El estilo empieza allí donde termina el esfuerzo por demostrarlo. La nueva campaña de la firma italiana para otoño/invierno 2026-27 juega precisamente con esa idea: personalidad sin exceso, juventud sin estridencias y una elegancia que parece surgir de manera natural. Y para encarnarla ha elegido a Manu Ríos, que se incorpora como nuevo embajador global de las colecciones de gafas, relojes y joyería de Emporio Armani.
No es una elección casual. El actor español pertenece a una generación que se mueve con naturalidad entre el cine, la televisión, la moda y las redes, y cuyo alcance ya no entiende demasiado de fronteras. Ríos saltó a la fama internacional gracias a Élite, uno de los grandes fenómenos globales de Netflix, y desde entonces ha ido ampliando su trayectoria interpretativa con proyectos que lo han llevado mucho más allá de la serie que lo convirtió en un rostro reconocible para millones de espectadores.
Ahora, su nombre entra en una casa cuyo lenguaje conoce bien cómo hacer de la personalidad una cuestión de estilo. Y Armani, cuando encuentra una nueva manera de contar quién quiere ser, suele hacerlo con bastante buen gusto.
Manu Ríos, entre el escenario y el objetivo
La campaña supone la llegada de Ríos al universo de Emporio Armani como embajador de sus tres categorías de accesorios: gafas, relojes y joyería.



Su trayectoria ayuda a entender la elección. Después de Élite, el actor ha seguido construyendo una carrera internacional que incluye Strange Way of Life, dirigida por Pedro Almodóvar y protagonizada junto a Pedro Pascal y Ethan Hawke, y Day Drinker, dirigida por Marc Webb y compartiendo reparto con Penélope Cruz y Johnny Depp.
Es decir: el chico que se hizo conocido ante una audiencia global a través de una serie juvenil ya ha empezado a escribir el siguiente capítulo de su carrera. Y Emporio Armani parece haber querido capturar precisamente ese momento. No tanto la celebridad como lo que viene después de ella.
La campaña presenta a Ríos desde un lugar de seguridad y naturalidad, alineado con una idea de elegancia que no necesita demasiados artificios. Una actitud que, en realidad, encaja especialmente bien con la filosofía de Emporio Armani.
Una campaña con textura de película
Para contar esta nueva etapa, Emporio Armani ha recurrido al fotógrafo británico Alasdair McLellan, que ha fotografiado la campaña en película. Porque el detalle importa.
En un momento en el que prácticamente todo puede hacerse, retocarse y consumirse a una velocidad vertiginosa, la fotografía analógica aporta una textura diferente: más táctil, más cálida, con esa pequeña imperfección que hace que una imagen parezca menos construida y más vivida. Y eso es exactamente lo que busca la campaña.
El escenario es Funkhaus, un espacio de arquitectura monumental que combina elementos históricos con un diseño funcional y contemporáneo. Sus interiores y exteriores sirven para construir una atmósfera en la que los tonos cálidos de los materiales contrastan con la estructura del edificio.
La inspiración de la colección parte, además, de un universo muy concreto: la disciplina y la serenidad de las universidades y los conservatorios. Nada de esto parece especialmente ruidoso. Y esa es precisamente la gracia.
Dos hombres, dos maneras de entender la elegancia
Manu Ríos no está solo. Junto a él aparece Nicolò Martinenghi, campeón olímpico italiano de natación y nuevo embajador de Emporio Armani Sea Explorer.
Los dos representan caminos bastante diferentes. Ríos llega desde el cine y la televisión, con ese carisma espontáneo que se ha convertido en una de sus señas de identidad. Martinenghi, desde el deporte de élite, representa algo más silencioso: años de entrenamiento, precisión y disciplina.
La campaña los reúne bajo una misma idea. Autenticidad. La propia firma resume el contraste entre ambos como una combinación de carisma natural y disciplina discreta. Dos maneras de tener presencia sin necesidad de exagerarla. Y quizá ahí esté una de las claves más interesantes de la campaña: Emporio Armani no parece buscar un único tipo de hombre. Busca una actitud.
Del 100 metros braza al reloj de titanio

En el caso de Martinenghi, la conexión con la colección es especialmente literal. El nadador encarna el espíritu de Emporio Armani Sea Explorer, la línea de relojes deportivos que esta temporada presenta una nueva versión fabricada en titanio puro de grado 2.
El material no está elegido solamente por estética. El titanio permite combinar ligereza, resistencia y comodidad, tres características especialmente relevantes para un reloj pensado para condiciones exigentes. Y Martinenghi sabe bastante de exigencia.
El italiano comenzó destacando en las categorías juveniles europeas y terminó convirtiéndose en una de las grandes figuras de la braza. En Tokio 2020 consiguió el bronce olímpico en los 100 metros braza y en el relevo 4×100 estilos. En 2022 se proclamó campeón del mundo en Budapest y, dos años después, campeón olímpico en París en los 100 metros braza.
Su distancia, por cierto, se ha convertido prácticamente en su firma. No es difícil entender por qué Armani ha encontrado ahí una conexión tan natural con un reloj diseñado para acompañar el movimiento.
Gafas, joyas y ese pequeño detalle que cambia todo
La campaña también pone el foco en las otras dos categorías que ahora cuentan con Manu Ríos como embajador: eyewear y jewellery. Son accesorios, sí. Pero en el universo Armani nunca son simplemente eso.
Una gafa puede cambiar la expresión completa de un rostro. Un reloj puede convertir una manga sencilla en algo mucho más interesante. Una joya puede ser ese pequeño detalle que parece accidental y, sin embargo, termina construyendo todo el look.
La nueva campaña trabaja precisamente con esa idea de equilibrio entre estructura e individualidad. Las prendas, los accesorios, la arquitectura y los protagonistas no compiten entre sí. Se acompañan. Y el resultado es una estética joven que no necesita caer en lo obvio para resultar contemporánea.
El nuevo capítulo de un apellido que lleva décadas definiendo el estilo italiano
Para entender por qué una campaña como esta funciona dentro de Emporio Armani hay que mirar un poco más atrás.
La historia de Armani está construida sobre una idea que parece sencilla y que, sin embargo, ha resultado extraordinariamente poderosa: hacer que la ropa y quien la lleva parezcan estar hechos el uno para el otro.

Desde sus comienzos, Giorgio Armani transformó la manera de entender la sastrería y la elegancia masculina, relajando estructuras, jugando con proporciones y convirtiendo la sobriedad en una declaración de estilo.



Emporio Armani nació en 1975 como una expresión más joven y dinámica de ese universo. Y durante décadas ha sabido hablar a generaciones diferentes sin perder su identidad. Por eso la elección de Manu Ríos resulta especialmente interesante. No se trata solamente de incorporar a un actor popular a una campaña. Se trata de poner el rostro de una nueva generación delante de una marca que lleva décadas perfeccionando una determinada idea de estilo.
Armani vuelve a hacer lo que mejor sabe: no gritar
Hay campañas que quieren llamar la atención. Esta parece querer quedarse en la memoria. Una diferencia pequeña, pero importante.
La película de McLellan, la arquitectura de Funkhaus, los tonos cálidos, la presencia de Ríos y Martinenghi y el protagonismo de los accesorios construyen una imagen que no depende de un exceso de elementos.
Todo está bastante medido. Como una buena sastrería. Como una brazada bien ejecutada. Como una fotografía analógica que no necesita ser perfecta para resultar bella. Y quizá esa sea la mejor noticia para Emporio Armani en esta nueva temporada: Manu Ríos llega con el momento justo, y Armani sabe perfectamente cómo vestirlo.
La campaña otoño/invierno 2026-27 presenta así una nueva generación de embajadores y, con ellos, una manera de mirar hacia delante sin renunciar a aquello que ha hecho reconocible a la firma durante décadas.
Porque hay algo que sigue funcionando, temporada tras temporada: la juventud cambia. El estilo, cuando está bien construido, no.

