“Yo a Canarias le debo todo”, dice Goya Toledo (Arrecife, Lanzarote, 1969). Son sus islas. Allí nació y creció y, aunque tuvo que irse para estudiar arte dramático en Madrid, fue allí donde la descubrieron y rodó su primera película, Mararía. “Grabando unos documentales en La Geria, de repente paran un coche y salen tres personas, una de ellas era Antonio Betancor, me dijo que estaban localizando y que yo tenía que ser su protagonista, que yo era Mararía… Casi me desmayo”, rememora con ilusión la actriz. “Mararía para los canarios es como Bernarda Alba. Fue mágico, porque después de haber tenido que irte fuera de tu isla, porque no te quedaba otra, lejos de tu familia, que nosotros somos muy piña, volver a tu casa a rodar tu primera película…”.
Después de aquel papel, recibió la primera nominación (de tres que tiene en total) al Goya, la vio el director Alejandro González Iñárritu y la escogió directamente para protagonizar Amores perros (2000). Aquella película con la que la vida de esta joven de Lanzarote, Gregoria Toledo, Yoyi, como la llaman en familia, empezó a vivir y viajar por todo el mundo, pero siempre sintiendo las islas como su casa. “No estoy allí, pero estoy. Mi familia sigue allí y siempre que puedo voy. Lanzarote es un lugar increíble, en el que tuvimos la suerte de tener un artista, César Manrique, que supo cómo conservarla”, describe.
Es una isla muy cinematográfica, además, Pedro Almodóvar acaba de incluirla en su última película, Amarga Navidad, comentamos. “Qué maravilla. Y qué pena no haber estado en esa película. Especialmente por trabajar con Almodóvar, que sería un sueño, pero ya trabajar con él en Lanzarote…”. Aunque casi suma ya tres décadas de trabajo (Maktub, Los años desnudos, Las 13 rosas…), a Goya Toledo le quedan sueños por cumplir, ojalá más papeles dramáticos, dice, porque aquella intensidad de la estudiante de teatro que se enamoró de los textos de Tennessee Williams no se le ha olvidado del todo.
Pero, por supuesto, se siente afortunada y agradecida por una carrera constante y tranquila “en la que han sido los proyectos los que han marcado el ritmo”. “Hay épocas que te llegan muchos, hay épocas que te llegan menos o los que te llegan no te apetecen”, expone. “Porque, al final, es tu trabajo y como decía Viola Davis el otro día: cualquier trabajo es una oportunidad para volver a intentarlo, para experimentar”.
Si algo aprendió muy pronto es a no parar, incluso si el teléfono parara de sonar más de lo deseado. “Tenemos que cuidarnos mucho, como actores y la vida, porque uno va viviendo alegrías y también decepciones que son las que más amargan y te ponen a la defensiva y hay que hacer lo contrario: seguir ahí, como esa niña que quería, que buscaba, no perder la ilusión. Es lo difícil. Y yo lo hago como puedo, con otras cosas paralelas, con cursos, manteniéndome ocupada”. Últimamente, por ejemplo, ha recuperado un antiguo hobby: confeccionar y coser. “Me entretiene y me apasiona y sigo haciéndolo mientras puedo. Hasta que llegue un día que, no sé, pueda formalizarlo y sacar una colección… No es algo inmediato…”.
“Por ahora, viene de ‘cerrar un círculo’, el año pasado, celebrando el 25 aniversario de Amores perros y de agradecer el éxito de la saga Culpables (Culpa suya, Culpa nuestra…). “En la que soy la madre y esto está muy bien. Pasas de ser la chica joven a la abuela, te choca serlo, pero es como la vida, que pasa muy rápido”, sonríe, porque está feliz, sigue muy activa. “Viene un año muy cargadito”, asegura sin poder aún adelantar proyectos.Y mientras llegan, siempre vuelve a su Lanzarote, a conducir por la carretera de Tinajo al atardecer. A seguir dando las gracias por ese lugar.
