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Tenerife, una escapada de golf los 365 días del año

Clima suave, paisajes volcánicos y campos que se asoman al Atlántico han convertido a la isla en uno de los grandes destinos europeos para quienes buscan combinar juego, descanso y buena gastronomía.

Foto: Turismo de Tenerife.

Que Tenerife se haya consolidado como uno de los destinos de golf más sólidos del sur de Europa no es casualidad. Mientras gran parte del continente despide la temporada cuando llega el invierno, aquí el calendario permanece abierto los doce meses del año. La estabilidad del clima —con temperaturas en torno a 23 ºC durante prácticamente los 365 días—, la calidad de la luz atlántica y un paisaje marcado por volcanes, vegetación subtropical y vistas abiertas al océano convierten cada ronda en algo que va más allá del propio juego. Aquí, el golf se vive a otro ritmo.

En pocos kilómetros se concentran ocho campos de alto nivel que permiten diseñar escapadas muy distintas entre sí: trazados que se asoman al Atlántico, otros que serpentean entre antiguas terrazas agrícolas o greens que miran hacia la silueta del imponente Teide. Esa diversidad paisajística hace que cada partida tenga un carácter propio, pero también que el viaje pueda construirse a medida, alternando jornadas de juego con descanso y gastronomía.

Algunas de las instalaciones más emblemáticas del destino han sido diseñadas por grandes nombres del panorama internacional. Firmas como las de Severiano Ballesteros, Dave Thomas, Donald Steel o Pepe Gancedo han dejado su huella en recorridos que combinan exigencia técnica con una fuerte personalidad visual. En Buenavista Golf, por ejemplo, varios hoyos se acercan al límite de los acantilados y el océano aparece constantemente en el horizonte; mientras que en Abama Golf la vegetación exuberante, los lagos y las panorámicas hacia la costa construyen uno de los paisajes más reconocibles del golf español.

Foto: Turismo de Tenerife.

La experiencia adquiere una dimensión aún más singular en Amarilla Golf, donde uno de sus hoyos más conocidos obliga a lanzar la bola directamente sobre el mar antes de alcanzar el green. En otros campos, como Golf Costa Adeje o Golf del Sur, el paisaje volcánico y la arquitectura del terreno definen la personalidad del trazado y añaden un componente escénico que forma parte del propio paisaje.

Más allá del golf: descanso y bienestar

Pero el golf rara vez se vive de forma aislada. Gran parte de su atractivo reside precisamente en la manera en que el juego se integra en una escapada de descanso y bienestar. Varios resorts de cuatro y cinco estrellas se encuentran vinculados a los propios campos o a pocos minutos de los tees, facilitando una estancia cómoda que combina spa, gastronomía y vistas al mar y convierte cada viaje en una escapada donde deporte, descanso y hospitalidad de alto nivel conviven de forma natural. Hoteles como Meliá Hacienda del Conde, junto a Buenavista Golf; Las Madrigueras, con acceso directo a Golf Las Américas; o el contemporáneo Royal Hideaway Corales Resort, muy próximo a Golf Costa Adeje, ilustran bien esa relación entre alojamiento y campo.

Foto: Turismo de Tenerife.

Ese equilibrio entre naturaleza, hospitalidad y calidad de juego es uno de los elementos que han consolidado la reputación internacional de la isla. A lo largo de las últimas décadas Tenerife ha acogido torneos nacionales e internacionales, desde distintas ediciones del Open de España o el Open de Canarias hasta encuentros profesionales y eventos vinculados al sector del golf. Estas citas han contribuido a consolidar su presencia en el circuito europeo, reforzando un posicionamiento que combina tradición deportiva con un entorno singular.

En esa mezcla de clima privilegiado, campos con identidad propia y hoteles pensados para el descanso se encuentra la clave del éxito de Tenerife como destino de golf: un lugar donde el calendario permanece abierto todo el año y donde cada ronda se convierte, en realidad, en una forma distinta de descubrir el territorio.

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