El Papa León XIV aterrizará este sábado, 6 de junio en Madrid, donde estará hasta el martes, 9 de junio, antes de irse hacia Barcelona. Durante el tiempo en la primera ciudad dormirá en la Nunciatura Apostólica de Madrid, conocida como la Santa Sede del Vaticano, aquí en Madrid. Se trata de mucho más que un edificio o un Palacio en el centro de Madrid, situado en la calle Nuncio. Es un lugar que ya ha servido como residencia oficial durante las visitas de otros pontífices, como Juan Pablo II o Benedicto XVI. Un edificio que cuenta con seguridad propia, capillas y salones privados destinados al Papa y a su círculo más cercano.
Un edificio levantado en la primera mitad del siglo XVIII sobre los restos de una antigua casa señorial cargada de historia. Mucho más que una residencia diplomática, la Nunciatura Apostólica es un lugar que ha sido testigo de algunos de los episodios más singulares de la historia de Madrid. Antes de convertirse en sede del representante del Vaticano en España, estos terrenos pertenecieron a la familia Vargas, una de las más antiguas y poderosas de la ciudad, asentada en la capital desde el siglo XI.
La propiedad pasó a manos de Isabel de Vargas y Carbajal, heredera de una de las familias más influyentes del Madrid de la época, tras su matrimonio con Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias y secretario de Cámara del duque de Lerma. Durante años, Calderón fue uno de los hombres más poderosos de la corte de Felipe III, acumulando títulos, riquezas y una influencia que despertó admiración, pero también numerosos enemigos.
Por ello, su caída fue tan rápida como su ascenso. Acusado de diversos delitos, hasta el de haber participado en una supuesta conspiración para envenenar a la reina Margarita de Austria. Por ello, fue encarcelado, despojado de sus bienes y sometido a un largo proceso judicial que terminó con su ejecución en la Plaza Mayor de Madrid en 1621. Su muerte marcó el final de una de las figuras más controvertidas del Siglo de Oro español y cambió para siempre el destino de aquellas casas señoriales, que pocos años después pasarían a manos de la Nunciatura Apostólica, iniciando así una nueva etapa vinculada a la historia de la Iglesia y del Vaticano en España.
Sin embargo, el paso del tiempo deterioró gravemente aquellos inmuebles. Fue entonces cuando el nuncio Vicenzo Alamanni decidió impulsar la construcción de un nuevo edificio. El proyecto fue diseñado por el arquitecto romano Ferdinando Reyff y ejecutado entre 1731 y 1735 por Manuel de Moradillo, discípulo de Pedro de Ribera. El resultado fue un palacio adaptado a la compleja trama medieval del barrio, marcada por calles estrechas y sinuosas que aún hoy definen esta zona histórica de Madrid.
Durante más de dos siglos, el edificio acogió al nuncio apostólico, la máxima representación diplomática del Vaticano en España. Pero su función iba mucho más allá de servir como residencia. También albergó la Cancillería, el Tribunal de la Nunciatura y diferentes dependencias administrativas vinculadas a la actividad de la Iglesia. Esa combinación entre residencia y centro institucional marcó desde sus orígenes la identidad del edificio.
La arquitectura conserva todavía algunos de sus elementos más característicos. El edificio está alrededor de un amplio patio rectangular rodeado por galerías. En su interior destaca el pasillo de la planta principal, donde se instaló en 1914 una vidriera de San Marcos realizada por los talleres Maumejean Hermanos, los mismos responsables de algunas de las vidrieras más reconocidas de edificios como el Banco de España, el Hotel Palace o la Casa de la Villa. A pesar de haber perdido algunas ampliaciones históricas, el edificio conserva la sobriedad y el carácter con el que fue concebido hace casi tres siglos.
Mientras León XIV permanezca en Madrid, la Nunciatura volverá a convertirse en uno de los lugares más vigilados y relevantes de la ciudad. Allí mantendrá reuniones privadas y descansará durante una visita que devolverá a este histórico edificio una función que conoce bien: la de servir de hogar temporal al máximo representante de la Iglesia católica.

