Más allá de los desfiles, la última edición de la Fashion Week de Madrid ha vuelto a poner sobre la mesa una idea que ya venía tomando forma en los últimos años: la moda no se limita a la pasarela, sino que se expande hacia otros territorios donde el diseño, la innovación, la transparencia, la técnica y la identidad dialogan desde nuevos lugares.
Consciente de ello, Merz Aesthetics —compañía especializada en medicina estética— presentó el pasado 16 de marzo en Forbes House su nuevo uniforme médico durante la celebración de los Forbes Fashion Week Talks, un encuentro que reunió a diseñadores, modelos, directivos, creadores e influencers del sector. Y lo hizo a través de una colaboración con el diseñador Joan Camatxo, de Des Garçons de Café, que plantea una
reinterpretación de la prenda desde un enfoque que combina funcionalidad y lenguaje estético.
El vínculo con el diseñador introduce precisamente ese cruce de miradas. Lejos de plantearse como un ejercicio estético, el rediseño parte de una lógica compartida: tanto quien diseña la prenda como el médico trabajan con un mismo nivel de precisión, atención al detalle y búsqueda de equilibrio entre forma y función. En ambos casos, el resultado no es solo visual, sino también performativo: lo que se construye tiene un impacto directo en quien lo percibe.

Así, el uniforme se entiende como una extensión del trabajo en consulta. Pensado para acompañar al médico durante toda su jornada, incorpora elementos que responden a necesidades concretas —comodidad, transpirabilidad y libertad de movimiento— sin renunciar a una estética cuidada. La prenda deja entonces de ser un elemento neutro para convertirse en parte del lenguaje con el que el profesional se presenta ante el paciente.
Antes de cualquier tratamiento, el primer contacto va más allá de las palabras. En ese instante inicial, la percepción se construye a partir de múltiples factores, y entre ellos, la imagen ocupa un lugar más relevante de lo que a menudo se reconoce. No se trata de estilizar la práctica médica, sino de entender que la confianza también se articula desde lo visible.
En el primer club privado de Forbes en el mundo, la puesta en escena elegida para la presentación reforzaba esta idea. El espacio recreaba el taller de costura del propio diseñador, trasladando al visitante a un entorno donde el proceso, el detalle y el trabajo manual adquirían protagonismo. Esta escenografía no solo conectaba dos universos aparentemente alejados, sino que evidenciaba los puntos en común que comparten: la precisión, el cuidado por la ejecución y una atención constante a la experiencia final.

Detrás del proyecto hay también una reflexión interna sobre cómo se entiende la innovación dentro de la compañía. Desde Merz Aesthetics explican que la iniciativa surge de una apuesta por la innovación abierta, basada en la colaboración con talento y disciplinas más allá del propio sector. “En Merz Aesthetics entendemos la innovación abierta como un pilar estratégico, basado en la colaboración con talento, disciplinas e industrias más allá de nuestro propio ecosistema”, señala Marta Calderón, directora de Innovación, Comunicación & Marca Corporativa.
En esa búsqueda de nuevas perspectivas, el equipo de la compañía encontró inspiración en un entorno inesperado: el de la alta gastronomía. Tras asistir a Madrid Fusión, identificaron paralelismos entre el trabajo de los chefs y la práctica médica —la precisión, el detalle o la experiencia del cliente— que terminaron dando lugar a la colaboración con el diseñador responsable del vestuario de algunos de los nombres más reconocidos de la cocina.
En paralelo, la iniciativa se integra dentro de la campaña global de la compañía, “Confidence is a Fine Art”, que plantea la confianza como un proceso que se construye y se trabaja, más que como un resultado inmediato. En este sentido, el uniforme actúa como una pieza más dentro de ese discurso, trasladando esa idea al día a día de los profesionales.
A ello se suma una serie documental que explora y pone en primer plano el proceso creativo, la ejecución y todo lo que hay detrás del proyecto.
La propuesta apunta a una transformación más amplia en la manera de entender ciertos códigos. La moda, en este caso, no se impone sobre la práctica médica, sino que funciona como una herramienta para repensar cómo se construye la relación con el paciente. Un terreno en el que la técnica sigue siendo esencial, pero donde la percepción empieza a jugar un papel cada vez más decisivo.

