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Muere Uliana Semenova, la gigante que revolucionó el baloncesto femenino

Con sus 2,13 metros de altura, 135 kilos de peso y un dominio inigualable del balón, la jugadora letona cambió las reglas del juego para siempre.

2,13 metros de altura, 135 kilos de peso y un dominio en el baloncesto femenino inigualable. Todavía nadie ha llegado a la altura de Uliana Semenova, la jugadora letona de baloncesto que convirtió la zona de juego en su territorio natural y marcó una era irrepetible en la historia de este deporte. A sus 78 años ha fallecido este pasado jueves, dejando al baloncesto mundial de luto. Autoridades, federaciones y antiguas compañeras han despedido a una figura irrepetible, no solo por su dominio absoluto en la pista, sino por su humanidad fuera de ella. “La jugadora más determinante de la historia del baloncesto”, en palabras de la Federación Española.

Ella marcó un antes y un después. Desde su debut con apenas 16 años en 1968 hasta su retirada en 1988, su nombre era la causa irrefutable de victoria: con el Daugava Riga conquistó 11 Euroligas femeninas y su palmarés con la URSS engloba dos oros olímpicos (Montreal 1976 y Moscú 1980), tres títulos mundiales y diez campeonatos de Europa consecutivos entre 1968 y 1985. Gracias a ella, durante 18 años en activo, la selección soviética apenas conoció la derrota en pista, reflejo de una superioridad física y táctica nunca vista hasta entonces en el baloncesto femenino europeo.

Nacida el 9 de marzo de 1952 en Medumi, una pequeña localidad fronteriza entre Letonia y Lituania, Semenova creció en una familia humilde de siete hermanos. Desde niña destacó por su tamaño, consecuencia de la acromegalia, un trastorno hormonal que aceleró su crecimiento. Con solo 14 años debutó en Primera División y a los 16 ya vestía la camiseta de la selección soviética, iniciando una carrera legendaria que la llevaría a ser reconocida en los principales Salones de la Fama del baloncesto mundial.

Semenova, en un partido con el Tintoretto de Getafe.RFEB

Su huella en el baloncesto femenino español

A finales de los años 80, cuando el Telón de Acero comenzó a resquebrajarse, Semenova pudo jugar fuera del bloque soviético. En la temporada 1987-88 fichó por el Tintoretto Getafe, donde revolucionó el baloncesto femenino español pese a estar ya muy mermada físicamente. Su impacto fue inmediato dentro y fuera de la cancha: el equipo madrileño fue subcampeón de Liga y su carácter humilde y cercano dejó una huella imborrable entre compañeras, rivales y aficionados.

Tras su breve etapa en España, Semenova disputó una temporada en el Valenciennes Orchies francés antes de retirarse definitivamente en 1989, a los 37 años, ya afectada por diversos problemas de salud, como la diabetes. De regreso a Letonia -aún integrada en la Unión Soviética hasta 1991-, la exjugadora volcó su legado en la apertura una escuela de baloncesto para niñas de familias con pocos recursos y colaborando activamente con el Comité Olímpico Letón.

Desde que colgó sus zapatillas, su vida y salud sufrieron las consecuencias del régimen soviético. Las normas soviéticas le impidieron generar patrimonio durante su carrera y, con el paso de los años, sus problemas de salud se agravaron, obligándola a someterse a varias operaciones y a afrontar serias dificultades económicas. Incluso en 2021, exjugadoras europeas impulsaron una campaña solidaria que permitió cubrir gastos médicos y adaptar su vivienda, recordando que el deporte también es solidaridad y compañerismo.

Hoy, su muerte recuerda lo alto que se puede llegar sacando provecho de las cualidades de cada uno, siempre de manera humilde y honesta.