Hubo un momento durante el Forbes Sustainability Summit 2026 en el que las diferencias entre sectores parecieron desaparecer. Da igual que se hablara de energía, automoción, alimentación, finanzas, construcción o distribución. Da igual que sobre el escenario se sentaran representantes de compañías industriales, entidades financieras, instituciones públicas o expertos académicos. El mensaje terminaba convergiendo siempre en el mismo punto: la sostenibilidad ya no ocupa un espacio periférico dentro de las organizaciones. Se ha convertido en uno de los principales motores de transformación económica y empresarial.
Celebrado en Forbes House y coincidiendo con el Día Mundial del Medio Ambiente, el encuentro contaba con la colaboración de Endesa, ENGIE, EOI, FCC Construcción, Mahou San Miguel, MARS, Moeve, Leroy Merlin, Pernod Ricard, Universidad Europea y Veolia, y Sigmados, y ha reunido a directivos, responsables institucionales y expertos para analizar cómo la sostenibilidad ha transformado sectores enteros durante las últimas dos décadas y, sobre todo, qué papel jugará en la competitividad de las próximas dos.
Como impecable maestra de ceremonias, la periodista Beatriz Archidona resumió el espíritu de la jornada desde los primeros minutos. “La sostenibilidad es espejo del contrato social, nos obliga a mirar de frente nuestras ineficiencias y nos empuja a ser mejores y a innovar”. Pero añadió un matiz que acabaría recorriendo toda la conversación: “No venimos a hablar de intenciones, sino de decisiones”. Porque si algo quedó claro a lo largo del día es que el debate ya no gira en torno a si la sostenibilidad merece la pena. La cuestión es cómo acelerar su implantación sin perder competitividad, cómo convertirla en crecimiento económico y cómo gestionar una transición que afecta simultáneamente a la energía, la movilidad, la producción industrial, las cadenas de suministro, el consumo y las finanzas.
Ignacio Quintana, CEO de Forbes España, puso cifras a esa transformación. “Hoy la sostenibilidad no es un coste, es una oportunidad de negocio”, afirmó. Un cambio que ya se refleja en el tejido empresarial: más del 21% de los ingresos de las compañías cotizadas procede de actividades plenamente sostenibles y cerca del 30% de sus inversiones se dirige a proyectos vinculados a la transición. Mientras tanto, el comportamiento de los consumidores también está cambiando: casi la mitad de los ciudadanos compra ya productos considerados sostenibles y en alimentación ese porcentaje supera el 60%.
La pregunta entonces era inevitable: ¿estamos realmente ante un cambio de modelo? Para Hugo Morán, secretario de Estado de Medio Ambiente, la respuesta es sí, aunque todavía queda recorrido. “Vivimos en una situación de contorno distinta y más acelerada, pero nunca vamos a completar el cambio de modelo mientras no esté asumido colectivamente”, señaló. En su intervención recordó que Naciones Unidas identifica tres grandes crisis sistémicas interconectadas -cambio climático, contaminación y pérdida de biodiversidad- y que todas ellas comparten un mismo origen: la actividad humana. Precisamente por eso, defendió, la solución también depende de las decisiones humanas. Morán insistió además en una idea que aparecería de forma recurrente durante toda la jornada: la necesidad de estabilidad. Las empresas necesitan señales claras para movilizar inversiones a largo plazo. “Identificada la ruta no se deben dar bandazos”, advirtió, al tiempo que defendía la continuidad del Pacto Verde Europeo y la importancia de mantener la confianza de ciudadanos e inversores.
Esa visión estratégica encontró continuidad en la reflexión de Alberto Castilla, socio de Sostenibilidad de EY. Si hace dos décadas la sostenibilidad se asociaba principalmente a la responsabilidad social corporativa o a conceptos académicos, hoy se ha convertido en “el negocio del impacto tangible, de las cosas que se tocan”. Castilla resumió la nueva ecuación en tres variables: generación de valor económico, resiliencia frente a los riesgos y contribución positiva al entorno. Una combinación que, según explicó, ya está transformando los modelos de gobierno corporativo. “La gestión de impactos positivos en el entorno ha evolucionado de ser la guinda a ser parte íntimamente ligada a ingresos e impactos futuros”. Si hubo un sector donde esa transformación se hizo especialmente visible fue el energético.
La transición energética fue probablemente uno de los grandes protagonistas de la jornada. Electrificación, renovables, hidrógeno, almacenamiento y digitalización aparecieron como piezas de un mismo proceso que ya no se plantea únicamente como una necesidad ambiental, sino como una oportunidad industrial. Ramón Gurriarán, director de Postgrado y Executive Education de EOI, recordó que “no hay transición energética sin capacidades”. A su juicio, la verdadera transformación depende tanto de la tecnología como de las personas capaces de gestionarla. El almacenamiento energético, el biometano o la inteligencia artificial aplicada a las redes representan oportunidades extraordinarias, pero requieren nuevos perfiles profesionales preparados para aprovecharlas.
Desde ENGIE, Daniel Fernández Alonso situó el foco en el siguiente reto de la transición. España ha logrado importantes avances en generación renovable, explicó, pero ahora debe garantizar que esa ventaja llegue realmente a la industria y a los consumidores mediante precios competitivos y marcos regulatorios eficaces. “No hay negocio sin sostenibilidad”, resumió. Olalla del Río, directora de Sostenibilidad y Transición Energética de Moeve, describió la transformación empresarial como un ejercicio de anticipación. “La transformación empieza cuando dejas de mirar lo que produces hoy y empiezas a pensar en las necesidades del mercado para ser competitivos”. Una lógica que ha llevado a la compañía a destinar más de la mitad de sus inversiones a actividades vinculadas a la transición energética y a desarrollar proyectos como su planta de hidrógeno verde en Huelva.
En Endesa, Jorge Pina habló directamente de una revolución en marcha. “Estamos ante una revolución y en España, con viento, sol y territorio, es una gran oportunidad”, afirmó al analizar el momento que vive el sector energético. A su juicio, el país ha realizado “un muy buen trabajo en la generación de renovables” y cuenta con una ventaja difícil de igualar: disponer de una de las energías más competitivas desde el punto de vista económico. Sin embargo, advirtió de que el verdadero desafío ahora es trasladar esa ventaja al conjunto de la economía. “La red de distribución está saturada en un 88% y tiene copada su inversión”, señaló, defendiendo la necesidad de acelerar el desarrollo de las infraestructuras eléctricas para que ciudadanos e industrias puedan beneficiarse plenamente de la electrificación. Pina reclamó además una fiscalidad coherente, una mayor simplificación administrativa y una evolución de los procesos regulatorios que permitan agilizar los proyectos. Pero insistió en que la transición no depende únicamente de la tecnología o de las inversiones. “También es muy necesaria la conciencia social para crear valor”, concluyó, subrayando que la competitividad energética del futuro dependerá tanto de las infraestructuras como de la capacidad de implicar a la sociedad en este cambio de modelo.
La conversación avanzó entonces hacia otro de los grandes desafíos de la transición: la movilidad. Durante décadas la sostenibilidad en automoción se asoció casi exclusivamente a la reducción de emisiones. Hoy el debate es mucho más complejo. Electrificación, baterías, digitalización, nuevas cadenas de suministro y dependencia geopolítica conviven en una transformación que afecta a todo el ciclo de vida del vehículo. Emilio Herrera, presidente de Kia España, resumió el cambio con una frase reveladora: “Ahora no somos un fabricante de coches, somos proveedores de movilidad sostenible”. Para Herrera, el reto consiste en abordar simultáneamente todas las fases de la cadena de valor, desde la extracción de materias primas hasta el reciclaje final del vehículo, sin perder de vista la accesibilidad para el consumidor. Pero quizá fue el sector alimentario el que mostró con mayor claridad cómo la sostenibilidad ha penetrado en el corazón mismo del negocio.
La conversación dejó de girar alrededor del producto final para centrarse en el origen de las materias primas, la trazabilidad y la resiliencia de las cadenas de suministro. Neus Matutes, Corporate Affairs Director de Mars para el sur de Europa, explicó que el 95% de la huella de carbono de la compañía se genera fuera de sus operaciones directas. Por eso la transformación debe empezar en el campo. Desde proyectos para garantizar cadenas libres de deforestación hasta investigaciones sobre la resiliencia genética del cacahuete o programas para reducir emisiones en el sector lácteo, la sostenibilidad aparece aquí como una cuestión de supervivencia empresarial. Ana Lorenzo, directora de Asuntos Públicos, Comunicación y ESG de Grupo IFA, insistió en la importancia de la colaboración. “Lo verdaderamente transformador es la colaboración entre toda la cadena”, afirmó. Una visión compartida por Laura de Ortuzar, directora de Comunicación, Sostenibilidad y Responsabilidad de Pernod Ricard, que defendió la necesidad de incorporar la sostenibilidad en las decisiones de negocio cotidianas y no únicamente como respuesta a las exigencias regulatorias.
La misma lógica apareció en el caso de Mahou San Miguel. Hace veinte años, recordó Beatriz Herrera, directora de Planificación Estratégica, Reputación y Sostenibilidad, la conversación giraba alrededor del compromiso. Hoy gira alrededor de la innovación, la eficiencia y la transformación de la cadena de valor. La sostenibilidad ha dejado de ser una función específica para integrarse en todas las áreas de la organización. “Ahora es el momento de demostrar con proyectos reales que esto no es un concepto impreso en un PowerPoint”.
A medida que avanzaba la jornada emergía otro consenso: ninguna transformación de esta magnitud sería posible sin el apoyo del capital. Durante años, la sostenibilidad fue vista por parte del sistema financiero como una cuestión reputacional. Hoy forma parte de los modelos de riesgo, de las decisiones de inversión y de la relación con los clientes.Estíbaliz Pérez de la Rocha, subdirectora de Sostenibilidad de Mapfre, defendió que la sostenibilidad “ya no compite con el negocio”. Al contrario, genera nuevas oportunidades en ámbitos tan diversos como los seguros paramétricos, la movilidad sostenible, la adaptación al cambio climático o la protección frente a riesgos emergentes. Luis Sáenz de Tejada, director de Sostenibilidad de Bankinter, coincidió en que la transición ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en una realidad medible. El papel de las entidades financieras, explicó, consiste cada vez más en acompañar a empresas, incluidas pymes, durante su proceso de transformación, facilitando acceso a financiación y ayudando a interpretar nuevas oportunidades. “No es un gasto, sino una inversión”.
Sin embargo, si una palabra ganó protagonismo durante las últimas horas del encuentro fue circularidad. Los datos presentados por Jaime Silos, director de Desarrollo Corporativo de Forética, resultaban elocuentes. Apenas el 6,9% de los materiales utilizados globalmente vuelve al sistema productivo. En un contexto marcado por la escasez de recursos y las tensiones geopolíticas, la capacidad para reutilizar materiales se perfila como una de las principales fuentes de competitividad futura.
Cristina Sánchez, directora de Sostenibilidad e Impacto Positivo de Leroy Merlin España, explicó cómo la economía circular ya forma parte de todas las decisiones de negocio de la compañía. Desde herramientas que evalúan el impacto ambiental y social de cientos de miles de referencias hasta nuevas fórmulas de reutilización, reparación y alquiler, el objetivo es democratizar el acceso a productos sostenibles y ofrecer información cada vez más transparente al consumidor. En paralelo, Julia Ayuso, directora de la Escuela de Sostenibilidad de la Universidad Europea, introdujo una cuestión que había aparecido de forma transversal en prácticamente todas las mesas: el talento. Las empresas buscan cada vez más perfiles híbridos capaces de traducir objetivos medioambientales en decisiones de negocio concretas.
La formación, la digitalización y la capacidad para trabajar en entornos multidisciplinares se perfilan así como factores tan determinantes como las propias tecnologías de transición. Milagros Garrote, desde FCC Construcción, y Beatriz Castillo, desde Veolia, coincidieron en señalar que la digitalización, la trazabilidad y la simplificación administrativa serán fundamentales para escalar modelos circulares capaces de generar valor económico y ambiental al mismo tiempo.
Cuando la jornada se acercaba a su final, una sensación recorría el auditorio:el debate sobre la sostenibilidad ya no pertenece al futuro. La intervención de María Canal Fontcuberta, portavoz de la Comisión Europea en España, sirvió para conectar todas las conversaciones mantenidas a lo largo del día. Europa, recordó, ha logrado combinar crecimiento económico y reducción de emisiones, pero ahora necesita recalibrar sus políticas para no dejar atrás a la industria y mantener su liderazgo global. “Debemos conjugar competitividad y sostenibilidad si Europa quiere seguir liderando el cambio verde”.
Veinte años después de que la sostenibilidad comenzara a abrirse camino en las agendas empresariales, el debate parece haber cambiado definitivamente de naturaleza. Ya no se discute si debe formar parte de la estrategia corporativa. Tampoco si generará nuevas oportunidades económicas. Ahora la conversación se sitúa en otro lugar. Cómo acelerar la transición. Cómo formar a los profesionales capaces de liderarla. Cómo financiarla. Cómo escalarla. Cómo convertirla en innovación, productividad y resiliencia. Porque, como se repitió una y otra vez a lo largo de la jornada, la sostenibilidad ya no es una obligación que las empresas deban asumir. Es una ventaja competitiva que no pueden permitirse perder.

