Un paso más cerca del milagro. Y un nivel más alto para alcanzar el cielo. Este pasado viernes 20 de febrero, la Sagrada Familia logró un hito histórico con la coronación de la Torre de Jesús. Los operarios colocaron el brazo superior de la cruz, la pieza que completa la estructura central y eleva el templo a su altura definitiva, utilizando gigantes grúas y maniobras de gran precisión. La operación fue seguida en directo desde distintos puntos de la ciudad, además de por redes sociales, mientras la ciudadanía contenía la respiración ante este acontencimiento que marca un antes y un después en el skyline de Barcelona. La colocación se había aplazado días antes por el temporal de viento que afectó a la ciudad.
Con esta coronación, la Sagrada Familia alcanza los 172,5 metros, convirtiéndose en la iglesia más alta del mundo. La decisión de esta altura no fue casual: Gaudí quiso que la torre principal permaneciera levemente más baja que la montaña de Montjuïc, que alcanza los 177,7 metros, para que ninguna obra humana superara la creación de Dios. Desde octubre, cuando la basílica llegó a 162,9 metros, ya se había convertido en la iglesia más alta de la ciudad, pero ahora, con la torre central completa, ha alcanzado otro nivel en los libros de la historia arquitectónica española y mundial.
La Torre de Jesús se suma a las ocho torres de los apóstoles, las cuatro de los evangelistas y la de la Virgen María, creando un “bosque de piedra” que se eleva hacia el cielo, en el que la arquitectura y la religión dialogan de forma simbólica. La cruz, con sus brazos señalando los puntos cardinales, lleva inscrita la frase en latín “Tu solus Sanctus, Tu solus Dominus, Tu solus Altissimus”, que significa “tú eres el único Santo, tú eres el único Señor, tú eres el único Altísimo”.
La cruz de la Torre de Jesús mide 17 metros de altura, equivalente a un edificio de cinco plantas, y 13,5 metros de ancho. Está formada por un brazo vertical y cuatro horizontales, siguiendo la geometría de doble giro que Gaudí utilizó en las columnas del templo. Cada brazo pesa 12,8 toneladas, fue fabricado en Alemania y premontado a 54 metros de altura sobre la nave central. Las piezas combinan cerámica blanca esmaltada y vidrio curvado, con ventanales que permitirán contemplar la ciudad desde la cúspide, y reflejan el deseo de Gaudí de que la cruz pareciera de cristal.
El interior de la torre cuenta con una escalera de caracol y un ascensor de vidrio que conducirá a un mirador a 164 metros. Además, se instalarán potentes focos en las torres de los evangelistas y apóstoles, cuyas luces iluminarán la cruz, cumpliendo la visión original de Gaudí de un templo que brilla y se integra con la luz natural y artificial.
¿Qué es lo que queda?
A pesar de que la torre central ya está coronada, aún queda pendiente la construcción de la fachada de la Gloria sobre la calle Mallorca, cuya escalinata monumental podría implicar derribar viviendas y desalojar vecinos, lo que ha generado controversia. La Junta Constructora ya ha solicitado bocetos a artistas contemporáneos como Miquel Barceló, Cristina Iglesias y Javier Marín para esta última fase, que se espera concluir en la próxima década.
La coronación de la Torre de Jesús no solo representa un avance constructivo, sino que completa la silueta definitiva del templo en el skyline de Barcelona. La inauguración oficial será el próximo 10 de junio, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Gaudí, y se prevé la asistencia del Papa León XIV para consagrar la estructura en un año que también celebra el centenario del arquitecto, marcando así un momento histórico para la ciudad y para la obra cumbre de Antoni Gaudí.
