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Chile, un viaje entre viñedos y sabores

Gracias a su reconocida tradición vinícola, Santiago, la capital del país, se prepara para recibir la gala internacional de The World’s 50 Best Vineyards 2026 del 16 al 20 de noviembre.

La cocina chilena es muy diversa gracias a la geografía que caracteriza al país, convertido en destino vinícola de renombre. (Fotos: Chile Travel)

Probar exquisitos maridajes, conocer de cerca su elaboración y pasear por hermosos viñedos es uno de los atractivos de Chile, destino vinícola de renombre gracias a valles como Casablanca, Colchagua y Maipo, que producen vinos de calidad mundial. Por ello, no es casualidad que Santiago, la capital del país, se prepare para recibir la gala internacional de The World’s 50 Best Vineyards 2026, un reconocimiento que distingue a las mejores experiencias turísticas vinculadas al mundo del vino, posicionando a Chile en el centro de la escena turística mundial y convirtiéndola en la primera ciudad de Latinoamérica que alberga este emblemático evento.

Del 16 al 20 de noviembre de 2026, Santiago, icono del enoturismo urbano a nivel mundial, será el punto de encuentro para más de mil referentes internacionales, incluyendo propietarios de bodegas, sommeliers, prensa especializada y expertos en viajes.

Y aunque el enoturismo es una de las actividades más populares del país, no lo es todo. Para deleite de los paladares más exigentes, también ofrece una cocina muy diversa gracias a la geografía que le caracteriza, donde cada región tiene una identidad única: el norte fusiona los sabores del desierto con la herencia andina; la zona central conserva la comida típica de sus valles fértiles; y el sur destaca por sus productos del mar y la cocina patagónica.

Recetas con historia

Recorrer Chile se convierte en un viaje sensorial, donde cada receta cuenta la historia y tradición de su gente. La cultura andina (Aymara y Atacameña) es la influencia principal en la gastronomía del norte. Utilizando ingredientes locales adaptados a la altura y el desierto, como el maíz, la papa, la quinoa y la carne de llama o alpaca, sus platos son nutritivos y llenos de sabor.

El centro es la cuna de la tradición «criolla» chilena, con el asado a la parrilla (vacuno, cerdo, pollo y embutidos) y la empanada de pino, rellena de carne, cebolla, huevo y aceituna, como dos de sus platos más icónicos.

Curanto en hoyo, plato típico de Chiloé, un archipiélago del sur de Chile. (Fotos: Chile Travel)

El sur, con sus frondosos bosques, lagos y un extenso litoral, ofrece una cocina profundamente influenciada por la cultura mapuche y los productos del mar. Los mariscos, pescados (como el salmón y la trucha), la carne de cordero y los hongos silvestres (como la morchella) son protagonistas.

En dicha región se encuentra Chiloé, un archipiélago donde la gastronomía es una cultura en sí misma, llena de mitos y sabores únicos. Su plato estrella es el curanto en hoyo, más que una comida, un verdadero evento social: una cocción ancestral en la tierra sobre piedras calientes, donde se mezclan al vapor mariscos, carnes, papas y «chapaleles».

Y más al sur, la gastronomía de la Patagonia chilena se caracteriza por preparaciones intensas, contundentes y basadas en los productos del frío mar austral, los bosques y las grandes extensiones de pampas. La región ofrece bocados como el cordero al palo y el cremoso chupe de centolla. En zonas como Puerto Natales se puede degustar un rico calafate sour y carnes de caza como el guanaco, la centolla patagónica y el cordero de magallánico.

Entre viñedos

Gracias a su particular geografía, Chile no solo destaca por su exquisita gastronomía. El país produce vinos reconocidos internacionalmente. El enoturismo se extiende también por valles como Aconcagua y San Antonio, dos territorios con personalidad propia dentro de su mapa vitivinícola. Las Rutas del Vino invitan a explorar esta tradición a través de algunos de sus territorios más representativos: en el Valle de Casablanca se pueden probar renombrados vinos blancos –especialmente el Sauvignon Blanc y Chardonnay–, además de tintos como el Pinot Noir, mientras que en los valles de Colchagua –terruño privilegiado para el cultivo de Carmenère y Cabernet Sauvignon– y Cachapoal se pueden degustar tintos robustos de alta calidad y adentrarse en la profunda cultura del vino.

Los valles de Maipo, reconocido como la cuna del Cabernet Sauvignon chileno, y del Maule y Curicó, con su Cabernet Sauvignon de carácter frutal, cuentan cada uno con características únicas que invitan a descubrir el sabor de sus cepas, en un país donde el vino es también una forma de recorrer el territorio.

Entre marzo y mayo, además, las fiestas de la vendimia marcan uno de los momentos más especiales de su calendario vitivinícola. Mientras en España comienza la primavera, allí llega el otoño y, con él, la celebración de la cosecha, una tradición profundamente ligada a la historia vinícola del país.

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