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Isabel Allende, Premio Planeta 2026 a los 84 años: del exilio al éxito de los 80 millones de libros

A los 84 años, la escritora chilena Isabel Allende suma un nuevo reconocimiento a su trayectoria: el Premio Planeta 2026, que ha conquistado con La hora antes del alba, una novela que recupera el universo de La casa de los espíritus.

La escritora Isabel Allende gana la 75.ª edición del Premio Planeta por «La hora antes del alba» el 15 de octubre de 2026 en Barcelona, ​​Cataluña, España.

Más de 80 millones de libros vendidos. Puede que no sea la manera más convencional de arrancar un artículo sobre alguien, pero, desde luego, es la que mejor define su trayectoria. Que es lo que celebramos hoy: su trabajo en la literatura universal, reconocido el pasado 15 de octubre con el Premio Planeta 2026, por La hora antes del alba, una continuación de su bestseller La casa de los espíritus.

Pero detrás de esos más de 80 millones de libros vendidos y de una carrera que ha traspasado fronteras e idiomas se encuentra una mujer que ha convertido su propia historia en literatura. Ha llevado su vida a la hoja en blanco y, desde ahí, le ha dado la forma que llevamos años –y libros– celebrando. El exilio, la pérdida, el amor y la libertad han sido algunos de los grandes temas de una vida en la que escribir también ha significado aprender a empezar de nuevo.

Y es que la literatura de Isabel Allende tiene algo de autobiografía emocional. En sus novelas aparecen el desarraigo, los vínculos familiares, los amores que sobreviven al tiempo y las mujeres que se niegan a aceptar el destino que otros han escrito para ellas. No son temas que haya elegido al azar: muchos forman parte de su propia historia. El exilio, la pérdida y la necesidad de empezar de nuevo han acompañado a la escritora chilena –porque ella es chilena de corazón, aunque no de cuna– tanto dentro como fuera de las páginas. Quizá ahí resida una de las claves de su conexión con millones de lectores: en esa capacidad para transformar experiencias profundamente personales en historias que terminan perteneciendo a todos.

El 15 de octubre, en Barcelona, la autora protagonizó uno de los grandes momentos de la temporada literaria al recibir el 75.º Premio Planeta de Novela, dotado con un millón de euros. Lo hizo con La hora antes del alba, una obra que supone un regreso a uno de los territorios más emblemáticos de su bibliografía: el de La casa de los espíritus, la novela que publicó en 1982 y que cambió para siempre el rumbo de su carrera.

En esta nueva historia, Allende vuelve a encontrarse con Alba Trueba, nieta de Clara, para continuar explorando el destino de una familia marcada por la historia política y social de Chile. La protagonista regresa a un hogar atravesado por la violencia de la dictadura después de haber sufrido prisión y torturas. La memoria, la resistencia y la posibilidad de reconstruirse vuelven así a ocupar un lugar central en una narración que conecta con algunos de los asuntos que han acompañado a la escritora durante décadas.

No es casualidad que haya elegido regresar precisamente a ese universo. La casa de los espíritus nació de una carta que Isabel Allende comenzó a escribir a su abuelo en 1981, cuando este se encontraba gravemente enfermo. Aquellas páginas, concebidas inicialmente como una forma de conservar los recuerdos familiares, fueron creciendo hasta convertirse en una novela que acabaría traducida a decenas de idiomas. Y ahora esos recuerdos tan personales los conservamos nosotros, sus lectores. Lo que comenzó como un gesto íntimo terminó abriendo las puertas de una carrera internacional.

Del exilio a una nueva vida

Nacida en Lima en 1942, Isabel Allende creció vinculada a Chile, el país de su familia y el escenario emocional de buena parte de su obra. Su vida cambió radicalmente tras el golpe militar de 1973. El clima político y la amenaza que se cernía sobre su entorno la llevaron a abandonar el país y establecerse en Venezuela. El exilio supuso una ruptura personal y profesional, pero también el comienzo de una nueva etapa en la que la escritura se convertiría en una herramienta para reconstruir su identidad.

Esa experiencia explica, en parte, la presencia constante de la memoria en sus novelas. Para Allende, recordar nunca ha sido un ejercicio de nostalgia, sino una manera de comprender quiénes somos y de dónde venimos. Hay quien fotografía para no olvidar, pero Allende vuelve a sus recuerdos a través de las palabras. Sus personajes suelen vivir entre dos mundos: el que han perdido y el que todavía están intentando construir. Una dualidad que ella misma ha conocido y que ha sabido transformar en uno de los rasgos más reconocibles de su literatura.

Pero si el exilio marcó su vida, la pérdida de su hija Paula dejó una de las huellas más profundas. En 1992, Paula murió a los 29 años después de una larga enfermedad. Durante aquel proceso, Allende comenzó a escribirle una carta que terminaría convirtiéndose en Paula, publicado en 1994, para muchos la mejor obra de su larga carrera. El libro es uno de los testimonios más personales de su trayectoria: una narración sobre el amor, la memoria y el duelo en la que la escritora se enfrenta a la experiencia más dolorosa de su vida sin renunciar a la belleza de las palabras.

Aquel episodio también daría un nuevo sentido a su compromiso social. En 1996 creó la Fundación Isabel Allende, dedicada a apoyar a mujeres y niñas en situación de vulnerabilidad, en memoria de su hija. La iniciativa prolongaba fuera de los libros una preocupación que ya estaba presente en buena parte de su obra: la defensa de la autonomía femenina, la educación y las oportunidades para quienes encuentran más obstáculos a la hora de decidir su propio futuro.

Una carrera de 80 millones de lectores

Las cifras ayudan a entender la dimensión de su trayectoria. Isabel Allende ha vendido más de 80 millones de ejemplares en todo el mundo y sus libros se han traducido a más de 40 idiomas. Una proyección internacional que la sitúa entre las autoras en español más leídas y que demuestra cómo una historia nacida de los recuerdos de una familia chilena puede encontrar lectores en culturas muy distintas.

Pero no todo es Paula ni La casa de los espíritus. Su universo literario ha ido mucho más allá de la novela que la dio a conocer. A lo largo de más de cuatro décadas ha publicado ficción, memorias, ensayos y relatos en los que ha explorado cuestiones como la identidad, el deseo, la maternidad, la vejez o la independencia. También ha visto cómo algunas de sus historias daban el salto a la pantalla, ampliando todavía más el alcance de una obra que ha acompañado a distintas generaciones de lectores.

Sin embargo, su éxito no se explica únicamente por los números. Una de las claves de su conexión con el público está en su capacidad para escribir sobre emociones universales sin desprenderse de la mirada particular de sus protagonistas. Sus mujeres no son personajes secundarios de una historia mayor: son el centro de sus propias vidas. Aman, se equivocan, se rebelan, toman decisiones y se enfrentan a las convenciones sociales. En ellas hay una reivindicación constante de la libertad, pero también una celebración de la complejidad femenina.

Esa actitud tiene mucho que ver con la propia escritora. Allende ha hablado abiertamente sobre el amor, el deseo y la importancia de conservar la independencia a cualquier edad. No parece interesada en representar la figura solemne de la autora consagrada. Su personalidad mantiene un sentido del humor y una curiosidad que contrastan con la dimensión de una carrera que ha acumulado reconocimientos internacionales y millones de lectores.

De hecho, el Premio Planeta ha supuesto también una pequeña aventura personal. La escritora había reconocido que nunca se había presentado a un concurso literario y que prefería evitar la posibilidad de quedar en los últimos puestos. Esta vez decidió probar suerte y terminó convirtiéndose en la protagonista de una de las ediciones más simbólicas del certamen, que celebraba sus 75 años de historia.

La libertad como última palabra

Al recoger el galardón, Allende volvió a conectar literatura y realidad. Su discurso estuvo marcado por la preocupación ante el avance del autoritarismo y las amenazas a las libertades democráticas. Una inquietud que no resulta ajena a quien vivió en primera persona las consecuencias de una dictadura y tuvo que reconstruir su vida lejos de su país. Como hemos dicho, escribe para no olvidar. Y a sus 84 años, sigue encontrando en la escritura una forma de intervenir en el presente. No escribe desde la distancia de quien cree haberlo visto todo, sino desde la curiosidad de quien todavía tiene preguntas. Quizá por eso regresar a Alba Trueba tiene algo de conversación pendiente con la mujer que fue y con los lectores que la han acompañado desde aquella primera novela.

Su trayectoria demuestra que el éxito internacional y la intimidad no tienen por qué ser territorios opuestos. Se pueden vender millones de libros y seguir escribiendo desde una herida personal; recibir uno de los premios más importantes de la literatura española y continuar buscando nuevas historias; cumplir años sin aceptar que la edad determine lo que todavía queda por hacer.

En el caso de Isabel Allende, la literatura ha sido una forma de conservar lo perdido, de dar voz a quienes no siempre la han tenido y de imaginar futuros distintos. Del exilio a los 80 millones de ejemplares, su historia es también la de una mujer que aprendió a convertir los cambios, incluso los más dolorosos, en nuevos comienzos. Y que todavía tiene mucho que contar.

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