Una de las pinacotecas más importantes del mundo ha decidido dar un paso adelante para ampliar y completar aún más su colección, hasta el punto de convertirse en el único museo dedicado exclusivamente a la pintura capaz de abarcar toda la historia de la tradición occidental, desde sus orígenes hasta la actualidad. Hablamos de la National Gallery, uno de los iconos culturales más visitados de Londres y, hasta ahora, también uno de los más reacios a transformarse, con apenas grandes cambios en sus dos siglos de historia. Como dice el dicho «mejor tarde que nunca», ahora, el museo afronta una nueva ampliación diseñada por el arquitecto japonés Kengo Kuma, en colaboración con BDP y MICA.
Su propuesta se impuso en un concurso internacional lanzado en septiembre de 2025, al que se presentaron 65 proyectos. El jurado seleccionó seis finalistas y terminó decantándose por el equipo de Kuma por la claridad de su planteamiento y su sensibilidad hacia el entorno histórico. El objetivo es exhibir obras de los siglos XX y XXI, para de esta manera redefinir su futuro y alcanzar el siguiente nivel arquitectónico y expositivo.
Entre los estudios que llegaron a la fase final había nombres de gran peso en la arquitectura internacional, como Farshid Moussavi junto a Piercy & Company, Foster + Partners con Studio Adrien Gardère, y Renzo Piano en colaboración con varias firmas. También figuraban Studio Seilern Architects y el equipo formado por Purcell y Selldorf Architects, responsables de la renovación del ala Sainsbury.
Un nuevo ala, un nuevo hito cultural
La ampliación forma parte del ambicioso Proyecto Domani, valorado en 750 millones de libras (unos 862 millones de euros), y supone la intervención más importante en los más de 200 años de historia del museo, fundado en 1824. El objetivo es dar cabida a una colección en crecimiento y, por primera vez, incluir de forma amplia obras posteriores a 1900, lo que permitirá al museo recorrer toda la historia de la pintura occidental hasta la actualidad.

El diseño de Kuma apuesta por un equilibrio entre continuidad y contraste. En las plantas inferiores predominan bóvedas y formas curvas que dialogan con las galerías históricas, mientras que en los niveles superiores aparece una geometría más definida que introduce una experiencia espacial diferente para el visitante. El jurado destacó precisamente esa combinación de sencillez, limpieza e innovación como uno de los puntos fuertes del proyecto.
En el exterior, el edificio utilizará piedra de Portland y una composición de volúmenes escalonados para integrarse en el entorno urbano. Además, se crearán nuevas conexiones entre Leicester Square y Trafalgar Square, junto con espacios públicos ajardinados y una cubierta verde que aportará más vegetación al centro de Londres. La nueva ala se levantará en el solar de St Vincent House, un terreno adquirido hace casi tres décadas para ampliar el museo.
Cifras y otros datos a tener en cuenta
La financiación del proyecto también ha resultado ser un hecho histórico: ya se han recaudado 375 millones de libras, incluyendo dos donaciones récord de 150 millones cada una por parte de la Crankstart Foundation y el Julia Rausing Trust. Sin embargo, la institución no está exenta de dificultades, ya que afronta un déficit de 8,2 millones de libras que podría traducirse en recortes. A esto se suma el debate sobre el impacto de la ampliación en su histórica relación con la Tate y las posibles controversias que siempre acompañan a grandes transformaciones arquitectónicas.

