Para el gran público es una desconocida, pero sólo en el último año su nombre ha aparecido en los créditos de Romería, Maspalomas y Sirat. Directora de casting desde hace dos décadas, María Rodrigo (Madrid, 1984) dejó su trabajo como programadora de conciertos de la legendaria Sala Caracol al recibir la llamada de Sara Bilbatua (Todo sobre mi madre, El laberinto del Fauno), que le ofreció ser su ayudante. Había percibido en María un olfato especial para identificar cualidades y talentos en los actores. También una forma de tratar recursos humanos con sensibilidad.
“Sin duda 2025 ha sido un año especial”, reconoce en conversación con Forbes Women. “Por suerte siempre he trabajado en proyectos de calidad, pero esta vez se han sumado además experiencias increíbles”. Para Romería estuvo casi un año trabajando mano a mano con la directora Carla Simón. “Perdimos la cuenta de la gente que vimos, fue un trabajo agotador, estimulante y divertidísimo. Repetiría mañana mismo con ella”, asegura. En el caso de Maspalomas se reencontró con Aitor Arregui y José Mari Goenaga, miembros del colectivo Moriarty y con los que ya había trabajado en Marco y la serie Cristobal Balenciaga, afianzando una relación que es “ya de amistad”. Para Sirat asumió el reto de dar con los actores profesionales que armonizaran con los raveros de la película de Oliver Laxe. Esta última reconocida con el Premio del Cine Europeo a la mejor dirección de reparto el pasado 17 de enero, que se entregaba por primera vez.

Los Oscar también han añadido esa categoría en 2026, pero sigue siendo una asignatura pendiente del cine español. Rodrigo se suma a la reivindicación por la visibilidad de una labor que, asegura, contribuye a “democratizar el acceso al cine y hacer esta industria más amplia y diversa”. También cree que ayudaría a acabar con ciertos prejuicios sobre un trabajo que en ocasiones ha convertido a los directores de casting en los malos de la película. “Hay que quitar el miedo a los actores a este proceso”, afirma.
«Para ‘Romería’ perdí la cuenta de la gente que vimos. Fue un trabajo estimulante y agotador».
Esa imagen de la audición deshumanizada, en la que los candidatos van desfilando sin tiempo para mostrar su talento y recibiendo poca o nula atención, no concuerda con lo que ella vive diariamente. “Lo que intentas es emular cómo van a dirigir al actor en el set de rodaje”, explica. “Por lo que me han contado actores que han trabajado en EE UU, allí les dan la escena un rato antes para que la preparen mientras esperan en el pasillo. En la ficción en España se manda la escena con días de antelación para que puedan leerla tranquilamente, citamos a una hora concreta y suele estar presente el director”.
Por si no resultara suficientemente tranquilizador, Rodrigo sostiene que “no hay casting malo porque no hay casting inútil”. Aunque no dé frutos en esa ocasión, puede plantar una semilla para un futuro trabajo. “Me ha pasado esta semana con una actriz a la que vi en 2020 para una protagonista. No hizo esa película, pero me dejó huella y ha sido ahora cuando he visto clarísimo que este papel era para ella”.


Los perfiles de los cineastas con los que trabaja son muy variados, algunos con ideas muy concretas de a qué actores quieren y otros abiertos a la búsqueda de caras nuevas, pero Rodrigo ha comprobado que a la mayoría les gusta que les sorprendan. “Genial para mí, porque me gusta complicarme la vida”, confiesa entre risas. Cita como ejemplo lo que sucedió con un personaje clave en la serie Hierro, el de un narco marroquí para el que ella veía a Antonia San Juan. “Era uno de mis primeros trabajos importantes, y pensé que me iban a tomar por loca, porque además Antonia en ese momento estaba haciendo La que se avecina, pero hizo una prueba fantástica y convenció a todo el mundo. Luego me dijo que era el primer casting que había hecho en su vida”. Con siete títulos por estrenar solamente en 2026, María Rodrigo no puede decir lo mismo.
