Hace unos días, Carolina Marín (32 años, Huelva) anunciaba que colgaba la raqueta de manera definitiva. Un oro olímpico en Río 2016, tres campeonatos mundiales y siete europeos le han bastado para decir adiós a su etapa como deportista profesional. La coronada como mejor jugadora europea de bádminton de la historia encara ahora otro capítulo en su vida, con menos plumas y redes, pero priorizando su salud tanto física como mental, después de su grave lesión de rodilla sufrida en los Juegos Olímpicos de París 2024. Sin embargo, no tiene nada de lo que preocuparse, porque su futuro está en buenas manos: entre 2 y 3 millones de euros de patrimonio.
La onubense contó sin pelos ni señales en La Revuelta que su colchón económico es bastante sólido. Se podría decir que la campeona española ha sabido traducir sus éxitos deportivos en un patrimonio bastante sólido. Según comentó en el programa su fortuna oscila entre los 2 y 3 millones de euros, “todo en pisos”, revelando la pista clave de cómo ha reinvertido sus ganancias de manera estratégica para asegurar su futuro.
¿De dónde vienen estos millones?
Sus ingresos no provienen únicamente de los premios en competiciones: la Federación Internacional de Bádminton estima que sus ganancias directas en torneos ascienden a aproximadamente 1,2 millones de euros, consolidándola como una de las jugadoras mejor remuneradas del circuito mundial. A ello se suman reconocimientos económicos como el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2024, que le reportó 50.000 euros, además del prestigio que acompaña a cada galardón.
Marín también ha sabido capitalizar su imagen para atraer patrocinadores de primer nivel. Entre ellos se encuentran Iberdrola, Banco Santander, Meliá y Movistar, así como el patrocinio técnico de Yonex. Su figura se ha visto reforzada por su nombramiento como Embajadora Turística de la Provincia de Huelva en octubre de 2025, lo que no solo incrementó su visibilidad, sino que selló un vínculo con su tierra natal y su relevancia más allá del ámbito deportivo.
El bádminton, su vida
Desde que descubrió el bádminton en 2001 y se incorporó a la selección nacional en 2007, Carolina Marín no ha soltado la raqueta… hasta ahora. Su talento y disciplina han dado forma a una carrera ejemplar que, con el paso de los años, también se ha traducido en un notable éxito económico.
Sin embargo, más allá de los logros y los títulos, su trayectoria no ha estado exenta de dificultades. La pérdida de su padre en 2020 y las sucesivas lesiones marcaron profundamente su camino, obligándola a replantearse su futuro deportivo en más de una ocasión.
Hoy, tras su retirada, afronta una nueva etapa con tranquilidad, respaldada por una fortuna construida a base de esfuerzo, estrategia y una sólida red de patrocinios. Quizá también en el terreno financiero esté destinada a ser la mejor.

