Asegura ser muy autoexigente: «Me han cerrado puertas muchas veces y he tenido que reinventar proyectos constantemente», nos cuenta Irini Fournier (Madrid, 23 años) en el salón de su casa. Esta licenciada en Business Management, Marketing y Análisis de Operaciones por la universidad de Georgetown, cuenta que duerme poco: «Cuando no estoy trabajando me encanta componer, asistir a conciertos de jazz y estudiar nuevas corrientes artísticas». Su gran proyecto empresarial se llama Vértigo, algo que empezamos a sentir al escucharla hablar con tanta determinación a sus pocos años.
Has creado una empresa que se llama Vértigo. ¿En qué consiste?
Es una plataforma que identifica, acompaña y posiciona a emprendedores y startups. Mi trabajo consiste en detectar startups emergentes, ayudarles a articular una narrativa estratégica sólida y conectarles con fondos e instituciones que puedan invertir en su crecimiento.

¿Cómo se te ocurrió?
Me aburrían las conversaciones durante las fiestas de Georgetown y descubrí que las que mantenía en la biblioteca eran mucho más interesantes porque nacían de la frustración de «cuánto trabajo tengo». Al mismo tiempo mi compañera de cuarto acababa d e hacerse editora del periódico d e la uni, theHoya, y me pidió que le echara un cable con entrevistas. Vértigo nació de entrevistar a los cerebritos con los que charlaba en la biblioteca que tenían un proyecto propio.
¿Cuáles son tus hitos?
Monetizar un proyecto de universidad y convertirlo en una tesis de inversión real; participar como ponente e n mesas redondas de financiación sostenible; conseguir hablar con Jerry Colonna, fundador de Flatiron Ventures, tras atreverme a escribirle por LinkedIn. Dijo que mis insights estaban «spot on».
¿Hasta dónde te gustaría llegar?
Hasta donde me lleve la tesis. Mientras siga recomendando bien o entendiendo porque una inversión ha fallado, seguiré escalando Vértigo. También me gustaría empezar un micro fondo en los próximos años.
¿Cuál es tu metodología de trabajo?
Me baso, sobre todo, en la conversación que mantengo con el fundador. Ahí está todo: cómo piensa, qué le obsesiona, cómo toma decisiones y si realmente entiende el problema que quiere resolver. A partir de eso, construyo la estrategia, la narrativa y el posicionamiento, pero la predicción del éxito empieza siempre por esa primera conversación.
Experiencia en el Sudeste Asiático
En 2023 estuviste seis viviendo en el Sudeste Asiático. ¿Cómo y por qué surgió la posibilidad de viajar hasta allí?
Dos amigos míos emprendedores decidieron irse a Asia un semestre y yo estaba acabando mis prácticas en Amazon, y empezando el semestre en Georgetown con dos semanas de retraso por ello. Tenía mucha curiosidad por conocer ese mundo, entender su mentalidad después de haber entendido la de América y conocer a nómadas digitales, que es la razón por la que elegí ese destino. Y siendo honestos, también quería divertirme un poco con mis amigos antes de tener que ser enteramente responsable.Me convencieron al enseñarme que sería complicadísimo conseguir u n trabajo en EEUU en 2024: las empresas de tecnología estaban despidiendo a todo el mundo y no cogían a nadie.
¿Qué fue lo más interesante de aquella experiencia?
Lo más interesante fue descubrir cómo acercarme a hablar con emprendedores por primera vez. Aunque estuviera en un coworking, hablar con alguien con cascos y pegado al ordenador es casi imposible. Un día me enteré de que algunos eran franceses, así que me senté en medio de la mesa y fingí una llamada en francés. Al «colgar», fueron ellos los que me hablaron a mí. Ahí empezó todo.
¿ Y lo más difícil?
Mi mejor amigo, uno de los emprendedores, decidió largarse. De un día para otro me quedé allí sola.
«Uno de mis logros ha sido monetizar un proyecto universitario»
¿Qué proyectos y expectativas tienes para 2026?
Quiero hacer crecer el porfolio de Vértigo y empezar a tomar equity en las startups con las que trabajo, además de continuar la parte académica de la tesis. En febrero arranco el ThinkTank de KmZero [el primer programa español de innovación para startups del sector agroalimentario], que me hace mucha ilusión porque es una gran colaboración en el sector de agrotech. Y ahora que estoy cerrando rondas de inversión para startups de forma más constante, por fin podré empezar a anunciar hitos más grandes a mitad de año. 2026 es el año de materializar, y comunicar, todo lo que he estado construyendo en silencio.
¿Cómo fue tu paso por Georgetown?
Una pasada. Te sientas en una clase de finanzas, abres el libro de texto que todo el mundo utiliza y ves que quien lo ha escrito es el profesor que tienes delante. Aprendes que tu profe
de Seguridad Internacional es un experto que asesora al congreso de Estados Unidos sobre la estrategia nuclear estadounidense. Sales de clase y está el expresidente d e Argentina dando una charla en el auditorio.
¡Si te apuntas le puedes hacer una pregunta! Muchos estudiantes no aprovechaban ese acceso; otros iban a absolutamente todo y cuando les preguntaban «¿Qué quieres ser?», no sabían describir sus intereses. Hay mucha presión de averiguarlo todo con rapidez y algunos se saltan el paso de saber qué les interesa realmente.
¿Qué ambiente se respira en esa universidad?
Se respiran los bagels de la cafetería de la esquina, las velas de la misa de las seis de la tarde, el agua del río Potomac y la madera de los pianos húmedos en los sótanos de los edificios
¿Qué fue lo que más te gustó?
Mi clase de «Pulp Fiction» en la que estudiábamos los arquetipos humanos a través de la literatura y el cine del siglo XX. M i profesor, brillante y callado, hacía que cada conversación sobre literatura y filosofía fuera transformadora.
«Sé tú misma y no tengas miedo de hacer cosas raras»
¿Cuál es el mejor consejo que te han dado?
Recientemente, Alaska me dijo: «Sé tú misma y no tengas miedo de hacer cosas raras, que lo raro siempre llama la atención». El coach Jerry Colonna me dijo algo que siempre recuerdo: «Que te preguntes cómo la psicología de un fundador influye en el éxito de su startup demuestra que estás mirando más allá de los números. Nadie invierte más de una
vez en alguien insoportable.»
Desde pequeña estás acostumbrada a moverte entre adultos. ¿ A qué se debe?
Soy hija única y he tenido trato con adultos en todos los ámbitos, menos
en el colegio. Mis padres siempre me empujaban a salir de mi zona de confort. Recuerdo que si íbamos a la embajada francesa y quería un vaso de agua, aunque a los seis años no
hablara francés, tenía que acercarme yo al embajador y decir: «Monsieur l’ambassadeur, est-ce que je peux vous demander un verre d’eau?» [Señor embajador, ¿le puedo pedir
un vaso de agua?]. Ahí aprendí no solo a moverme, sino también comprendí el protocolo.

Hace unos años hablaste en las cumbres anuales sobre el cambio climático, COP25 y en la COP28. ¿Cómo surgió la oportunidad y cómo lidiaste con la experiencia?
Acabé participando en la COP25 porque gané un concurso de discursos a los 17 años. En aquel entonces, tras un terremoto en Chile, la COP se trasladó a Madrid en menos de
dos semanas,. El concurso lo organizaba una fundación ecológica con colegios internacionales; estudiantes de presentaban discursos para tener la oportunidad de hablar frente a la ONU. Gané el concurso y di el primer discurso, pero me quedé con mal sabor de boca: nos pusieron batas blancas, nos llamaban «científicos» y tuvimos que leer un discurso rígido, sin poder proponer soluciones rentables al cambio climático. Esa experiencia me hizo replantear mi enfoque académico: me cambié de Relaciones Internacionales a Empre-
sariales en Georgetown. Tres años después, me invitaron nuevamente a la COP28, y y a pude participar con mucho más criterio y enfoque propio.
¿Cómo se compensan tu lado artístico y tu lado más analítico?
La música me dio sensibilidad y capacidad de leer matices humanos mientras mi lado analítico aporta claridad y estrategia. Como decía Einstein, la imaginación es tan importante como el conocimiento, y para innovar eso es clave.
*Estilismo: Martina Tacchini, Maquillaje: Víctor Maresco para Mac y GHD.
