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Globos de Oro 2026: el regreso del glamour con intención

Los mejores looks de la gala en una noche que inaugura la temporada de premios con horas de alta costura, casas históricas reafirmando su poder y una conversación de moda que vuelve a ser relevante.

Jessie Buckley con Dior. Getty

La alfombra roja de los Globos de Oro 2026 no fue solo el arranque oficial de la temporada de premios: fue una declaración de intenciones. Tras años de exceso, viralidad inmediata y decisiones estilísticas pensadas para el titular fácil, Hollywood pareció detenerse, respirar y volver a lo esencial: el oficio, el tiempo y la narrativa. Cada vestido que importó anoche lo hizo porque había algo detrás —horas de taller, referencias precisas, un diálogo entre pasado y presente— y porque la persona que lo llevaba entendía exactamente qué estaba contando.

Esta edición dejó claro que las grandes casas han recuperado el control del relato. Chanel, Louis Vuitton, Yves Saint Laurent, Givenchy, Vivienne Westwood, Gucci, Jean Louis Scherrer, Dior, Jacquemus y Armani Privé marcaron el pulso de una noche en la que convivieron la alta costura más rigurosa, el archivo bien entendido y nuevas formas de glamour que no necesitan gritar. Hubo vestidos construidos durante cientos de horas, joyas elegidas con intención —Tiffany & Co., Cartier, Bvlgari— y estilismos que demostraron que la alfombra roja sigue siendo uno de los últimos espacios donde la moda puede ser cultural, simbólica y emocional al mismo tiempo.

Chanel: el peso del tiempo y la elegancia sin fisuras

Selena Gómez con Chanel. Getty

Chanel volvió a recordarnos que no hay atajos cuando se habla de legado. Selena Gomez fue una de las grandes protagonistas de la noche con un vestido negro palabra de honor adornado con plumas blancas, una pieza que remitía directamente al Old Hollywood más refinado. El dato no es menor: más de 300 horas de trabajo artesanal para una silueta que parecía sencilla, pero que estaba milimétricamente equilibrada. El estilismo se completó con joyas discretas, dejando que el vestido hablara solo.

También Ayo Edebiri defendió la casa con una elegancia serena, apostando por una silueta negra con escote bardot y joyas de Tiffany & Co. Chanel no buscó impacto inmediato, sino permanencia. Y lo consiguió: sus apariciones fueron de las que envejecen bien, las que dentro de diez años seguirán teniendo sentido.

Louis Vuitton: modernidad, riesgo y nuevas protagonistas

Ana de Armas con Louis Vuitton. Getty

Si hubo una casa omnipresente y relevante en esta edición, esa fue Louis Vuitton. Emma Stone apostó por un dos piezas amarillo satinado con falda de flecos joya que marcó conversación: arriesgado, consciente y perfectamente ejecutado. No era un look complaciente, y precisamente por eso funcionó. Louis Vuitton volvió a demostrar que la alfombra roja también puede ser terreno de experimentación.

A su lado, Ana de Armas, Jeremy Allen White y Emily Blunt confirmaron la versatilidad de la maison, desde la sobriedad elegante hasta la arquitectura estructurada. Las joyas de Tiffany & Co. acompañaron varios de estos looks, reforzando una idea clara: lujo contemporáneo con intención, no decorado vacío.

Yves Saint Laurent: el poder del negro y la actitud

Miley Cyrus con Yves Saint Laurent. Getty

Saint Laurent jugó en casa. Zoë Kravitz y Miley Cyrus encarnaron a la perfección el ADN de la firma: sensualidad controlada, siluetas depuradas y una actitud que pesa tanto como el vestido. El encaje, el satén y las líneas limpias construyeron looks que no necesitaban explicación.

En ambos casos, el estilismo fue clave: maquillaje contenido, accesorios precisos y una puesta en escena que reforzaba la idea de que Saint Laurent no viste cuerpos, viste carácter. En una alfombra roja llena de estímulos, sus apariciones destacaron por seguridad y coherencia.

Armani Privé: la elegancia que nunca falla

Julia Roberts con Armani Privé. Getty | Kevin Mazur

Si hubo una casa que entendió el momento con absoluta precisión, esa fue Armani Privé. Kate Hudson brilló con un vestido metalizado de flecos y escote halter que evocaba directamente el glamour de los años veinte, pero sin nostalgia impostada. Cada movimiento amplificaba el trabajo del tejido, acompañado por joyas de Garatti que sumaban luz sin restar protagonismo al vestido. Una lección de cómo el diseño y el cuerpo pueden dialogar en perfecta armonía.

También Julia Roberts apostó por la maison con un diseño negro a medida, de líneas limpias y ejecución impecable. Sin excesos, sin ruido, sin concesiones. Armani Privé volvió a recordarnos que la verdadera sofisticación no está en reinventarse constantemente, sino en dominar un lenguaje propio y sostenerlo en el tiempo. En una alfombra roja que celebraba el inicio de la temporada, Armani reafirmó por qué sigue siendo sinónimo de elegancia absoluta.

Givenchy: el naked dress como lenguaje contemporáneo

Jennifer Lawrence con Givenchy. Getty

Jennifer Lawrence firmó uno de los grandes momentos de la noche con un naked dress de Givenchy bordado con flores en tonos suaves. Transparente, sí, pero lejos de lo obvio. El vestido hablaba de vulnerabilidad, de control y de una feminidad adulta que no necesita aprobación.

Givenchy volvió a demostrar que el desnudo, cuando está bien ejecutado, no es provocación gratuita, sino alta costura emocional. El estilismo —joyas mínimas, peinado sencillo— reforzó esa lectura sofisticada y consciente.

Jean Louis Scherrer: el archivo como arma poderosa

Jennifer Lopez con Jean Louis Scherrer. Getty

Jennifer Lopez fue una de las grandes sorpresas de la noche al apostar por un vestido vintage de Jean Louis Scherrer, una elección que habló más de criterio que de tendencia. El diseño, de silueta sirena y transparencias estratégicas, no buscaba el impacto inmediato sino la seducción pausada del archivo bien elegido. En una alfombra roja donde muchas miradas se centraban en lo nuevo, J.Lo recordó que el pasado sigue siendo una de las herramientas más potentes cuando se entiende y se contextualiza.

Más allá del vestido, el estilismo reforzó esa lectura consciente: joyas medidas, maquillaje luminoso y una actitud que huía del exceso. No fue nostalgia ni guiño vacío, sino una reivindicación clara de la alta costura como legado vivo. En una noche marcada por la novedad, Jennifer Lopez ganó precisamente por lo contrario: por saber cuándo mirar atrás para avanzar.

Dior bajo la mirada de Jonathan Anderson: una nueva sobriedad en clave femenina

Jessie Buckley con Dior. Getty

Jessie Buckley fue una de las apariciones más comentadas de la noche vestida de Dior, en un momento especialmente simbólico para la maison. Su look —de líneas depuradas, construcción precisa y una elegancia contenida— fue leído inmediatamente como parte del nuevo clima creativo que rodea a Dior desde la llegada de Jonathan Anderson a la firma. No por espectacularidad, sino por intención.

El vestido hablaba de una feminidad intelectual, silenciosa y segura, muy alineada con el lenguaje que Anderson ha desarrollado a lo largo de su carrera: prendas que no buscan imponerse, sino permanecer. El estilismo, deliberadamente sobrio, reforzaba esa lectura de transición y expectativa. Más que un vestido aislado, fue uno de esos momentos en los que la alfombra roja funciona como anticipo simbólico de una nueva era, con Jonathan Anderson marcando el horizonte creativo de Dior.

Vivienne Westwood: drama, volumen y herencia reinterpretada

Ariana Grande con Vivienne Westwood. Getty

Ariana Grande eligió Vivienne Westwood para una de sus apariciones más comentadas de los últimos años, apostando por una silueta de gran volumen, escote bardot y pliegues arquitectónicos que remitían directamente al ADN histórico de la casa. El romanticismo clásico, el corsé implícito y la teatralidad medida se combinaron en un look que entendía la alfombra roja como escenario.

Lejos de parecer un disfraz, el vestido funcionaba gracias a su estructura impecable y a una ejecución que respetaba la herencia de Westwood sin anclarse en el pasado. En movimiento, el volumen cobraba sentido; en fotografía, el conjunto se convertía en imagen icónica. Fue un recordatorio de que el drama bien construido no solo es válido, sino necesario cuando hay historia, intención y coherencia detrás.

Gucci: brillo, fantasía y precisión milimétrica

Elle Fanning con Gucci. Getty

Elle Fanning volvió a demostrar por qué es una de las grandes aliadas de Gucci en la alfombra roja. Su vestido cubierto de cristales jugaba entre lo etéreo y lo teatral, construyendo una silueta que brillaba sin caer en el exceso. La elección de joyas de Cartier reforzó esa sensación de fantasía controlada, aportando luz sin competir con el vestido.

Gucci apostó por el brillo, sí, pero desde la ligereza y el equilibrio. Cada detalle parecía medido, desde la caída del tejido hasta la elección de accesorios. En una noche donde el exceso podía haber sido la norma, la casa italiana recordó que el glamour más efectivo es el que seduce sin imponer, el que deja espacio para la personalidad de quien lo lleva.

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