Hora de mujer

Qué son las esferas de madreperla y qué relojes nuevos las incorporan

Extraído de las conchas de moluscos, el nácar aporta a los relojes un brillo irisado que enamora.

El nácar es un material fascinante. Delicado pero resistente, con destellos cambiantes… Con él se ha dado forma a través de los siglos a bellos objetos decorativos, de marquetería, joyería y hasta costura (botones, por ejemplo). En la alta relojería también se ha empleado con fruición desde el siglo XX, cuando los avances en las técnicas de tallado permitieron a los artesanos controlar su fragilidad. En esta industria, el nácar se ha asociado a la feminidad, pues ha adornado, fundamentalmente, piezas concebidas para la mujer (o concebidas para el hombre pero después adaptadas con diamantes y madreperla). A pesar de la corriente unisex dominante hoy, muchos relojeros continúan alimentando esa asociación.

Pero, ¿qué es exactamente el nácar? Es la capa interna de las tres que forman la concha de los moluscos (ostras y abulones, entre otros), compuesta por la mezcla de carbonato de calcio y una sustancia orgánica, y dispuesta en láminas paralelas entre sí. Resulta dura, de color blanco brillante y con reflejos irisados en tonos crema, gris o rosado, producidos cuando las láminas son lo bastante delgadas para que la luz se difracte al atravesarlas. Muchos también llaman al nácar madreperla, aunque este término tiene su propia entrada en el Diccionario de la Real Academia Española y designa a un molusco lamelibranquio con una concha casi circular, del que se aprovecha su nácar.

Un dial o esfera de nácar consigue algo que la laca o el metal no transmite: que parezca vivo, que aporte profundidad. Para utilizarlo en relojería, las empresas especializadas en la materia habitualmente lo extraen de la concha y lo cortan con máquinas CNC (de control numérico computarizado) en discos finos de 0,2 mm a 0,5 de grosor. Después se montan sobre la base de la esfera (que suele ser de latón, rígida en cualquier caso) o en otras partes como el bisel. Y a continuación se perforan para colocar las agujas, los índices y el resto de elementos.

Con qué funciona

El resultado final depende de la orientación del material, del grosor, del tono natural y hasta de la luz. Así, el nácar puede pasar del rosa suave al verde gélido, a veces con destellos violetas o dorados. Por eso dos relojes idénticos sobre el papel nunca se ven exactamente iguales en la muñeca. Las esferas de nácar también se pueden grabar y colorear, tanto la parte trasera como la delantera, con diversas lacas y pinturas.

Lejos de pasarse de moda y de limitarse a embellecer relojes-joya, el nácar se sigue empleando en tipologías muy distintas, tanto en ejemplares deportivos de buceo como el famoso Fifty Fathoms de Blancpain (al fin y al cabo, el material procede del mar) como en otros con altas complicaciones (como el Classic Tourbillon Manufacture, de Frederique Constant). Los de colores son mucho más interesantes que las impolutas esferas en blanco, que pueden parecer antiguas.

A la hora de vestir, el nácar funciona, pues, tanto con looks informales como con otros más elaborados, dependiendo del material que lo rodee (sencillo acero o lujoso oro) y del estilo de la pieza. El nácar admite bien los diamantes, por lo que un reloj con madreperla puede ejercer como joya sin necesidad de llevar muchas más alhajas extra. Estos nueve modelos han visto la luz en los últimos meses y están pensados para distintas propietarias y momentos del día:

1. Reine de Naples 9915, de Breguet (56.700 €)
2. Royal Oak Mini Quartz, de Audemars Piguet (35.000 €)
3. Happy Fish, de Chopard (8.690 €)

4. 1975 Quartz 33 MM, de Maurice Lacroix (850 €)
5. Primaluna Moonphase, de Longines (3.450 €)
6. Fifty Fathoms Automatique, de Blancpain (18.400 €)
7. Classic Tourbillon Manufacture, de Frederique Constant (35.995 €)
8. SRV, de Tissot (425 €)
9. Centrix Automatic Diamonds, de Rado (5.100 €)