Forbes Women

Ana Beatriz Barros, la supermodelo brasileña: «empecé en un momento muy especial de la moda, una época extremadamente creativa»

Decir que sí, aprender a decir que no y redefinir el éxito: tres conclusiones que se desprenden de una conversación sobre tiempo, cuerpo y libertad con Ana Beatriz Barros, la supermodelo brasileña que marcó una era.

La supermodelo, Ana Beatriz Barrios: Fotografía: Alejandro Arrias y David Bravo.

Hay mujeres que han sido miradas por el mundo entero durante décadas. Mujeres, no muchas, que han desfilado para Versace, Valentino, Gucci o Dior; que han sido imagen de Victoria’s Secret, de Chanel, de Intimissimi; que han aparecido en las páginas de puñados de cabeceras de moda y en numerosas ediciones consecutivas de alguna que otra publicación. Mujeres que han trabajado con los fotógrafos que definieron la estética de los 2000 y que formaron parte de esa generación de supermodelos brasileñas que marcaron una era. Y, sin embargo, cuando se sientan frente a ti, lo que transmiten no es distancia ni superioridad, sino calma.

Ana Beatriz Barros (Brasil, 43 años) habla despacio. Escucha antes de responder. No interrumpe. No posa. No necesita demostrar nada. Quizá porque ya lo hizo. Quizá porque sabe que la verdadera autoridad no se impone: se sostiene.

Descubierta a los trece años en una playa de Río de Janeiro, comenzó una carrera internacional que la llevó de Nueva York a Milán, de París a Londres, cuando todavía no era adulta. Creció en una industria que era más exigente y menos indulgente que la actual. Vivió el vértigo de la fama, el peso de la disciplina y la presión de un cuerpo observado al milímetro. Creció rápido. Aprendió antes de tiempo.

La supermodelo, Ana Beatriz Barrios: Fotografía: Alejandro Arrias y David Bravo.

Hoy es madre de dos hijos. Vive y trabaja bajo sus propias condiciones. Ha reducido el ritmo, pero no la determinación. Habla de límites, de elección y de libertad con una serenidad que no tiene nada que ver con la nostalgia y sí mucho con la conciencia.

Hay en ella una mezcla poco común de fortaleza y suavidad. La disciplina de quien entendió muy pronto que el talento no basta y la dulzura de quien no ha permitido que la industria endurezca su carácter. Frente a frente, no impone: acompaña. No deslumbra: ilumina.

Lo que más sorprende no es lo que ha logrado. Es cómo lo cuenta. Con cariño. Con gratitud. No hay nostalgia en su discurso. Hay conciencia. Y una humildad que sorprende cuando sabes todo lo que ha conseguido.

Vestido de Ferragamo y anillos de Rabat. La supermodelo, Ana Beatriz Barrios: Fotografía: Alejandro Arrias y David Bravo.
Gabardina de Soeur, medias de Calzedonia y zapatos de Zara. La supermodelo, Ana Beatriz Barrios: Fotografía: Alejandro Arrias y David Bravo.

Creció en Itabira, una ciudad pequeña de Minas Gerais. Cuando mira hacia atrás, ¿qué parte de esa niña sigue acompañándola?

Nací en Itabira sólo porque mi madre es de allí, pero crecí mudándome constantemente. Viví en Uberaba, Araxá, Belo Horizonte… Nos movíamos mucho porque mi padre trabajaba para una empresa francesa. Esa infancia me enseñó a adaptarme rápido y a asumir responsabilidades desde muy joven. A los nueve años me mudé a Río de Janeiro y, a los trece, me descubrieron allí, en la playa, mientras estaba con mi hermana. En ese momento, en Brasil, el modelaje no era todavía una profesión conocida ni entendida como algo serio. Mis padres eran bastante tradicionales, sobre todo mi padre, que es ingeniero. Dudaba mucho. Mi madre, en cambio, conocía la industria de la moda y fue quien dijo: “Dejemos que Ana lo intente”.

Empezó a trabajar muy joven. ¿Hubo momentos en los que sintió que la industria iba más rápido que usted como persona?

A los trece años no sabes realmente qué está pasando. Simplemente haces lo que te dicen. A los quince me mudé a Nueva York con mi madre; después vinieron Milán y París. Ella iba y venía. Fue un gran desafío. No hablaba inglés correctamente, así que tenía un profesor particular. Y a esa edad ya tenía que pagar mi alquiler, mis cuentas. Eso te obliga a crecer muy rápido. Siempre fui muy responsable y tuve una ética de trabajo muy fuerte. Creo que eso fue clave para sostener una carrera tan larga.

Durante años, su imagen fue observada, interpretada y proyectada por otros. ¿Cuándo sintió que esa imagen también le pertenecía?

A los trece no entiendes nada. La gente te dice qué hacer y tú lo haces. Y está bien. Siempre acepté que una modelo, en parte, es como un soporte para la imaginación de otros. Pero sobre los 18 años empecé a entender quién era. Ahí fue cuando me sentí cómoda en mi propia piel y sentí que esto también era mío. Tenía la confianza suficiente para estar frente a la cámara y representar cualquier personaje.

Ha trabajado con algunas de las casas de moda más influyentes del mundo. ¿Qué diferencia una carrera larga de un éxito rápido?

Creo que empecé en un momento muy especial de la moda, una época extremadamente creativa. Estoy muy orgullosa de haber sido parte de esa era. Mi carrera duró porque siempre entendí esto como un trabajo, no como fama. Algunas personas se vuelven exitosas y creen que son más importantes que los demás. Para mí no era así: había que cumplir, ser profesional y respetuosa. Mi madre fue fundamental. Siempre me decía: “Si no funciona, tienes tu casa, tu habitación, todo estará bien”. Pero también era muy estricta con la ética laboral: esto no es un juego.

Americana y pantalón Mans, zapatos de Ferragamo y pendientes de Gucci. La supermodelo, Ana Beatriz Barrios: Fotografía: Alejandro Arrias y David Bravo.
Vestido de Silvia Tcherassi y pendientes de Cartier. La supermodelo, Ana Beatriz Barrios: Fotografía: Alejandro Arrias y David Bravo.

Formó parte de la generación de supermodelos de los 2000. ¿La moda era igual de exigente entonces?

Era mucho más exigente. No podías pesar ni un kilo de más. Eran estrictos con el cuerpo, la imagen, todo. Antes la moda era más arte. Había más libertad creativa. No bastaba con tener contactos: tenías que demostrar quién eras, conocer la industria, saber con quién estabas trabajando.

Teniendo en cuenta todo esto, ahora, con el paso del tiempo, ¿qué cree que es más importante, decir que sí o decir que no?

Es una muy buena pregunta. Creo que, como es una carrera tan rápida, al principio tienes que decir que sí a las oportunidades. Pero también tienes que aprender a poner límites, porque esta industria puede llevarte demasiado lejos. La gente excede las horas de trabajo y tienes que ser firme: “A esta hora me voy y ya está”. Eso se aprende con la experiencia y con la edad. Cuando eres joven, haces lo que sea. Recuerdo sesiones en un lago, a menos diez grados, con ropa de verano. Eso es peligroso. Lo hice cuando era joven, pero hoy no lo haría. Decir que sí a los buenos trabajos es importante, pero también lo es decir no cuando es necesario para protegerte y respetarte.

El cuerpo es una herramienta central en su profesión. ¿Cómo ha cambiado su relación con él?

Tengo dos hijos, uno de seis y otro de ocho años. El cuerpo cambia, claro. Para mí es algo natural. Me cuido, hago ejercicio, como bien. Prefiero lo natural antes que hormonas o inyecciones. Creo que todo eso puede ser perjudicial para la salud. Cuando me miro al espejo, veo que estoy envejeciendo, pero de una forma bonita: con más experiencia, más confianza. No me da miedo.

En una industria obsesionada con la juventud, ¿qué le ha dado cumplir años?

Comodidad, sobre todo. Y seguridad. Cuando eres joven, especialmente en esta industria, vives con una presión constante por encajar, por cumplir expectativas externas. Antes, si tenías más de 25 años, parecía que ya no funcionabas, que estabas fuera del sistema. Hoy eso está cambiando. Hay más diversidad, más aceptación de distintos cuerpos, edades e identidades. No se trata de parecer joven, sino de verse bien a cualquier edad. Cumplir años me dio tranquilidad. Hoy me siento cómoda con quién soy y con cómo me veo, y esa comodidad es algo que no tenía en mis veintes.

Ha construido una carrera sólida y una estabilidad que muchos persiguen. ¿Qué significa hoy el éxito para usted?

Hoy el éxito significa trabajo duro y libertad. Llegué al punto de mi carrera al que quería llegar. Fui muy determinada, muy enfocada. Quería hacerlo bien, quería ser buena en lo que hacía. Durante muchos años, el éxito estuvo ligado a trabajar sin parar, a viajar constantemente, a estar siempre disponible. Hoy es distinto. Ahora el éxito es poder quedarme en casa con mis hijos, tener paz mental y saber que ya logré algo grande e importante: mi carrera. El verdadero lujo, para mí, es poder elegir. Elegir cuándo trabajar, con quién y por qué. Y esa libertad es algo que me gané con muchos años de esfuerzo.

Cuando ya no esté frente a la cámara, ¿cómo le gustaría ser recordada?

Como una modelo profesional y versátil, alguien capaz de transformarse, un camaleón. Pero no solo por mi trabajo, sino también como una buena persona. Me gustaría que se recordara que fui respetuosa con todo el mundo: desde el asistente hasta el fotógrafo. Siempre me enseñaron que todos somos iguales y que hay que tratar a las personas con respeto. Para mí, eso también es parte del éxito.

* Realización: Chabela García, maquillaje y peluquería: Víctor Maresco para Charlotte Tilbury & GHD. Ayudantes de estilismo: Martina Tacchini. La supermodelo, Ana Beatriz Barros de Uno Models.

Este reportaje ha sido publicado en el número 17 (marzo 2026) de Forbes Women. Puedes hacerte con la revista aquí.

Artículos relacionados