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Un otoño dorado en Innsbruck

Los alerces por fin tiñen de oro las montañas, e Innsbruck invita a bajar el ritmo. Naturaleza, fauna, bienestar y delicias locales componen un otoño íntimo y sensorial entre la ciudad y los paisajes del Tirol más auténtico.

Viajar en otoño a Innsbruck
INNSBRUCK TOURISMUS / ASHLEY WIGGINS

Durante unas semanas, antes de que llegue el invierno y cubra los colores con su manto helado, los bosques del Tirol parecen arder con un fuego que no quema. Sucede a principios de noviembre, en la meseta de Mieming, cuando los alerces pierden su verdor estival y sus agujas adquieren un tono cobrizo y dorado. Con la llegada de los brennende Lärchen –«alerces en llamas»–, las laderas al pie de las cumbres se envuelven en una luz cálida y suave. Es la última fiesta de la naturaleza antes de que el paisaje se sumerja en un blanco inmaculado.

A solo unos kilómetros, Innsbruck ofrece un otoño lleno de contrastes. La capital del Tirol conserva la elegancia de su pasado imperial, pero vive con la mirada puesta en las montañas. Desde su casco antiguo, las cimas de la Nordkette destacan sobre el horizonte como un telón pétreo; bastan solo veinte minutos para ascender desde el centro hasta las alturas. Pocas ciudades permiten sustituir con tanta facilidad el bullicio de las calles por el susurro del bosque, o el trasiego de los cafés junto al Tejadillo de Oro por un sendero sobre el valle del Eno.

Luca Jänichen / Innsbruck Tourismus

Pero aquí el otoño no solo se disfruta con la vista. A principios de octubre, la berrea de los ciervos rompe el silencio crepuscular en el valle de Sellrain. Cazadores y guías acompañan a los visitantes que buscan presenciar esta “guerra” sonora, que casi nunca se convierte en un combate de astas. Quienes prefieran un contacto más accesible con la naturaleza pueden visitar el Alpenzoo de Innsbruck, que alberga a unos 2.000 animales de 150 especies diferentes.

Cuando cae la tarde, los centros de spa diurnos dasMEI –en Mutters– y Walzl –en Lans–, permiten seguir disfrutando gracias a sus piscinas, saunas y zonas de descanso. Mientras, en la meseta de Mieming, hoteles tan recónditos como el Holzleiten Nature Hideaway Tirol o el Alpenresort Schwarz convierten el bienestar en una forma única de interactuar con el paisaje: calor, silencio y vistas a las montañas que, al igual que los alerces, también “arden” con las últimas luces del atardecer.

Manuel Kottersteger / Innsbruck Tourismus

En Stams, el restaurante Schwarzfischer sirve pescado de sus propios estanques, donde la trucha es la protagonista. Un poco más al este, en la ladera del Hattingerberg, el viñedo Romasi logra algo casi increíble: viticultura en pleno corazón del Tirol alpino. Sus viñas crecen con vistas al valle del Eno, y la vendimia se convierte en el punto culminante de un viaje en el que cada uno de los sentidos ha ido sumando recuerdos.

En Innsbruck, el otoño invita a descubrir la región sin prisas, cuando la luz es más suave, las carreteras están más tranquilas y la naturaleza ofrece un espectáculo íntimo y colorido.

Una tarjeta para viajar sin prisas

La tarjeta Welcome Card permite descubrir la región de Innsbruck sin necesidad de un coche. Es gratuita para quienes se alojen dos noches en un hotel asociado, e incluye transporte público en la ciudad y sus alrededores, alquiler de bicicleta durante 24 horas, así como otras actividades y descuentos. Para estancias de tres o más noches, también se añade un ascenso y un descenso gratuitos en cuatro remontes seleccionados. Más info: www.austria.info/es

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