueira.

9h00: mercado de San José

Para sacudir el jet lag y comenzar la jornada a tope, nada como dejarse espabilar por el trasiego del Mercado de San José (Praça Dom Vital, al lado de la estación de autobuses. Abierto toda la semana de 6h a 18h; los domingos, hasta las 12h). Inaugurado en 1875, destaca por ser el edificio prefabricado de hierro más antiguo de todo el país, con una arquitectura inspirada en los mercados públicos de París. Es el lugar ideal para sumergirse en la cultura pernambucana y conseguir artesanías o productos locales a precios muy bajos: y las bancas de productos frescos -pescado, carnes, aves…- son un auténtico espectáculo para los sentidos. 

11h00: Porto de Galinhas

Es hora de regresar a casa, pero no sin haber ido a la playa: las mejores en Recife son las de Porto de Galinhas, unos 60 kilómetros al sur. Playas de aguas turquesa, arrecifes y piscinas naturales, como Muro Alto, Cupe y la propia Porto de Galinhas, surferos y cometas: de película. Y un animado mercadillo para llenar la maleta de artesanía a muy buenos precios.

14h00: Olinda

La última parada antes de embarcar de vuelta tiene que ser Olinda. A un paso de Recife, es una de las ciudades coloniales mejor conservadas de Brasil y Patrimonio de la Humanidad. Fundada en el siglo XVI, su casco histórico de empinadas calles empedradas, caserones, iglesias y conventos y casas con fachadas de colores es todo un descubrimiento, repleto de talleres de artesanos, tiendas y restaurantes tradicionales. Desde el Alto da Sé, el punto más elevado de Olinda, Recife y el océano se confabulan para que no los olvidemos. No lo haremos.

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