En una conversación con coleccionistas, una persona que iba a viajar en los próximos días a París pide recomendaciones culturales. Los conversadores se lanzan a ofrecer las mejores opciones: Olga de Amaral en la Fundación Cartier, Arte Povera en la Colección Pinault, Pop Forever en Louis Vuitton… Y solamente después de agotar estos temas, alguien pronuncia el Museo del Louvre, pero nadie el Pompidou.
¿Qué han hecho las grandes marcas del lujo para desplazar a los que fueron cánones del arte occidental?
Esta historia comienza a finales de los 80 y principios de los 90, cuando los directores de algunas de las marcas mejor posicionadas del mundo ven crecer exponencialmente sus colecciones de arte contemporáneo. Tras aumentar su interés por las adquisiciones, comienzan a apoyar a los artistas en el desarrollo de sus carreras y pronto se dedican a organizar exposiciones. En los cuatro casos que menciona este artículo, aquellas inversiones terminan convirtiéndose en megaedificios que albergan propuestas culturales a la altura de los grandes museos.
Fondazione Prada: Innovación crítica
Miuccia Prada, heredera de la firma familiar y estudiante de ciencias políticas con una marcada ideología comunista, transformó su interés por el arte en una institución que hoy es referente del pensamiento crítico. La Fondazione Prada, inaugurada en 1993, no se limita a exponer arte contemporáneo. Su programación busca desafiar convenciones y fomentar nuevas lecturas sobre la cultura y la sociedad. Su fundación nace al amparo de uno de los mayores teóricos del arte contemporáneo: Germano Celant. La primera exposición que organizan: una individual del escultor indio-británico experto en arte conceptual Anish Kapoor, comisariada por el propio artista.
Tras un minucioso proceso de restauración, en 2011 inauguró su primer espacio expositivo en Venecia. Este palacio del siglo XVIII ha albergado grandes hitos del arte contemporáneo como el remake en 2013 de la emblemática exposición comisariada por Harald Szeemann en 1969 en la Kunsthalle de Berna. Sin embargo, el proyecto más ambicioso de Prada hasta la fecha es su sede permanente en Milán, proyectada por el estudio OMA liderado por el arquitecto neerlandés Rem Koolhaas.

Fondazine Prada. Fotografía de
Bas Princen.
Para la inauguración de este espacio en 2015 se recurrió a Serial Classic, una exposición que analizaba la reproducción y la copia en la escultura griega y romana con una innovadora visión anacrónica. Desde 2016 cuenta además con una segunda sede en Milán: Osservatorio. Ubicado en la Galleria Vittorio Emanuele II junto al Duomo. Su programa se dedica a la exploración de conexiones entre la tecnología y otras expresiones culturales.
Las iniciativas de la Fondazione Prada trascienden el mero ejercicio comercial. En los últimos años, ha cobrado más protagonismo en la vida de la empresaria que la propia marca, y su círculo de colaboradores habituales le permite influir en las tendencias culturales desde dentro.
La relación de Prada con el arte la ha consolidado como una de las figuras más representativas de la contemporaneidad en todas sus expresiones. Un ejemplo de esta fusión entre arte y vida es la instalación, en 2011, de uno de los icónicos toboganes de Carsten Höller en sus oficinas de Milán, permitiendo descender desde el tercer piso hasta la planta baja sin necesidad de utilizar las escaleras.
Pinault Collection: coleccionista global
En 1998, François Pinault, fundador del grupo de lujo Kering, pasó de ser un destacado cliente de la casa de subastas Christie’s a convertirse en su propietario. Con más de 10.000 obras, su colección se ha consolidado como una de las más influyentes del mundo, alcanzando ya en 2018 una valoración de 1,4 billones de dólares.
En 2021, inauguró en París la Bourse de Commerce, un edificio histórico del siglo XVII que fue completamente renovado para presentar su colección. Este espacio se suma a una red internacional que incluye el Palazzo Grassi y la Punta della Dogana en Venecia, abiertos en 2006 y 2009 respectivamente. Al igual que la sede parisina, ambos edificios fueron transformados por el arquitecto japonés Tadao Ando, cuyas intervenciones en hormigón armado se han convertido en una firma distintiva. Bajo el amparo del empresario se han celebrado en Venecia las primeras retrospectivas en Italia de artistas como Marlene Dumas, Albert Oehlen o Julie Mehretu.
Desde 2012, ha desarrollado la fórmula Carte Blanche, un programa que invita a grandes figuras del arte contemporáneo a crear obras específicas para sus espacios. Para Pinault, el coleccionismo es una búsqueda inagotable: cree que la mejor obra de su colección aún está por llegar y el arte sigue siendo, en sus palabras, «la mejor medicina».
Fondation Cartier: Revolución estética
Inspirado por su amigo, el escultor César, Alain Dominique Perrin crea la Fondation Cartier entre 1981 y 1983. Desde sus orígenes, ha mostrado una habilidad excepcional para abordar temas contemporáneos a través de exposiciones que reflexionan sobre las problemáticas más urgentes de la sociedad.

Exposición Olga de Amaral en Fondation Cartier. Foto de Marc Domage, cortesía de la Fondation Cartier.
Subvencionada exclusivamente por la marca, la fundación ha confiado en el arquitecto Jean Nouvel para diseñar sus sedes. La primera, inaugurada en 1994 en el Boulevard Raspail de París, se caracteriza por su innovadora estructura de vidrio y acero, que se integra perfectamente con el entorno. Antes de que acabe 2025, planean trasladarse a su nueva sede en la Place du Palais- Royal, frente al Louvre, en el que fue el primer hotel de lujo de la ciudad. Esto supondrá una inversión que refuerza su compromiso con la historia, la accesibilidad y la experimentación.
Además, desde sus estatutos, la fundación ha defendido el derecho a revender sus obras de arte, asegurando que las ganancias se destinen a nuevas adquisiciones, lo que ha permitido construir una colección dinámica.
Fondation Louis Vuitton: Icono arquitectónico
En 2001, Bernard Arnault conoce al arquitecto Frank Gehry tras su visita al Museo Guggenheim de Bilbao, lo que da origen a la colaboración para el proyecto de la Fondation Louis Vuitton. A pesar de su histórico protagonismo en el sector financiero, se establece legalmente en 2006 y abre sus puertas en 2014. El nacimiento de la institución responde a la necesidad del conglomerado LVMH de posicionarse a la altura de sus competidores.
Desde su inauguración, ha acogido exposiciones de artistas de renombre como Jean-Michel Basquiat, Cindy Sherman, Mark Rothko y Claude Monet. Si bien ha evitado, hasta el momento, asumir riesgos significativos, su presencia sigue fortaleciéndose en esta carrera por liderar el panorama del arte contemporáneo.

Fondation Louis Vuitton. © Gehry Partners LLP and Frank O. Gehry © Iwan Baan 2014.
Arte y mercado
Las cuatro instituciones han confiado el diseño de sus imponentes edificios a arquitectos masculinos galardonados con el Premio Pritzker, mientras sus fundadores se comprometen personalmente en la producción artística. El apoyo de las marcas de lujo al arte contemporáneo no es únicamente un acto de altruismo, también forma parte de una estrategia cuidadosamente planificada de posicionamiento.
Beneficiadas por los incentivos fiscales de las leyes de mecenazgo, especialmente en Francia, estas instituciones operan en un contexto donde el consumo se transforma en experiencias. Han conseguido reconfigurar la relación entre arte y mercado, consolidándose como actores clave en la unión entre prestigio cultural y poder económico.