En todas las adaptaciones audiovisuales que se han hecho de la novela Carrie, de Stephen King, su madre deja claro que «el pecado es eterno». Entonces, si más de cincuenta años después se ha estrenado otra versión de la pobre chica pecosa, atormentada y con poderes letales, será porque el terror también lo es. La historia de Carrie vuelve a demostrar que el miedo puede convertirse en un negocio capaz de atravesar generaciones. La novela con la que Stephen King debutó en 1974 regresa ahora a la pantalla con una nueva adaptación de ocho episodios, dirigida por Mike Flanagan y disponible en Amazon Prime Video.
Con Summer H. Howell como protagonista y Samantha Sloyan en el papel de Margaret White, la serie recupera uno de los relatos más reconocibles del género, pero lo hace con una mirada renovada. El objetivo no es repetir la historia que el público ya conoce, sino ampliar su universo y acercarlo a los miedos de una nueva generación.
Muchas Carries, la misma sangre
Quién diría que lo que perturbaba a los adolescentes de los años 70 seguiría presente entre los tan virtuales del siglo XXI. Y es que el maestro del terror convirtió la historia de una chica acosada en un legado, por el momento, eterno. La primera adaptación cinematográfica llegó en 1976, de la mano de Brian De Palma, con Sissy Spacek en el papel de Carrie y Piper Laurie como su madre, Margaret White. La película se convirtió en un clásico del terror y en un éxito comercial: recaudó cerca de 33,9 millones de dólares en todo el mundo, con un presupuesto de apenas 1,8 millones. Décadas después, el relato volvió a los cines en 2013 con un remake dirigido por Kimberly Peirce y protagonizado por Chloë Grace Moretz y Julianne Moore. Esta nueva versión actualizó la historia para una nueva audiencia y volvió a poner el acoso escolar en el centro de la trama. Su recaudación mundial rondó los 82,4 millones de dólares, según The Numbers.

Antes de la nueva serie también hubo una adaptación televisiva, estrenada en 2002 y dirigida por David Carson, con Angela Bettis y Patricia Clarkson en el reparto. Al tratarse de una producción para televisión, no cuenta con una recaudación cinematográfica comparable. La versión de Flanagan es, por tanto, la primera adaptación de Carrie concebida como una serie de televisión.
El poder de Carrie en el siglo XXI
El cambio de formato es una de las claves de esta nueva Carrie. Frente a las películas, que debían concentrar el conflicto en un metraje limitado, los ocho episodios permiten explorar las relaciones entre la protagonista, su madre, sus compañeros y sus profesores durante todo un semestre escolar. La serie arranca con la muerte del padre de Carrie y el descubrimiento de las condiciones de aislamiento en las que viven ella y Margaret. La incorporación de la joven al instituto público desencadena el enfrentamiento con sus compañeros, pero también abre la puerta a nuevas amistades y a una mirada más amplia sobre la adolescencia. Flanagan incorpora problemas actuales como el ciberacoso, las redes sociales y la ansiedad juvenil, sin abandonar el terror sobrenatural que define la obra.
También cambia la forma de presentar a sus personajes. En la novela de King, Carrie es una adolescente marginada, sometida al fanatismo religioso y al maltrato de su madre, cuya tragedia culmina con su muerte tras la masacre del baile de graduación. La serie, en cambio, presenta a una protagonista más curiosa y abierta al mundo, mientras dota a Margaret de contradicciones que permiten comprender mejor sus motivaciones, aunque no justifiquen su comportamiento. La diferencia más importante llega al final: la Carrie de Flanagan sobrevive, a diferencia de la del libro, y abandona Chamberlain junto a Emaline, otra joven con capacidades psíquicas. Además, la ficción amplía la idea de una posible comunidad de mujeres con poderes, una línea argumental que abre la puerta a nuevas historias.
Un experto en sustos, al mando
Detrás de esta reinterpretación está Mike Flanagan, uno de los cineastas que más ha trabajado con la literatura de Stephen King durante la última década. Antes de Carrie, adaptó El juego de Gerald, Doctor Sueño y La vida de Chuck, tres proyectos en los que demostró su interés por trasladar a la pantalla el universo del escritor sin limitarse a reproducir sus páginas. En Doctor Sueño, por ejemplo, tuvo que conciliar la novela de King con el imaginario visual de la película El resplandor, de Stanley Kubrick. Con Carrie vuelve a aplicar esa fórmula: conservar la esencia del material original y, al mismo tiempo, introducir cambios que permitan desarrollar personajes, conflictos y posibilidades narrativas que el libro no exploraba. El propio Flanagan ha explicado que los cambios formaban parte de su propuesta desde el principio y que habló de ellos con King, que respaldó su planteamiento.
Cincuenta años de negocio y fenómeno
La trayectoria de Carrie demuestra que una historia de terror puede ir mucho más allá del papel y la pantalla hasta convertirse en un fenómeno cultural que se reinventa con cada generación. Porque el negocio del miedo no consiste solo en volver a asustar al público, sino en conseguir que una historia escrita hace más de medio siglo siga dando que hablar y atrayendo espectadores. Al final, parece que Stephen King tenía razón en algo: hay miedos que no se pasan con la edad, ni siquiera con el paso de las décadas. Y si encima llevan el sello de Carrie White, que se prepare la siguiente generación.

