El lujo moderno, tal y como lo conocemos, nació en Francia. Con Luis XIV, el país vecino impulsó en el siglo XVII manufacturas y oficios artísticos al servicio del poder y la representación (tapicería, artes decorativas…). Después, en el XIX, talleres como Hermès (que nació en 1837) y Louis Vuitton (1854) comenzaron a producir artículos con atributos como la atemporalidad, la exclusividad, la universalidad y la artesanía, al tiempo que desarrollaban su propia marca. París era una fiesta de la alta gama, y lo sigue siendo. Solo su nombre parece legitimar el lujo que procede de allí.
La urbe gala ha sabido comercializar el chic, el savoir faire y el allure que emana, y hoy se erige como una de las capitales del lujo más influyentes, con direcciones emblemáticas como la Place Vendôme y la Rue de la Paix, donde el París más comercial bulle desde la segunda mitad del siglo XIX. La transformación urbana del barón Haussmann, el nacimiento de grandes almacenes como Printemps y Galeries Lafayette y las exposiciones universales llevaron la moda, la joyería y las artes decorativas al centro de la vida social del París de aquel siglo. Y convirtieron la ciudad en un destino para las compras.
Por eso, y porque se creó un campo de cultivo para el florecimiento de un buen número de firmas joyeras y relojeras, París está muy presente en la industria relojera de calidad, con marcas parisinas que sacan pecho de su lugar de origen. Van Cleef & Arpels, por ejemplo, abrió su primera tienda en el 22 de la Place Vendôme en 1906, y en su logo gráfico aparece la columna Vendôme, ubicada en el centro de la Plaza y construida en 1810 por Napoleón para conmemorar la batalla de Austerlitz. Ese monolito, monumento histórico desde 1992, está presente en el reloj Lady Arpels A Day in Paris (fotografía 1) de la enseña, fabricado en oro rosa, nácar y ónice y con un bisel engastado de diamantes. Sitúa, en un disco giratorio, a una joven y sus hijos paseando por París, desde la Torre Eiffel al Jardín de las Tullerías.



La muy presente Torre Eiffel
Hay más firmas que han plasmado escenas de la ciudad en sus relojes. En la esfera de su Slim d’Hermès Minuit au Faubourg de oro blanco (fotografía 2), Hermès vuelca un diseño de 2014 en clave pop para un pañuelo de seda de la casa. Recortada contra un cielo nublado y salpicado de estrellas de venturina, la Torre Eiffel se alza sobre los tejados de París. A lo lejos se distinguen la cúpula de los Inválidos, el obelisco de la Plaza de la Concordia y las aspas del Moulin Rouge. En primer plano, en lo más alto del número 24 de la Rue du Faubourg Saint-Honoré, la histórica dirección de Hermès, el caballo Super H está listo para responder a una llamada de auxilio al ver una hache proyectada desde lo alto de la Torre Eiffel. La escena está realizada a mano con micropintura, excepto el haz de luz, rellenado con material luminiscente.
Chaumet, otra joyera parisina desde 1780, también opta por trasladar a su Infiniment 12 – Rêverie Nocturne de 35 mm de diámetro en oro blanco (fotografía 3) la Place Vendôme de noche, con sus luces y sombras. Su delicado dial con esmalte grand feu combina en color con la correa de piel de aligátor, y se rodea de un bisel y unas bisagras engastados con 76 diamantes de talla brillante. Le da vida un movimiento mecánico de cuerda automática.
Si la Place Vendôme es recurrente, mucho más lo es la Torre Eiffel, símbolo de la ciudad. Aparece imponente en el Louis Moinet de la fotografía 4, que es una pieza única. Con la serie La vuelta al mundo en ocho días, esta marca viaja a ocho destinos (París, Abu Dabi, Bangkok, Kuala Lumpur, Singapur, Tokio, San Francisco y Nueva York) a través de otros tantos relojes de oro rojo con un tourbillon volante. En su caso, la Torre Eiffel ha sido esculpida a mano a partir de un fragmento auténtico de acero de una viga de la famosa construcción, según la marca. Se ha colocado sobre un puzle compuesto por 81 piezas entrelazadas que reproduce el mapa de París y sus diferentes distritos. Entre las artesanías que exhibe está la pintura en miniatura, el grabado a mano y la marquetería.



En la relojera Saint Honoré también aseguran que han empleado acero de una de las vigas metálicas de la Torre Eiffel para uno de sus ejemplares (fotografía 6), de 38 mm. Si siguen así, la van a terminar demoliendo. Esa pieza se ha utilizado para confeccionar el bisel, decorado con un motivo de diamantes, que rodea una esfera plateada en relieve con la misma arquitectura que la de la Torre. Es una serie limitada a 1.885 unidades (en homenaje al año de fundación de Saint Honoré) que monta un movimiento automático Sellita SW 200.
De Louis Vuitton a Chanel
París se ha mudado asimismo al Escale au Pont-Neuf de Louis Vuitton (fotografía 5), un modelo de bolsillo al que no le falta detalle ni un precio de escándalo (casi 3,5 millones de euros). Esta virguería de oro blanco de 50 mm con repetición de minutos, tourbillon y mecanismos autómatas (los baúles que se transportan por el Sena, el río que bifurca la ciudad, se abren y se cierran, y los pájaros se mueven) aporta una vista del puente más antiguo de París, el Pont Neuf, rodeado de diamantes y piedras de colores en el bisel. El movimiento mecánico más complejo de la manufactura hasta la fecha, el calibre manual LFT AU14.03, que muestra su artesanía a través del fondo de la caja, anima el conjunto.



Otra manera de «colar» París en un reloj, mucho menos evidente, es copiar su arquitectura. Así, el modelo rectangular Première de Chanel (fotografía 7) presenta una caja octogonal que, además de remitir al tapón del perfume Nº5 de la marca, se lee como un guiño a la Place Vendôme. Y la Referencia 2441 de Patek Philippe (fotografía 8) lleva el apodo de Tour Eiffel porque sus asas se parecen a la base del monumento.
Por último, incluimos el Métiers d’Art Villes Lumières (fotografía 9) que Vacheron Constantin alumbró en 2017, con una vista aérea nocturna de varias urbes del mundo, realizadas en esmalte grand feu champlevé y translúcido. Una de ellas fue París, la ciudad de la luz, que sigue inspirando a artistas de todos los rincones del planeta, relojeras incluidas.
