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Lucía Vallejo, escultora: «Transmito heridas, memoria y sentimientos»

La escultora Lucía Vallejo. Foto: Jaime Partearroyo.

Lucía Vallejo (Bilbao, 1975) y el comisario de arte Hervé Mikaeloff (París, 1969) me reciben en el estudio de la escultora vasca en Madrid rodeados de obras que rompen las barreras entre el vacío y el espacio, entre la pintura y la escultura. Piezas que fusionan vidrio, oro y textiles, y que transmiten memoria, heridas, ira y rabia. Algunas de ellas viajarán a Palermo (Italia) en las próximas semanas para instalarse en la histórica Capella dell’Incoronata, lugar de coronación de los reyes normandos en Sicilia perteneciente al Museo de Arte Contemporáneo de Sicilia (Palazzo Riso). 

Ese histórico espacio acogerá la próxima exhibición de la artista vasca, Power and Emptiness, comisariada por este curador que asesora de forma independiente a grupos tan reputados como Moët Hennessy Louis Vuitton (LVMH) o la Louis Vuitton Foundation, en la que convivirán las dos caras del poder, de lo divino y lo sagrado, y en la que queda claro que entre artista y comisario surgen los proyectos sin fricción pues, como dice Mikaeloff, “muchas veces pensamos lo mismo y el trabajo se convierte en un diálogo”. En Palermo, Vallejo vuelve a mostrar su dominio del espacio y el contexto histórico y artístico exhibiendo una alquimia única entre materiales. 

El comisario de arte, Hervé Mikaeloff con la artista Lucía Vallejo y sus esculturas. Foto: Jaime Partearroyo.

Lucía, usted trabaja con materiales que tienen una fuerte carga simbólica como la tela o  el vidrio. ¿Su obra habla más del cuerpo, del tiempo o de la memoria?

Lucía Vallejo: Para mí, trabajar es una terapia. Trabajo con tela y vidrio de una forma manual y espontánea. En mi obra transmito heridas, memoria y sentimientos, descargo mi rabia y mi ira. Y, aunque el resultado a veces sea bonito, esa no es mi intención. En cada una de mis piezas hay un trozo de tiempo de algo que me ha pasado, hay una historia, una vivencia o una huella de mi memoria. En cada pliegue hay un sentimiento. Hay obras en las que el cuerpo se hace más visible como las momias de Memento Mori o como las Mujeres en silencio. En mi próxima exposición de Palermo se podrá ver una pieza inspirada en la obra La madre dell’ucciso, del artista italiano Francesco Ciusa, que me emocionó porque trata del dolor de una madre a la que han matado a su hijo. En cuanto al tiempo, me obsesiona lo rápido que va, aunque los artistas podemos pararlo en cierta manera creando una obra que nos trasciende. En mi exposición en el Museo Lázaro Galdiano el mensaje era que todos nos iremos como ceniza, pero el arte permanecerá. Eso es exactamente lo que quiero transmitir. El tiempo se para cuando estoy trabajando porque yo me iré, pero la pieza se quedará. También trato de dejar claro que para mí la obra no es un diseño, no estoy en contra de que lo hagan otros artistas, pero mi obra es espontánea, no práctica, son sentimientos. Incluso con el vidrio, que parece más estético, hago cada pieza en el momento en el que ese vidrio está caliente y le puedo dar forma. Mi obra es mucho más conceptual de lo que parece a primera vista.

El comisario de arte, Hervé Mikaeloff con la artista Lucía Vallejo y sus esculturas. Foto: Jaime Partearroyo.
El comisario de arte, Hervé Mikaeloff con la artista Lucía Vallejo y sus esculturas. Foto: Jaime Partearroyo.

¿En qué momento se encuentra como artista y qué le inspira actualmente? 

L. V.: Siento que cada vez puedo hacer retos más grandes. A mis comienzos trabajaba en galerías pequeñas donde no podía jugar como he hecho en mis últimas muestras con lo que me gusta y me da la vida, que es el site-specific [obras en diálogo con el espacio en el que son expuestas]. Cuanto más difícil es el sitio, más me gusta. A veces en un white cube es difícil que la gente entienda mi obra. En cambio, en espacios como el Lazareto de Menorca, donde pude exponer en las jaulas donde encerraban a los presos, ahí pude expresarme como quería. Fue un reto porque nunca antes se había hecho una exposición ahí. Disfruté también haciendo la instalación de Memento Mori para el Ministerio de Cultura o la de Mujeres en silencio para Lázaro Galdiano. Y en Venecia el reto fue ser la primera artista en trabajar con lienzo y vidrio porque aquello supuso iniciar un lenguaje nuevo. Ahora estoy centrada en el vidrio porque es muy poderoso, es muy difícil, es muy mágico, no hace lo que yo quiero, no lo controlo, es una relación de amor odio. 

¿Qué significa para usted como artista el apoyo de Hervé Mikaeloff? 

L. V.: Es como tener un gran maestro que te hace desplegar todo tu potencial y te empuja hasta tus límites, al mismo tiempo que te da seguridad. Con él trabajo con muchísima libertad y me anima a hacer cosas que quizá no habría hecho si no lo tuviera a él detrás. Porque, de otra manera, a veces el artista se enfrenta al espacio y se siente abrumado. Cuando tienes a alguien que dialoga y aporta toda su experiencia te da seguridad y trabajas mejor. Confío completamente en él. Todo lo que me dice tiene sentido y normalmente pienso lo mismo.Además, es muy divertido porque nunca discutimos y muchas veces llegamos a conclusiones similares, ¿no crees, Hervé?

Hervé Mikaeloff: Sí, yo nunca había encontrado a una artista que supiera con tanta precisión lo que quería. En nuestra próxima exposición en Palermo, cuando ella encontró el lugar, tenía claro que era allí, y yo pensaba lo mismo. Nunca hubo discusiones.

L. V.: En Venecia ocurrió lo mismo, visitamos muchos espacios y, cuando vimos el último, nos miramos y dijimos: “Aquí es”. Nos enamoramos del mismo lugar. Y cuando a Hervé le gusta algo se nota: se emociona.

H. M.: Así fue en Venecia, me hizo feliz exhibir el trabajo de Lucía y fue importante que, como comisario, no me viera obligado a hacer una exposición en un lugar que no me gustara o con un artista al que no apreciase.

Hervé, usted ha trabajado con muchos artistas en su carrera. ¿Qué le hizo detenerse ante la obra de Vallejo y querer acompañarla? 

H.M.: La conocí a través de una amiga de Venecia que me habló de su obra y nos conocimos en Menorca durante su increíble muestra en el Lazareto My Cages, My thoughts. Para mí fue un shock, nunca había visto nada igual: la idea, la instalación, su relato… para mí fue como una bomba. Algo totalmente nuevo.

Desde su perspectiva internacional, ¿dónde situaría a Vallejo en la escena artística contemporánea europea?

H. M.: Lucía ha estudiado a fondo la Historia del Arte europea y sabe confrontar muy bien pasado y presente. Es una artista contemporánea que al mismo tiempo entiende el arte antiguo. Es realmente muy buena trabajando con obras concebidas específicamente para cada espacio. Eso es lo que la hace muy especial: no solo la técnica que utiliza, sino también la manera en que observa un lugar y es capaz de proyectarse en una historia a partir de él.

El trabajo de Lucía hace que la pintura se desborde hacia el espacio. ¿Qué retos plantea trabajar con una obra en la que la técnica es tan relevante como el significado que transmite?

H. M.: La técnica es única, ella es la única artista capaz de hacer dialogar de verdad el textil y el vidrio. Es un poco alquimista. Pero, al mismo tiempo y a pesar de ser importante, la técnica se vuelve algo secundario porque lo fundamental es lo que ves y lo que sientes frente a la obra. Y eso es lo que me gusta del trabajo de Lucía: primero lo miras y piensas, wow, es realmente diferente, muy potente. Y después entiendes de qué trata. Por eso creo que el papel del comisario es más el de un guía que el de alguien que impone o dice “tienes que hacer esto” o “la obra tiene que colocarse así”. Es un diálogo. Y el enorme conocimiento de Lucía de la Historia del Arte es algo que no se puede borrar, que está presente en su manera de pensar. Y, como ella dice, muchas veces pensamos en la misma dirección, así que el trabajo conjunto se convierte en un diálogo.

En su primera colaboración juntos en VeneciaSinfonia Barocca, las piezas dialogaban con un lugar cargado de historia, música, memoria, aromas… ¿Cómo logran que el contexto no se imponga a la obra?

H. M.: Esto es muy importante porque yo nunca separo el arte en categorías como artes visuales, ópera, música o danza. El arte es un todo, una sola cosa. Y en Venecia, donde el arte está en todas partes, el contexto histórico del Barroco dio la posibilidad de exponer las esculturas de Lucía y, al mismo tiempo, de abrirse a una experiencia artística más amplia, a nuevos sentidos como el olfato —pues a partir de las ideas de la artista se crearon dos perfumes específicos para la exposición— así como la música. Al realizarse en un conservatorio, durante la muestra se escuchaba música procedente de distintos lugares del edificio y se seleccionómúsica barroca para la inauguración. El arte necesita expresarse de múltiples maneras y llegar al espectador a través de todos los sentidos, no solo de la vista.

Una escultura de Lucía Vallejo. Foto: Jaime Partearroyo.

En alguna ocasión se ha referido al trabajo de Lucía como algo muy coreografiado, ¿a qué se refiere?

H. M.: Quiero decir que su trabajo es un lienzo, pero también es escultura. Y movimiento, lo cual me hace pensar que sus obras podrían generar una coreografía. No una real, visible, sino una coreografía que se intuye, que se imagina. Cuando miro su obra tengo la sensación de que un cuerpo va a entrar en escena, de que algo va a suceder y se va a mover. Para mí es casi como una presencia, algo intangible, un poco como el espíritu de Dios.

Están preparando una exposición única en Palermo. ¿Qué pueden adelantar sobre este proyecto?

H. M.: Surge de un deseo compartido después de Venecia. El Barroco había sido tan poderoso que sentimos la necesidad de encontrar otro lugar donde expresar esa idea barroca desde otro ángulo. Llevaba tiempo pensando en hacer algo en Palermo, en parte porque mi hermano vive allí y porque es, sinceramente, una de mis ciudades favoritas de Europa. Se lo propuse a Lucía y su respuesta fue inmediata: dijo que sí sin dudarlo. Viajamos y visitamos lugares con una carga simbólica y narrativa capaz de dialogar con su obra.

L. V.: Después de visitar muchos espacios, me enamoré de uno y lo tuve claro en dos segundos. Dije: “Este es, este es”. Recuerdo que su hermano me decía: “Lucía, ¿quieres reflexionar? ¿quieres pensar? ¿quieres meditar?” y Hervé le respondió: “Lucía es así: cuando lo sabe, lo sabe”. Es una capilla, la cappella dell’Incoronazione ubicada frente a la catedral, que es donde coronaban a los reyes normandos. Es muy austera y tiene una carga enorme -opuesta a la cappella Palatina, que es dorada- y me inspiró a crear un techo con mis piezas doradas, intentando simbolizar lo mismo que los artistas bizantinos hicieron en su capilla.

¿Qué peso tiene la historia antigua y contemporánea en esta muestra?

L. V.: Muchísimo: vamos a hacer algo muy contemporáneo con piezas volando y a jugar con la historia detrás del espacio, como a mí me gusta, un site-specific. Es un honor poder trabajar ahí.

H. M.: Allí se percibe la influencia de los reyes normandos, con esa mezcla de arte romano, bizantino e incluso islámico que se encuentra en Palermo, y que en este lugar se siente de manera muy intensa. Creo que la gente es bastante sensible a este periodo histórico en Palermo.

El comisario de arte, Hervé Mikaeloff con la artista Lucía Vallejo. Foto: Jaime Partearroyo.

¿Qué es lo que les gustaría que el espectador sintiera caminando allí entre las obras? 

L. V.: Para responder a esta pregunta es muy importante explicar el título de la muestra: Power and Emptiness. Inspirada por la coronación de aquellos reyes normandos yo hablo de las dos caras del poder, de la belleza y lo bonito que tiene, simbolizado en el oro, pero también de su lado negativo. La pieza principal de la exposición es la escultura de una mujer sentada a la que me referí antes, parecida a las mujeres veladas, que habla del dolor de una madre que sufre un dolor tremendo porque asesinan a su hijo. Es una obra con una dualidad. Habla del poder, del oro y de lo sagrado, pues en estas capillas bizantinas el oro era un símbolo divino de Dios, era una forma de hablar de la eternidad. Pero también habla del significado terrenal del oro y de la parte más fea del poder, de cómo te puede hacer pasar de la gloria al horror. Hay una instalación afuera de piezas de vidrio doradas y plateadas que simbolizan en un círculo esa coronación y quiero que el espectador no permanezca indiferente, sino que le dé vueltas a esa dualidad en la vida. Hablar de ese poder y ese vacío es muy importante. No quiero que la gente llegue al espacio y diga “qué hermosa”, sino que se conmueva, que sienta algo profundo.

H. M.: Eso es, que sienta una emoción diferente. Quiero que la gente entienda que, como dice Lucía, hay una historia detrás. No se trata solo de una exposición bonita de arte contemporáneo, también está dedicada al espacio, a la ciudad y a lo que allí ha sucedido. Es, en cierto modo, una reinterpretación de algo que ya existía. En una exposición se pueden experimentar todo tipo de emociones: sensaciones agradables, pero también miedos. Todo se mezcla al mismo tiempo, y eso es lo que sucede en este lugar que antes era una capilla, no estamos en un espacio completamente blanco. Estamos en un lugar que tiene capas y capas de historia acumuladas hasta hoy, ya que forma parte del museo de arte contemporáneo, lo cual es importante porque Lucía es una artista contemporánea.

El comisario de arte, Hervé Mikaeloff con la artista Lucía Vallejo y sus esculturas. Foto: Jaime Partearroyo.

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