Todo empezó con el Covid. Cuando el mundo, asustado, se paralizaba, Ibiza se convirtió en un refugio. “Nos hicimos amigos un grupo muy diverso: gente de culturas diferentes, generaciones distintas y estilos de vida muy dispares”, nos explica Emma Askari Roig (Valencia, 58 años), artífice de Inside Ibiza, un coffee table book editado por Vendome Press que reúne 22 casas espectaculares de la isla pitiusa. “En Ibiza había muy pocas casas ocupadas y en cuanto nos dejaron reunirnos nos fuimos juntando. Éramos clan totalmente dispar que con tuvimos la suerte de quedarnos anclados en la isla y se juntó por azar. Fue un accidente, una casualidad fantástica”, continúa esta mujer entusiasta, embajadora de Christie’s, coleccionista de arte y sobrina de Juan Roig.

Un año y medio antes, la edición estadounidense de la revista AD había publicado las fotos de su casa, una construcción llena de luz y paz proyectada por el arquitecto de origen canadiense Rolf Blakstad, experto en arquitectura tradicional ibicenca. “La dueña de Vendome Press me ofreció la posibilidad de hacer un proyecto sobre Ibiza incluyendo diferentes casas de gente que ama la isla”, recuerda Askari sobre el proyecto que incluye casas de personajes tan dispares como un exfutbolista, un arquitecto, un decorador y hasta una duquesa.



¿Cómo eligió las casas?
Escogí casas con un ADN muy potente, que reflejaran la personalidad del dueño. Que fueran lo suficientemente diferentes como para abarcar todo el espectro de la gente que pasa por la isla. La mayoría son obras de autor, ideas del propietario. Muy pocas están hechas solo por decoradores.
¿Cuáles son tus favoritas y por qué?
Me encanta la de un artistas alemano-mexicano, Stefan Brüggemann, porque es una obra de arte. Está forrada de paneles de oro donde ha escrito poesías y tiene uno de los jardines más originales y espirituales que yo he visto. También me gusta la de [el empresario y exfutbolista belga-alemán] Bobby Dekeyser, una especie de arca de Noé con 40 alpacas, muchos perros, gatos… Comparte la casa con sus hijos y sus nietos y tiene un campo de fútbol donde practica con sus viejos amigos de cuando formaba parte del Bayern de Múnich. Y también me gusta mucho la de Miranda Makaroff, un personaje absolutamente fascinante. Es una de las joyas de la isla. Artistas tan establecidas como Marina Abramovich admiran su arte y su estilo, tremendamente espontáneo a la que vez que provocador.
¿Cómo fue su colaboración con el fotógrafo Ricardo Labougle?
Hace dos décadas Ricardo y yo compartíamos los mismos círculos y amistades pero nunca habíamos coincidido. Este proyecto nos hizo equipo, también con su socio, Gustavo Peruyera, y el productor de Vendome Press, Guido Vincenzini. Éramos los cuatro mosqueteros. Ricardo tiene una sensibilidad excepcional y hace unas fotos espectaculares con luz natural. Lo pasamos increíble. Sobre todo porque en los momentos de desesperación, de perdernos o de tener todo dispuesto y que lloviera o hubiera cualquier contratiempo, siempre había mucho sentido del humor. Nos hemos hecho muy amigos.
¿Qué situaciones más locas ha vivido durante la elaboración del libro?
Fue apasionante porque nos perdíamos por las montañas de Ibiza. La gente mandaba indicaciones para llegar a sus casas: ‘Ponemos una bolsa roja en un palo’. Pero cuando llegabas, se había volado. ‘Coge el camino de la piedra amarilla’. Pero había dos caminos con piedras amarillas. Parecía En busca de la isla del tesoro. Si te perdías, estabas muerto porque ahí no funcionaba el GPS ni el teléfono. La gente cree que Ibiza es pequeña, que lo es, pero se puede hacer muy grande porque hay lugares inmensamente recónditos donde no pasa gente ni llega la cobertura.



En 2013 compró un terreno para hacerse una casa en la isla. ¿Por qué eligió Ibiza?
Mi marido me dijo que después de 20 años era hora de sentar la cabeza y buscar un sitio para establecer una casa de verano. Ibiza es lo más parecido a Valencia, mi ciudad natal, por la luz, el campo, el olor de las hierbas… Ha sido habitada por muchas civilizaciones y aunque sea todo a pequeña escala, miro el mar, y el [Parque Natural] Montgó desde la terraza y me siento en casa. No hay luz que me abrace más que la de Valencia y la de Ibiza.
¿Cómo fue el proceso de construir la casa?
La diseñamos Rolph Blakstad y yo. Yo le volcaba ideas y él las transformaba con ese conocimiento infinito que tiene de la isla porque nació aquí y su padre, que llegó a Ibiza en 1953, era uno de los mayores expertos de la arquitectura ibicenca. Nos reímos mucho aunque hubo momentos en los que creo que me quería estrangular, lo que es señal inequívoca de que una colaboración está siendo exitosa.
Su hermana también participó.
Ella es experta en restaurar edificios históricos en Valencia. Fue clave para traer los artesanos y materiales que se iban a utilizar y que han convertido mi casa en algo muy especial. Un proyecto de paraíso para mí y mi familia.
¿Ha convencido a alguien para que se haga casa allí?
El primero mi marido, que es imposible de convencer de nada. Y a mis hijos, que al principio no querían. Ahora es nuestro sitio favorito. Algunos amigos, contagiados por nuestro entusiasmo, han decidido comprarse casa.
¿Le gusta invitar a gente?
Es una casa familiar y así la usamos. A veces invitamos a amigos a pasar una semana con nosotros. También mis hijos también. Pero no es una casa de fiesta. Es más para nuestro tiempo de descanso, de abrigo, de disfrute relajado. Cuando vamos es el dolce far niente. Mañanas muy relajadas, de paseos por el campo, senderismo, de descubrir calas…
¿Desde cuándo está vinculada a Ibiza?
De niña mis padres nos llevaban de vez en cuando pero fue durante mi adolescencia cuando salíamos navegando de Jávea a Ibiza y recorríamos la isla por mar. Hacíamos incursiones en los clubes con mucha sensatez porque a la mañana siguiente teníamos que navegar de vuelta. Me di cuenta de que era una isla maravillosa y desde entonces intento convencer a la gente que dejen de lado sus prejuicios y descubran la parte mágica de Ibiza.


