Todo un avance científico y, durante décadas, un reconocimiento casi inexistente. La historia de una mujer que cambió la vida cotidiana de millones de personas sin que apenas nadie lo supiera. Gladys West es matemática y pionera de la ciencia detrás del desarrollo del GPS que falleció el pasado sábado 17 de enero de 2026 a los 95 años.
Nacida en Virginia en 1930, West creció en el seno de una familia de agricultores que pasaba largas jornadas recogiendo algodón y tabaco. A pesar de su entorno familiar, ella desde niña destacó por su talento para las matemáticas y por su dedicación al estudio. Fue la mejor de su clase, lo que le permitió obtener una beca para estudiar Matemáticas en la Universidad Estatal de Virginia, una oportunidad que marcaría el rumbo de su vida.
Tras graduarse, trabajó durante dos años como profesora, con la intención de compartir sus conocimientos. Sin embargo, su trayectoria dio un giro decisivo cuando en 1956 recibió una oferta para incorporarse al Campo de Pruebas Navales de Dahlgren, en Virginia. Allí comenzó una carrera de más de cuatro décadas en un entorno altamente especializado, convirtiéndose en la segunda mujer negra contratada en la historia del centro.
En Dahlgren, Gladys West se dedicó a cálculos de extrema precisión, primero ligados al ámbito militar y más tarde al análisis de datos satelitales. Su trabajo consistía en crear modelos matemáticos muy precisos de la forma de la Tierra, un reto que exigía ecuaciones complejas y un meticuloso estudio orbital. Estas investigaciones serían clave, especialmente durante las décadas de 1970 y 1980, para sentar las bases de lo que hoy conocemos como el Sistema de Posicionamiento Global (GPS).
Entre sus aportaciones más destacadas figura su labor como directora de proyecto en el satélite Seasat y su trabajo con el altímetro de radar del satélite Geosat, sobre el que publicó en 1986 una guía técnica fundamental para mejorar la exactitud de los datos geodésicos. West trabajó en Dahlgren durante 42 años, hasta su jubilación en 1998, siempre manteniendo un perfil bajo y centrada exclusivamente en su labor científica.
Su contribución al GPS pasó desapercibida para el gran público hasta 2018, cuando fue reconocida oficialmente e incluida en el Salón de la Fama de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Fue entonces cuando se descubrió que el GPS solo existe gracias a dos personas: Albert Einstein y Gladys West. Ella misma explicó años después, en una entrevista con The Guardian, por qué nunca habló de ello: “Pensaba que era mi trabajo. Nunca presumía de lo que hacía”.
Gladys West vivió sin buscar protagonismo, convencida de que el rigor y la constancia eran suficientes. Hoy, cuando el GPS forma parte invisible de la vida diaria, su figura emerge como la de una científica esencial, cuyo legado demuestra que algunas de las figuras más influyentes nacen en silencio.
