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‘Cumbres borrascosas’: cómo el vestuario de Margot Robbie traduce siglos de arte

Los looks de Jacqueline Durran para Catherine Earnshaw establecen un diálogo constante entre historia y presente, entre inspiraciones y reinterpretaciones, ya que están basados en cuadros, personajes históricos e incluso diseños previamente vistos en pasarelas.

El arte es una conversación continua. No nace de la nada, sino de las referencias. De las influencias que se transforman en reinterpretaciones, en traducciones de un lenguaje artístico a otro, de artista a artista. De obra en obra. Y si la inspiración se trata de una de las novelas clásicas más icónicas de la literatura, el resultado no es difícil que sea vertido en éxito. Cómo no, hablamos -como prácticamente todo el resto de medios- de la adaptación cinematográfica de Cumbres borrascosas de Emerald Fennell, estrenada este pasado 13 de febrero, casi como un dulce inevitable para un fin de semana marcado por el romanticismo. Sin embargo, no venimos a detenernos en lo que ya ocupa titulares: ni en la química entre sus protagonistas, Margot Robbie y Jacob Elordi, ni en los debates sobre la fidelidad de la reinterpretación o su potencial en taquilla, ni siquiera en los espectaculares estilismos de Robbie durante la gira promocional. Venimos a hablar del lenguaje histórico y artístico que se esconde en el vestuario del armario de Catherine Earnshaw, y cómo este, se ha convertido en un homenaje de todos los tiempos: de la historia y su arte.

Para comenzar hablemos de la artista, la oscarizada directora de vestuario Jacqueline Durran quien a lo largo de su carrera ha creado diversas puerta a los armarios de ensueño de numerosas épocas, siendo esta la entrada a la época victoriana. Durran ha ganado dos premios Óscar al Mejor Diseño de Vestuario: en 2013 por la película Anna Karenina y en 2020 por Mujercitas. También ha recibido premios BAFTA, entre ellos el de 2006 por Orgullo y Prejuicio y el de 2013 nuevamente por Anna Karenina.

El armario de Catherine Earnshaw: un legado histórico

Ahora hablemos del arte. Las referencias históricas se entrelazan con una modernidad llamativa y bucólica en un vestuario que convierte cada prenda en parte un discurso narrativo traducido en telas, no en palabras. Cerca de cincuenta trajes diseñados componen una fusión de influencias que abarca la década de los cincuenta, archivos de Mugler y Alexander McQueen, estándares del siglo XIX y detalles contemporáneos; un ejercicio con el que la figurinista Durran logra su objetivo de sacar a Catherine de su tiempo y situarla en un diálogo plenamente actual, en el que los trajes visten un cautivador déjà vu histórico.

La mayoría de los looks de Catherine Earnshaw establecen un diálogo constante entre historia y presente, entre inspiraciones y reinterpretaciones, ya que están basados en cuadros, personajes históricos e incluso diseños previamente vistos en pasarelas. Asimismo, uno de los aspectos más únicos y mesmerizantes del vestuario es cómo combina siluetas clásicas con tejidos modernos, creando otra simbiosis temporal que refuerza la misión estética de la película.

Diálogos traducidos en telas

El vestido de su breve boda combina elementos de la moda de los años 50 con la elegancia regia europea del siglo XIX, tomando como referencia el vestido de novia de Sissi, la emperatriz de Austria. Desde el escote barco que deja los hombros al descubierto, hasta las mangas globo, el corsé ajustado, la falda voluminosa e incluso el tul que envuelve una estética pura y etérea. Una silueta que enmascara la ingenuidad de sus portadoras a través de capas de fantasía y superficialidad.

Tras su boda con Edgar, Cathy entra en un mundo de opulencia y excesos, donde la comida, los vestidos y los colores reflejan el descaro y evasión de la realidad más mundana. ¿Acaso no os resulta familiar este mundo de tartas y adornos? María Antonieta, última reina consorte de Francia, ha sido históricamente tachada por estas tendencias superficiales y suntuosas, por lo que no podía faltar este símil en el armario de Earnshaw. En uno de los vestidos en los que se muestra su nueva vida en la mansión Lipton, Catherine porta un vestido ligero, de gasa con mangas abullonadas, un diseño muy similar a uno de los looks que más puso de moda la mujer de Luis XVI, el denominado chemise à la reine. El vestido, en la vida de María Antonieta, representaba su faceta más bucólica y su anhelo de lo rural; esta misma idea se traslada al personaje de Robbie, donde lo excesivo convive con un alma que, en el fondo, sigue perteneciendo a las cumbres.

Asimismo, en este look encontramos una referencia para nada explícita y de lo más sutil. Dentro de la paleta de Catherine, priman los blancos, los rojos y los negros, sin embargo siempre luce un contraste, normalmente marcados por un color rojo en el núcleo del estilismo. Un elemento muy distintivo de la novela del siglo XVII La letra escarlata, cuya protagonista es condenada por adulterio y lujuria, unos aspectos también visibles en la vida de Cathy, quien se deja llevar por la pasión que siente por Heathcliff.

Otra pieza referencial es el vestido gótico blanco, acompañado de un chaleco negro que recuerda a una armadura, haciendo referencia a la parte más hostil de Cathy. Según Jacqueline Durran, diseñadora de vestuario de Cumbres Borrascosas, la inspiración provino de un cuadro de Franz Xaver Winterhalter: ‘Una joven suiza de Interlaken’.

No todos los diseños de Cumbres Borrascosas provienen de siglos pasados. La moda contemporánea también influyó notablemente. El vestido de la noche de bodas de Cathy se inspira en la colección Primavera-Verano 1996 de Thierry Mugler, representando en capas plásticas lo que se podría entender por el regalo de boda de la protagonista para Edgar, ella misma.

El cine clásico también fue fuente de inspiración para los estilismos de la película. Además del cartel de la película, el famoso vestido de efecto látex que Cathy luce remite al icónico look de Vivien Leigh como Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó (1939), adaptando la esencia dramática y teatral de la era dorada de Hollywood a un lenguaje moderno y cinematográfico.

Al inicio de la película, Cathy aparece con un vestido de inspiración lechera alemana, cuyo diseño bebe directamente de la estética de Michèle Mercier como Angélique Sancé de Monteloup en Angélique, marquesa de los ángeles (1964). Según la diseñadora Jacqueline Durran, esta referencia ayudó a dar forma a un look que mezcla romanticismo clásico con un guiño al glamour del cine europeo de los años 60.